producto minimo viable

En todos estos años trabajando con emprendedores y empresarios, me he encontrado con un problema que comparten por igual estas dos tipologías de cliente: Pretender salir al mercado con el producto final.

Te explico por aquí por qué esto es un error, al menos en entornos digitales.

Metodologías tradicionales vs metodologías ágiles

Si algo nos ha traído la digitalización, más allá del uso de tecnología para optimizar recursos, es el hecho de cambiar el histórico paradigma de diseño de productos.

Y me explico.

El diseño de productos ha bebido, históricamente, de la concepción absolutista de un producto en la ingeniería.

Para un arquitecto, el producto mínimo viable de un puente es… ¡un puente!

Es decir, que necesitas como mínimo ese elemento que une dos espacios con un río en el medio, y que además es capaz de aguantar el peso de unos vehículos circulando a X velocidad por encima de él.

En los procesos industriales tradicionales, por pura necesidad, el producto final era, en esencia, el producto mínimo viable (ES).

Si tu empresa diseña tornillos, el PMV de un tornillo es… ¡un tornillo!

No podemos definir una versión mínima distinta que no sea prácticamente la versión final.

Porque sí, ese tornillo, o ese puente final, puede tener algunos elementos extra. Pero la base funcional que hace que este producto sea demandado es la que es.

Así pues, en el ciclo de diseño de un producto tradicional, no había cabida a la iteración.

La industria nació bajo el paraguas de la cadena de montaje, habida cuenta de que ese producto tenía que pasar de A a B, y de B a C.

Sin embargo, con la informática esta mentalidad tuvo que cambiarse.

Es, de facto, un tema al que ya dediqué alguna que otra pieza por estos lares. E incluso fue parte de una de mis presentaciones académicas, hace no pocos años :D.

El caso es que, de pronto, para llegar a la versión final de un programa, no siempre los pasos que había que seguir iban de A a B, y luego de B a C.

Igual, la mejor manera de llegar a C era yendo de A a B, y luego volviendo a A para ir a C.

Y esto ocurre así porque un programa informático sí puede dividirse en sub-programas, y su unión, a diferencia de lo que ocurre con la industria tradicional, no siempre tiene por qué ser lineal.

Así es como surgen las metodologías ágiles.

Metodologías que basan la premisa de optimización en la iteración.

MVP de un coche: diferentes acercamientos

Por poner otro símil, pero esta vez útil para comprender las diferencias entre los dos acercamientos, vamos a hablar del diseño de un coche.

  • Según las metodologías tradicionales, el producto mínimo viable de un coche… ¡es el propio coche! Y con esto en mente, primero tendremos que desarrollar unas ruedas. Y posteriormente un motor, y luego un eje, los asientos, la carrocería… Hasta que al final, después de toda esta cadena de montaje, obtenemos el coche final.
  • Sin embargo, para las metodologías ágiles, el producto mínimo viable de un coche no es un coche, sino una bicicleta. Y con esto en mente, habría que diseñar primero una rueda, y cuando tengamos un par de ruedas, ponerles un cuerpo para transformar el conjunto en una bicicleta. En ese momento ya tenemos un producto que podemos testar en el mercado, recopilar datos (feedback), y mejorarlo. Así, quizás veamos que un porcentaje significativo de clientes preferirían no tener que pedalear, por lo que a nuestra bicicleta le pondremos un motor, y entonces pasa a ser una moto. Otro producto que ya podemos sacar al mercado y testear. Gracias a ello, quizás nos demos cuenta de que un porcentaje de consumidores preferiría poder usar su vehículo cuando llueva, por lo que a esa moto le ponemos otras dos ruedas y una carrocería, y de pronto tenemos un coche.

Fíjate que en estos dos acercamientos, el segundo, aplicando metodologías ágiles, permite sacar al mercado mucho antes un producto mínimo viable (primero la bicicleta, luego la moto, y por último el coche), mientras que con el paradigma estructurado tradicional, hasta que no tengamos el coche final, no podemos sacar al mercado absolutamente nada.

