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Negocios Seguros

Comenzaban en un artículo reciente del MIT Technology Review (ES) con un par de esas historias lacrimógenas que tan bien funcionan en la red:

Robyn Caplan conoce perfectamente la fragilidad de los recuerdos digitales. Tras la trágica pérdida de sus padres en los últimos años, Caplan atesora la herencia digital que conserva. Aprecia el iPad de su madre, el acceso a sus bandejas de entrada de correo electrónico y los hilos de mensajes con los dos. Asegura que le permite ver el mundo a través de los ojos de sus padres.

Cuando Caplan se mudó de Canadá a Nueva York, su madre le enviaba todas las mañanas un mensaje donde convertía las temperaturas del parte meteorológico de su nueva ciudad de Farenheit a Celsius, junto a sugerencias de cosas divertidas que encontraba en internet. “Jamás aprendí la escala Fahrenheit porque confié en sus mensajes durante mis primeros 10 años aquí”, explica Caplan.

Caplan, investigadora de Data & Society y profesora adjunta de la Universidad de Duke, guarda como oro en paño el hilo de conversaciones que mantuvo con su madre. Los mensajes pueden guardarse de muchas maneras, pero cada vez que cambia de teléfono le entra el pánico de que desaparezcan.

Para desgracia de Caplan (y de otros tantos millones de usuarios en todo el mundo), Google anunciaba (EN) recientemente que a partir de diciembre de este mismo año, eliminará las cuentas personales que no hayan estado activas durante más de dos años.

Eso sí, al final los vídeos subidos a Youtube no se eliminarán de estas cuentas. Claro es que estos últimos dan negocio (más vídeos ergo más posibilidad de mostrar publicidad). El resto de datos, no.

Dejando de lado el típico doble rasero de estas corporaciones (argumentaba recientemente la compañía que los vídeos no los iba a eliminar porque entre ellos habría “videoclips históricamente significativos”, y que lo hace para mejorar la seguridad, pero de las fotos, correos y documentos adjuntos de esas cuentas no dice nada, como si esto no fuera igual de “históricamente significativo” que lo otro, y que, casualidades de la vida, eso sí afecta a la seguridad…), estamos ante el n-ésimo ejemplo de un servicio de uso masivo que limita su alcance, llevándose por delante muchas historias como la de Caplan.

Exactamente igual que lo ocurría hace apenas unos días antes con Twitter (EN), que plantea también eliminar todas las supuestas cuentas inactivas para ahorrar costes.

EN JUEGO LA IDENTIDAD DIGITAL DE LOS FALLECIDOS

Hay escenarios y escenarios, y entre ellos, están casos como el de la madre de Caplan, ya fallecida, o ya puestos, el de aquellos que por el motivo que sean están años privados de acceso a la tecnología (como puede ser, por ejemplo, una persona encarcelada).

En el otro lado del cuadrilátero, una verdad incuestionable, y es que toda esa información colgada en unos servidores ocupa espacio, ergo, cuesta dinero. Un dinero que, obviamente, estas compañías no consiguen rentabilizar (o no están dispuestos a ello) con el resto de usuarios sí activos.

El tema no es para nada baladí, y es que más allá del esperable valor sentimental que puede tener para algunos el poder acceder a registros gráficos, audiovisuales o textuales de un fallecido, hay que meter también en la ecuación el factor cultural.

Y es que, con la eliminación de esos millones de gigabytes, muy probablemente se vaya también alguna que otra obra inédita de alguien que quizás, en el futuro, valoremos como crítico para comprender la sociedad del siglo XXI.

Que no es ninguna locura, vaya, y ha pasado toda la vida. Ahí tenemos mil y un casos de cartas inéditas e incluso obras reconocidas a póstumamente a referentes, cada uno en su sector, como fue Franz Kafka o Emily Dickson.

LA RESPONSABILIDAD DE LOS DATOS DEBERÍA ESTAR EN MANOS DE LOS USUARIOS (Y SUS DESCENDIENTES)

Ya sabes que para un servidor el legado digital es un tema que me preocupa, y mucho.

Cuando yo fallezca o quede incapacitado, en apenas un máximo de un año todo el contenido de esta página dejará de estar disponible. Seguirán quedando enlaces por ahí colgados en perfiles sociales y otras páginas, pero que enlazarán a algo que ya no existe. O mejor dicho, que lo mismo sigue existiendo, pero ya no es accesible, bien sea porque el dominio o el SSL ha caducado y no hay nadie con la potestad (e interés) en recuperarlo.

Quedará, no obstante, y afortunadamente, una versión muy limitada de mi voz en servicios como Internet Archive (ES), pero da miedo pensar que un proyecto de 11 años escribiendo pase a perderse en apenas unos meses tras la muerte o indisposición de su creador.

Los servicios digitales nacieron precisamente con el cometido de externalizar este tipo de cuestiones. De que cualquiera, sin conocimientos técnicos ni ganas, se dedique solo a crear, que ya se encarga la plataforma de turno en gestionar su distribución y accesibilidad.

El tema, obviamente, es que ese contrato que firmamos tiene letra pequeña. Una que todos aceptamos, y que dice algo así como que el contenido que nosotros creamos en la plataforma está disponible hasta que la plataforma quiera que lo esté.

Hasta que esto no entre en conflicto con su modelo de negocio.

Cosa que, por cierto, vamos a descubrir todos, y de malas maneras, en la próxima actualización de la app de contactos de Android, y es que entre estas nuevas medidas de la gran G por ahorrar costes (ejem, ejem), al parecer será obligatorio tener siempre sincronizados nuestros contactos con la cuenta de Google.

En el momento en que le demos a no sincronizar, Google eliminará de la memoria interna del terminal los contactos.

De nuevo, la defensa de este sin sentido viene dada por los problemas que hace años tuvimos al pasar de un escenario donde lo habitual era almacenar los contactos en la SIM o en el teléfono, a otro basado en la nube (cambiabas de terminal y te enterabas, de malas maneras, que algunos de los contactos los habías dejando en el anterior).

Algo que desde hace años no pasa, ya que por defecto se sincronizaba (si así lo querías, que tenías opción de quitarlo) con tu cuenta, pudiendo luego desactivarla y tener un backup siempre disponible.

Sin embargo, y de nuevo por el puro interés comercial de Google, esto se va a acabar, ya que Android se encargará de borrar los contactos almacenados en el terminal para que o uses solo la memoria interna (algo ya totalmente desfasado), o siempre tengas sincronizados los contactos con Google.

Ya no será posible hacer un híbrido. O lo uno, o lo otro, viniendo lo segundo por defecto implementado.

De nuevo, otro pasito más en pos del control de las grandes tecnológicas. Esas mismas que el día de mañana, borran de un plumazo toda la vida digital de tu familiar fallecido, y se quedan tan anchas.

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