desinformacion antivacunas

Llevaba tiempo con ganas de hablar de este tema, ya que he visto que incluso tiene adeptos entre mis círculos de amistad, cuando estos días saltaba la bomba. El «cantante» Miguel Bosé publicaba una serie de tweets en su cuenta apoyando el discurso conspiranoico de estos colectivos tras la decisión del gobierno español de apoyar con 50 millones de euros a GAVI.

¿Que qué es GAVI?

Pues según Miguel Bosé, GAVI es una «farmacéutica propiedad de la fundación Bill y Melinda Gates», y además «ha sido expulsada de la India» por sus vacunas fallidas.

Basta una búsqueda rápida en Internet, por eso de contrastar las fuentes, para darse cuenta que las siglas de GAVI corresponden a «Global Alliance for Vaccines and Immunization« (EN), y que este es el nombre no de una farmacéutica, sino más bien de una iniciativa mundial formada a su vez por muchas otras empresas y organizaciones como la OMS, UNICEF o el Banco Mundial, cuyo principal objetivo es precisamente comprar de forma masiva vacunas para luego ofrecerlas a precios aceptables en el tercer mundo.

Y para muestra un botón. La vacuna contra el neumococo cuesta (ES):

  • En EEUU, 113,5€.
  • En España, 42,5€.
  • GAVI la ofrece a 6,58€.

El cantante siguió despotricando hasta quedarse a gusto diciendo cosas que ya ni eran medias verdades, sino directamente mentiras:

  • No hay registro ninguno de que la Fundación Gates fuera expulsada de la India en ningún momento.
  • Tampoco el bueno de Bill dijo jamás que quisiera insertar microchips a toda la población mediante las vacunas (ni de ninguna otra manera).
  • Y el manido 5G, que al parecer es «clave en esta operación de dominio global», es que no tiene absolutamente nada que ver con las vacunaciones...

Por supuesto Bosé no deja de ser una víctima más, aunque con un poco más de tirón mediático, de las cada vez mayor número de personas que caen en el engaño de las posturas conspiranoicas y las fake news.

Y lo peor de todo es que como ya explicamos en más de una ocasión, desmontar estos mitos no consigue frenarlos.

Conforme más accesible está la información, mayor número de personas creen en el terraplanismo, en que el que esta pandemia es un invento del poder oculto para crear un nuevo estado de control, o como decía, que las vacunas, que es (y voy a ser muy claro) LA ÚNICA PUTA MANERA QUE VAMOS A TENER DE ENFRENTARNOS A ESTE BICHO es una maquiavélica conspiración de las élites para empobrecernos o inocularnos unos ¿microchips? para controlarnos.

Que da igual que todo sea un disparate. Cala en la sociedad. Y lo hace porque ataca a la más pura raíz de nuestro subconsciente.

provacunacion vs antivacunacion

Las campañas conspiranoicas ganan cada vez más adeptos

El mes pasado en un artículo de Philip Ball para Nature (EN) se analizaba gráficamente la relación existente en Facebook entre los ámbitos en los que impacta la provacunación, y en los que lo hace las posturas antivacunación.

En el gráfico superior:

  • El rojo representa los cluster de usuarios de Facebook que apoyan los movimientos antivacunas.
  • En azul, los que apoyan públicamente la provacunación.
  • En verde todos los indecisos o los que aún no se han posicionado.

Como puedes observar, los clusters rojos están mucho más diseminados, con más nexos en común y controlan un mayor espectro del verde que los azules, mucho más aislados entre sí.

Y es algo normal, ya que mientras los antivacunas, como el resto de posturas conspiranoicas, requieren ser recompartidos y por tanto utilizan supuestas noticias impactantes que llaman la atención, las campañas provacunación suelen venir dadas por organismos oficiales y están por tanto más separadas del debate «a pie de calle».

El estudio realizado por Neil Jhonson, físico de la Universidad de George Washington especializado en movimientos anticiencia, y su equipo, señala las mismas bases que vemos en la industria del cibercrimen y la desinformación:

«En Internet, los movimientos antivacunas han sido rápidos a la hora de dirigir su atención a la pandemia.

[…]Ahora todo gira en torno al COVID»

Que al final el COVID no deja de ser una excusa oportunista: Si el día de mañana la noticia es la muerte del ganado en tal país, los antivacunas encontrarán una manera de señalar que esto se debe a las vacunas, y que hay un complot mundial por erradicar al ganado para generar mayor pobreza a base de artificialmente generar menor oferta.

Y se junta con otra premisa de todas estas campañas de fake news: A estos movimientos les basta con poner la semilla de la incertidumbre, mientras que a los movimientos basados en la ciencia pecan de intentar dar respuestas a las incongruentes preguntas que suscitan los primeros.

Exactamente igual que todos los movimientos populistas: Dar respuestas sencillas a preguntas complejas (no tienes trabajo porque los extranjeros te lo quitan, tu forma de pensar es silenciada porque a las grandes tecnológicas no les interesa que se sepa «la verdad»…).

El enemigo va a ir cambiando con el tiempo, pero casualmente no somos nosotros, sino que viene de fuera, y es «fácilmente» señalable con el dedo frente a la pura realidad compleja y con matices.

Cuando empezó el confinamiento el virus había sido creado por los Chinos (que hay que ser idiota para infectarse ellos mismos con su propia creación primero…) para debilitar la economía de occidente.

Ahora el virus es una creación de las élites para imponernos que nos quedemos en casa y cambiar a marchas forzadas los derechos y libertades de la ciudadanía en una suerte de estado de control absolutista.

Mañana será cualquier otra cosa… Lo que más cale en el grueso de indecisos y sirva para atraer a otros.

¿Qué podemos hacer para defendernos de estos movimientos?

Pues sinceramente, la mejor herramienta que tenemos es la educación.

Como decía la mayor parte de las conspiraciones quedan en papel mojado a poco que dediques unos segundos a buscar fuentes en Internet. Como se basan en mentiras o medias verdades, es fácil tirar el hilo para darse cuenta, por ejemplo, que esa foto que aseguran pertenece a tal día, realmente tiene unos cuantos meses o años y que ni siquiera tiene que ver con lo que a priori defiende.

Entender también que las redes sociales NUNCA HAN SIDO Y NUNCA SERÁN una buena herramienta de información. Fueron creadas para estar en contacto con amigos y familiares, no para informarte correctamente. Que pases más tiempo en ellas (para que puedan monetizarte mejor), no que estés bien informado. Y por ello, en su propia ideosincrasia está la base que las transforma en unas grandes herramientas de desinformación.

Por último, recurrir a fuentes oficiales, que mal que les pese a los conspiranoicos son precisamente los sistemas que mayores garantías ofrecen. Y no me refiero, si no quieres, a que consultes lo que dice el gobierno de turno, sino que mires más arriba, hacia las grandes organizaciones mundiales, donde el propio peso de diferentes intereses geopolíticos balancea el discurso.

Todo esto es importante ya que como decía Johnson, movimientos aparentemente tan contradictorios como los de las antivacunas podrían acabar siendo mayoritarios en apenas una década.

La Organización Mundial de la Salud ya dijo en 2019 que el rechazo a la inmunización era una de las principales amenazas sanitarias del momento. Pues imagínate si esto acaba por ser la norma.

Pese a que no haya nada más que negacionismo y oportunismo detrás de dichos movimientos. Pese a que la ciencia y la historia nos han demostrado que claramente es un error.

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