reportaje 3.0

Regina de Miguel, de Educación 3.0, se puso en contacto conmigo hace unos días con el fin de saber mi opinión sobre la decisión de incluir la programación y la robótica como materia transversal en la LOMLOE española ya desde principios del curso pasado.

Por supuesto, accedí, y dejo por aquí, como tantas otras veces, mi opinión al respecto, con las preguntas y respuestas que me hizo.

A saber:

¿Cómo valora el hecho de que la LOMLOE trate la programación/robótica como una materia transversal?

Es, a todas luces, el camino a seguir.

Me explico.

La programación, la robótica y la inteligencia artificial no deberían ser entendidas como disciplinas aisladas. A fin de cuentas, son herramientas para facilitar la llegada a un fin, como pueden ser los idiomas y la lengua. Y es por ello que más allá de crear las típicas asignaturas de informática, donde se encapsula todas esas herramientas en un mismo espacio, lo suyo es hacer justo lo que a priori la nueva normativa espera que ocurra, que pasa por generar competencias digitales transversales, en disciplinas educativas distintas.

¿Por qué la programación/robótica debe ser tratada de esta manera? ¿Qué aporta al proceso de enseñanza-aprendizaje de los estudiantes?

Recalco que el fin en sí mismo no debería ser que el alumno salga sabiendo programar, sino entendiendo los principios básicos de la programación, la robótica y la inteligencia artificial. Así pues, al menos en el programa está definido ya desde educación infantil la irrupción de competencias claves en estos lenguajes digitales como es la resolución de problemas, la capacidad analítica, la creatividad y el pensamiento crítico, o la capacidad de aprender a aprender.

El objetivo de esto, por tanto, es que se dote a esas futuras generaciones de las herramientas adecuadas para comprender cómo funciona la tecnología que les rodea, y que pasen así de ser meros consumidores digitales, a productores.

El que lo hagan, por ejemplo, creando alguna función simple de suma con python o jugando a encender luces de forma condicional con una raspberry, es lo de menos.

Lo importante es que para llegar a ello, deberán comprender los principios teóricos de la suma, y de cómo la máquina entiende el sumatorio, y también interiorizar cómo funciona un sistema binario, como es el condicional.

¿De qué modo se pueden explorar sus posibilidades en otras asignaturas? Citar algunos ejemplos prácticos.

De tantas maneras…

En la anterior pregunta ya te dejé un par. Las Matemáticas y la asignatura de Tecnología y Digitalización son dos claras compañeras de viaje, pero yo apuntaría a otras a priori menos relacionadas y que tienen un potencial increíble para «transversalizar» (permíteme el coloquialismo) las disciplinas STEM, como puede ser la lengua o las asignaturas artísticas.

Por ejemplo:

Se me ocurre que a la hora de explicar la estructura de una frase, se apoye de sistemas digitales para visualizarlo, y se juegue con cómo trasladar a una máquina los sistemas lingüísticos (que no dejan de ser condicionales avanzados) que discriminan cada palabra de una frase según la función que esta tenga en ella.

En materias artísticas, históricamente nos hemos centrado en la pintura, el dibujo, y con suerte algo de modelado/escultura. Aquí el acercamiento digital es inmediato: Aprender también a utilizar una tablet para realizar los ejercicios, lo que supone comprender, por ejemplo, que frente a una pintura al natural donde somos nosotros quienes debemos, con el pincel y el color, ocupar toda una misma superficie, en digital tenemos herramientas internas que nos permiten cubrir directamente de un color cualquier superficie acotada. O a la hora de modelar, debemos comprender la representación de una figura en 3D dentro de una superficie 2D, como es la pantalla de cualquier tablet, y ser capaces además de trasladar los escorzos de la tridimensionalidad al sistema de mallas que la mayoría de herramientas de modelado digital utilizan.

¿Qué beneficios le proporciona a un alumno el hecho de que la programación/robótica se trate como una materia transversal? 

Estar mejor preparado para el mundo que le ha tocado vivir. Sin más.

Es absurdo que en pleno siglo XXI haya colegios que siguen prohibiendo el uso de dispositivos tecnológicos, amparándose en que «los chicos utilizan sus móviles para chatear y jugar«.

El problema no es ese, sino que tanto los niños como los profesores no tienen competencias digitales suficientes para entender y saber aprovechar el increíble potencial que tiene tener la mayor biblioteca del mundo, y todo el saber humano, a apenas un click de distancia.

Quizás, precisamente, si desde bien pequeños se les educa para comprender cómo funcionan esos gadgets, y hacer algo tan simple y crítico como una búsqueda efectiva en Internet, el día de mañana no usen los móviles solo para chatear y jugar, sino como una herramienta transversal en sus vidas.

