Huawei como cabeza de turco de la guerra económica entre EEUU y China

trump vs huawei

Tenía para hoy preparado un artículo sobre el reconocimiento facial, pero sinceramente, después de lo que hemos vivido este fin de semana he visto prudente publicar hoy esta pieza.

Por si no sabes de qué hablo, el jueves pasado el señor Trump hacía un comunicado declarando «emergencia nacional« (ES), e incluyendo en la lista negra del departamento de comercio del país a Huawei.

Estar en esta lista supone, de facto, que cualquier empresa estadounidense debe pedir permiso al gobierno para realizar tratos con Huawei, y como cabría esperar, las noticias a lo largo del fin de semana no se han hecho esperar.

Para empezar, con el anuncio por parte de Google de que niega el acceso a Android y la suite de apps (EN) de la compañía al gigante chino. Al día siguiente, Intel, Qualcomm, Broadcom, e incluso la alemana Infineon también avisaban que dejarán de suministrar chips a la firma (ES).

De hecho leía por ahí de casualidad que la actual CFO Meng Wanzhou fue detenida (EN) ayer mismo en su casa en Toronto.

Todo esto por lo que según Trump es uno de los mayores ataques de espionaje a su país. Que al parecer Huawei ha estado sirviendo de Caballo de Troya al gobierno chino durante los últimos años.

El único problema en todo esto es que por ahora al populacho (es decir, a nosotros) no nos ha llegado ni una sola prueba. Que si tan claro es este espionaje (y ojo, no puedo decir ni que si ni que no ya que, de nuevo, no tengo prueba alguna), digo yo que no costaba mucho demostrar fehaciente y públicamente el espionaje de Huawei.

Porque de no ser así, y sin intentar caer en teorías de la conspiración, el tema a algunos nos huele mucho a lo mismo que pasó en su día con Kaspersky, una empresa en este caso Rusa (otro país que le hace sombra a EEUU), que al parecer también «espiaba masivamente a los ciudadanos estadounidenses», y que un par de años después de un bloqueo unilateral por parte de EEUU todavía no hay pruebas a las que acogerse.

  • Que por un lado puede ser que en efecto Huawei, como gran multinacional China, esté sirviendo herramientas de espionaje al gobierno de su país.
  • Y por otro lado, puede que el bueno de Trump, en uno de sus conocidos alardes de sinceridad, haya preferido atacar a la que a todas luces se volverá la próxima potencia mundial donde más duele, que es desacreditando una de sus principales empresas fuera de sus fronteras.

Lo comenté ya hace un par de meses en La Razón, y la semana pasada volvía a hablarlo en mi Taller sobre Presencia Digital Sana impartido en Zaragoza para profesores de primaria y secundaria (tranquilos, que habrá artículo al respecto).

Lo único que algunos pedimos es que en efecto, si tan claro es ese espionaje, que saquen a la luz las pruebas. Porque mientras tanto EEUU tiene de sobra un dilatado número de casos de abuso de privacidad que sí han sido demostrados, y una sangre fría suficiente como para hacer cabeza de turco a cualquiera, sea o no culpable.

Como EEUU es quien es, a Europa, a Canadá y en definitiva al resto de países aliados no les queda otra que hacer de tripas corazón y seguir su camino, posicionándose de parte del (y espero equivocarme) caballo perdedor.

Pero hablemos de tecnología

Por lo pronto, y dejando de lado la política, lo cierto es que estamos ante una situación relativamente nueva en el mundo tecnológico.

Una de las principales potencias en movilidad está siendo asediada comercialmente hablando. Y antes de nada quiero dejar clara una cosa: Los terminales actualmente en el mercado sí o sí seguirán recibiendo actualizaciones de seguridad y asistencia técnica (EN). Lo que no sabemos aún es qué pasará con los próximos lanzamientos.

El no poder contar con Android y GApps para futuros terminales de la compañía abre varios escenarios posibles:

  • El esperable: Que es que acaben llegando a algún tipo de acuerdo y todo se quede en una sacada de polla más de @POTUS.
  • El menos esperable: Que Google no quiera mover ficha, pero sí lo haga algún otro que ya cuenta con un ecosistema de aplicaciones móviles capaces de competir en el mercado. Se me viene a la mente Microsoft o Amazon, pero es que ambas son empresas americanas, y por ende, sujetas al mismo escenario (lo que puede llevarnos nuevamente al primer punto). Y fuera estaría Samsung, que aunque es competencia directa, podría incluso ver negocio en esto de licenciar su ecosistema al igual que ya hace con el hardware (recordemos que Samsung gana más por cada iPhone vendido que por cada Galaxy).
  • El que me sorprendería: Y es que a Huawei no le quede otra que partir de AOSP (la versión de Android libre del yugo de Google, y por ende, software libre), y busque estrategias para facilitarle la vida al usuario y que éste instale GApps él mismo. En teoría esto no interfiere con el mandato de Trump, y tampoco es la primera vez que un fabricante recurre a ello para no pasar por las garras de Google. Eso o que se decida a hacer un fork de Android. Un nuevo Tizen OS como el que tiene Samsung, un nuevo Fire OS como el de Amazon. Por soñar que no quede :).

Y mientras vemos lo que ocurre, a mi realmente lo que más me preocupa es qué pasará con las redes 5G, habida cuenta de que Huawei es a día de hoy el principal proveedor de infraestructura del mundo.

Que la mayoría de usuarios lo conocemos por sus smartphones, pero si hay una pata de negocio crítica en la compañía, ésta son las redes.

Y si esas redes tienen la negra para entrar en el mercado occidental, espérate tú a ver si con la decisión de Trump por entorpecer la ascensión de China como potencia mundial no va a conseguir precisamente que Asia nos adelante todavía antes en la próxima batalla, que son las redes de alta velocidad sin apenas latencia.

Justo el cuello de botella que tenemos hoy en día para lo que a todas luces es la próxima revolución tecnológica: los servicios de asistencia inteligentes.

Descontando, por supuesto, que a bote pronto el negocio mundial de tecnología se empequeñece. De hecho ya se habla de que las compañías estadounidenses perderán con la decisión de Trump 11.000 millones de dólares anuales (EN).

En resumidas cuentas. Que se mire por donde se mire es malo para todos. Para EEUU, por supuesto, pero en la práctica también para el resto, China incluida.

Probablemente de aquí a unas décadas se estudie esta época como la caída en desgracia de Estados Unidos. Una potencia que como ha ocurrido históricamente una y otra vez, tras llegar al trono por una serie de políticos y políticas brillantes, y mantenerlo en base a saber hacer a nivel de apertura y acuerdos diplomáticos (lo no tan común en la historia), perdió su relevancia conforme nuevos líderes populistas llegaron al poder, imponiendo controles aduaneros y proteccionistas, con estrategias cortoplacistas y absurdamente contrarias a las necesidades reales del escenario geopolítico de aquel entonces.