resolucion 4k full hd

Debatía el otro día con un compañero de cara a las ofertas del Black Friday.

Él me comentaba que estaba interesado en comprarse un móvil baratito, pero con buena cámara. Ya sabes, el Santo Grial.

Le di varias opciones de gama media (no voy a entrar en detalles, que esto es lo menos importante de esta reflexión), y se tiró de canto por la opción más económica, que montaba un sensor bastante parecido al del resto, solo que no llegaba a grabar vídeos en 4K.

Esto, sinceramente, no me parecería un problema si no fuera porque precisamente conozco a la persona, y es de los típicos que le encanta grabar vídeos a su familia.

Y el que tenga dos hijos pequeños ayuda, por supuesto.

Pero ahí estábamos.

Yo explicándole que quizás, para su uso personal, ese 4K sí podía ser importante, y él erre que erre con que no lo necesitaba.

Que ni siquiera tenía un televisor 4K.

¿Para qué quería entonces algo que grabase en tal resolución?

He ahí el quid de la cuestión.

Porque estamos presuponiendo que ese contenido lo vamos a consumir únicamente en el presente. Ese presente donde, en efecto, la mayoría no tenemos monitores 4K, y a lo sumo por casa la única pantalla que llega a tal resolución puede ser el televisor del salón.

Pero la tecnología va a ir evolucionando, los precios de estas tecnologías van a ir bajando, y lo que hoy en día es un extra, el día de mañana será la norma.

Es en ese momento cuando quizás hubiéramos echado en falta grabar esos vídeos costumbristas con la familia en 4K. O haber sacado esas fotos aprovechando los tropocientos pixeles que nos da de tope la cámara.

Ocuparán más espacio, en efecto, pero envejecerán mucho mejor.

foto 2002

Aprendiendo de los errores del pasado

Para muestra, un botón.

Esta foto que ves por aquí arriba es la primera foto digital que tengo. Que no sé si será la primera que sacamos, pero al menos es la primera de la que tengo aún el archivo original, que data de finales del 2002.

Concretamente, de la foto del equipo de natación en una Concentración que hicimos vete tú a saber dónde. A ver si sabrías decirme quién soy :).

Por supuesto, tengo fotos de más pequeño, pero dichas fotos ya son escaneadas de las fotos de papel (y, por cierto, resubidas a la nube, y por tanto con una ligera comprensión). No sacadas directamente con una cámara digital.

Y la he subido sin compresión alguna directamente a la carpeta de uploads de WordPress para que veas cómo la puedo ver yo en mi ordenador.

Tiene exactamente 750×500 pixeles, es decir, menos que el HD. Y las caras, como puedes ver, se intuyen y poco más.

Sin embargo, es muy probable que en los ordenadores de aquella época, con las pantallas de tubo de aquella época, la calidad pareciese envidiable.

Exactamente lo mismo que nos pasa cuando, por ejemplo, volvemos a enfrentarnos a un videojuego de hace 15 o 20 años, a poder ser de la generación de PlayStation y Nintendo 64, que fue cuando se dio el paso de las 2D a las 3D más en serio (los juegos en 2D no suelen envejecer tan mal al no necesitar una carga gráfica considerable).

El recuerdo que podemos tener algunos de haber jugado a Resident Evil o Silent Hill cuando éramos más jóvenes seguramente sea el de una obra de auténtico terror, con una atmósfera asfixiante y unos gráficos hiperrealistas.

Sin embargo, enfrentarse hoy en día a los títulos originales (no a sus remakes y remasters, me refiero) es darnos cuenta de lo mucho que hemos mejorado a nivel tecnológico.

Lo que antes eran personajes, ahora son monigotes con unos píxeles que casi se pueden tocar.

Y no es solo por el salto evolutivo a nivel de gráficos, sino también porque el soporte donde lo consumimos (la pantalla) está a años luz en cuanto a resolución que lo que daban aquellas pantallas de tubo de la época. Lo que hace que el problema gráfico se agudice aún más.

Que ese grano que tenían por pura limitación tecnológica ayudaba a limar las limitaciones gráficas del contenido.

Pues esto mismo lo vamos a vivir dentro de otros veinte años.

En mayor o menor cuantía, pero lo vamos a experimentar nuevamente.

En un entorno cada vez más dominado por pantallas 2k, es cierto que grabar contenido en 4K o a muchos megapíxeles se antoja una pérdida de tiempo (de espacio de almacenamiento, mejor dicho).

Pero acabará llegando el momento en el que no el 4K, sino el 8k, 16k o lo que diablos sea, acabe siendo la norma.

Y, en ese momento, echaremos de menos no haber podido grabar esos momentos importantes con nuestra familia a una resolución mayor.

Piensa en ello la próxima vez que te plantees ¿y yo para qué quiero tanto? con alguna tecnología de estas.

Quizás sea pan para hoy, pero acabe siendo hambre para mañana.

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