¿Qué recomendaciones y aspectos deben tener en cuenta los docentes?

El principal escollo con el que nos encontramos es el típico de siempre: ¿Están los profesores preparados para trasladar los factores digitales de la LOMLOE a sus asignaturas?

Porque esto no va solo de gente joven, que haya salido de la carrera hace poco y tenga un poco más fresco el uso de la tecnología, o de profesores veteranos «de la vieja guardia», sino también de los incentivos que tienen los profesores, y las competencias propias de las que dispongan, para hacerlo.

Ha pasado siempre, y me temo que seguirá pasando.

Sin ir más lejos, recuerdo una profesora que tuve en DAI que le tocó, de un año a otro, pasar a impartir la asignatura de JAVA… lenguaje que ella, ingeniera de profesión, desconocía por completo. Obviamente, no acabamos dando JAVA y terminamos con C#, un lenguaje orientado a objetos que tampoco comprendía, pero como al menos ella controlaba de C++… pues bueno, algo le sonaba.

Y fíjate que hablamos de una profesora con mucha experiencia tanto en formación, como en disciplinas tecnológicas.

Ahora ponle a un profe de infantil, que ya de base tiene que saber «un poco de todo», y que a lo mejor su mayor acercamiento a esto de las tecnologías es el WhatsApp, el «ok Google, búscame esto» y Netflix, que debe meter en su asignatura para el próximo curso competencias digitales, a sabiendas de que para hacerlo bien tendría que forrmarse en tiempo récord sobre algo que nunca ha echado de menos, que debe además hacerlo en los meses de vacaciones y por su cuenta, y que para colmo, y hablemos claro, no es requisito estrictamente necesario para seguir cobrando a fin de mes, por eso de que tiene plaza y salario fijo, y trabaja para lo público.

Eso sin olvidar que lo mismo, al año siguiente, cambia el partido político y derogan esta ley en favor de otra que vete a saber qué requisitos tendrá…

Si ya de por sí el sistema educativo va varios años por detrás de las demandas reales de la sociedad y la industria (es imposible que vaya a la misma velocidad), más aún cuando mezclas en la ecuación todos estos puntos…

¿Qué metodología es la más adecuada en este caso?

No sabría decirte si existe una metodología perfecta. Es probable, de hecho, que no haya una buena respuesta a esta pregunta.

El trabajo de profesor requiere de una dedicación y compromiso increíble. A fin de cuentas, estás formando a las mentes del mañana.

Pero hay una serie de perversiones que destruyen al sistema y juegan en contra del profesor, y de los alumnos. Que si la política, que si el escaso control público en el cumplimiento de los planes de estudio, que si las prácticamente nulas herramientas que se le dan desde el centro a los profesores para que puedan llevar a cabo su formación y la de sus alumnos…

En un mundo perfecto, en efecto, estaríamos ante leyes educativas que no dependiesen del gobierno de turno, con herramientas de estudio que tampoco dependiesen de acuerdos y contratos públicos multimillonarios, con profesores que recibieran constantemente formación no solo de otros profesores, sino también de expertos en cada disciplina, con colegios e institutos con recursos suficientes como para ofrecer al alumnado, y a su profesorado, las herramientas adecuadas en cada momento, y con un sistema de valoración neutral y global que permitiese valorar el desempeño de cada profesor, incentivándolo con subidas salariales si ha hecho bien su trabajo, y desincentivándolo cuando no lo hace, pudiendo llegar a ser despedido.

Esto, hoy en día, es una mera utopía.

¿Y los desafíos que presenta?

Pues todos los que hemos dicho justo arriba.

La realidad es que, sabedores que el sistema es por definición imperfecto, solo podemos esperar que, como ocurre en la mayoría de los casos, el profesorado está formado por profesionales muy comprometidos con sus labores, que sacan hasta de debajo de las piedras todo lo que pueden para ofrecer, con los recursos a los que tienen acceso, la mejor educación posible a sus alumnos.

¿Que hay algunas manzanas podridas que se aprovechan de ese sistema imperfecto? Lamentablemente siempre las habrá. Pero al menos nos quedará que poco a poco, con esas disciplinas informáticas transversales, la base de la programación, la robótica y la inteligencia artificial llegue a corolario del alumno, y aunque no lo haya visto reflejado en esa o esa otra asignatura puntual porque el profesor de turno no sabía o no podía/quería aplicarlo, sea capaz de trasladarlo por sus propios medios.

De eso va la importancia de entrenar nuestra capacidad crítica, de hecho.

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