Es decir, que los costes de producción en el primer acercamiento son muchísimo más altos, y el riesgo que asumimos (si al final la idea de coche no cala en el público objetivo) es muchísimo mayor.

Mientras tanto, con el segundo acercamiento recuperamos parte de la inversión en diferentes etapas del diseño. Y minimizamos los riesgos, hasta el punto que, lo mismo, acabamos dándonos cuenta de que la moto (en nuestro ejemplo, un producto aún no terminado del coche) da mayores beneficios que el coche final.

Llegamos, por tanto, al producto final con muchísima más información y con menor riesgo.

En una posición mucho más ventajosa.

El MVP a la hora de emprender un nuevo negocio

Esto, aplicado a los negocios de la calle, viene que ni pintado.

¿Por qué?

Porque gracias a las metodologías ágiles, se democratiza el acceso a la mayoría de nichos de mercados.

Gracias a este acercamiento, una persona pueda competir casi en igualdad de oportunidades en el mundo digital con una multinacional.

La segunda tiene muchísimo más capital para invertir, pero también mayor burocracia, lo que suele hacerlas más lentas para iterar que un negocio personal o una startup.

Así, cualquiera de nosotros puede descomponer ese producto final (por ejemplo, un marketplace qué de visibilidad a negocios locales) en pequeños acercamientos (iteraciones), y salir al mercado, por ejemplo, con algo tan simple como un grupo de Facebook.

Un grupo donde ponga en contacto oferta y demanda, y vaya recopilando información que le permita, en una segunda fase, generar, por ejemplo, una newsletter sobre cómo dar visibilidad a tu negocio local.

Y ahí, conforme vaya creciendo, le empezarán a surgir oportunidades de patrocinio que financien ese desarrollo futuro de una página web a modo de directorio de negocios.

Una página web que, cuando salga, ya contará con un público objetivo fidelizado (los que estaban en el grupo de FB y los que estaban suscritos a la newsletter), y que, por tanto, «traccionará» muchísimo mejor que si simplemente, este emprendedor, hubiera sacado desde un principio el marketplace.

Esta premisa es crítica a la hora de diseñar modelos de negocios. Y recalco que esto lo ha permitido la digitalización.

El emprendedor/empresario sigue pensando en producto final

Aquí es donde quería llegar.

Pese a que el MVP es, de lejos, el mejor acercamiento que podemos hacer a la hora de diseñar nuevos modelos de negocio, lo que me encuentro en el día a día con clientes es justo lo contrario.

El emprendedor, y el empresario, quiere salir al mercado con un producto ya final, perfecto, y completo.

  • Con ese marketplace de decenas de miles de euros invertidos.
  • Con ese podcast grabado en un estudio profesional.

¿El problema?

Pues que no todos tenemos los recursos, y el conocimiento, para llegar al final sin haber pasado por todas las etapas anteriores.

Y que aunque los tengamos, NO COMPENSA.

Y no compensa por lo mismo que te contaba al principio de este ensayo: Corremos muchísimo mayor riesgo, y para colmo, estamos desaprovechando el tiempo.

En todo ese tiempo que vamos a necesitar dedicar a la creación del producto final, podríamos estar ya rentabilizando un producto mínimo viable.

Uno que lo mismo descubrimos que acaba funcionando por sí solo, pero si es que no, como mínimo, lo que nos va a permitir es que el día que lleguemos al producto final ya contemos con una masa de potenciales clientes/usuarios/proveedores interesados en él.

Que hay que dejar de lado el ego y la búsqueda utópica de la perfección.

La mejor manera de pulir un producto es sacarlo al mercado y testearlo, no cocerlo a fuego lento durante años en secreto.

Así pues, que te sirva esta pieza para tomar acción YA.

Como decía hace unas semanas en uno de los vídeos del RETO que lancé para emprendedores (y que tan buen feedback me habéis trasladado, tanto como para plantearme hacer una segunda parte), el mejor momento para lanzar un proyecto fue ayer.

El segundo mejor momento es hoy.

Déjate de tonterías, piensa qué producto mínimo viable tiene tu idea, y ponte hoy mismo a implementarlo.

De nada.

consultoria Presencia en Internet