vpns teletrabajo

No sorprenderá a nadie que un servidor recomiende encarecidamente, por estos lares, y en formaciones y entrevistas, el uso de herramientas VPN.

La última, de hecho, la semana pasada en la charla que teníamos en el podcast de Innokabi (saldrá publicada en unas semanas), donde fue uno de los servicios de seguridad que más salió mencionado.

La razón es bien sencilla.

Es un servicio que nos ofrece, de forma totalmente abstracta al usuario, dos puntos críticos en la seguridad y privacidad de nuestras conexiones:

  • Se asegura de que, sí o sí, nuestra conexión se hace de forma privada: Sin depender de que, en efecto, la página o el servicio que estemos visitando tenga un HTTPs estricto y bien implementado, o la conexión desde donde nos conectamos no haya bypaseado la política de privacidad del protocolo.
  • No exponer públicamente datos identificativos: Como puede ser la IP y la MAC de nuestro dispositivo, por el simple hecho de que, a ojos del servidor a donde estamos llamando, quien realmente lo está haciendo es el servidor VPN, y no nuestro dispositivo.

Y, para colmo, como decía, de forma totalmente abstracta al usuario. El usuario solo tiene que contratar un servicio VPN en Argentina (ES) o el país donde esté, y activarlo o desactivarlo cuando quiera utilizarlo, pudiendo incluso dejarlo siempre activo por defecto.

Todo esto, junto con algunos usos extra, como puede ser el utilizar VPNs con diferentes servidores repartidos a lo largo y ancho del mundo para emular conexiones de fuera, y por tanto, poder acceder a contenido que, lo mismo en nuestra región (o donde estemos en este momento), está capado.

No hablamos de tener que estar pensando en hacer tal cosa si nos pasa esta otra, o de realizar laboriosas acciones para minimizar el riesgo digital.

Hablamos de que, simplemente con tener instalado un servicio en nuestro dispositivo que funciona de forma autónoma, minimizamos el riesgo digital.

Punto.

Y entonces, llega el teletrabajo

Quien escribe estas palabras lleva años utilizando servicios VPNs.

Es más, desde hace meses he decidido tener una VPN activa por defecto en el smartphone.

Pese a que siempre, cuando estoy fuera de casa, me conecto por mi propia red de datos. Pese a que no toco una WiFi de terceros ni con un palo.

Sencilla y llanamente, es una herramienta extra de seguridad que no me cuesta nada tenerla activa, y que minimiza mi huella digital.

Desde esta humilde casa llevamos años defendiendo el uso de VPNs, pero ha tenido que venir una pandemia para que, de pronto, lo que antes era una herramienta accesoria, y eminentemente desconocida, se vuelva el pan nuestro de cada día para muchísimos teletrabajadores.

Lo más simpático de todo es que las VPNs llevan con nosotros décadas en el mundo corporativo. Que lo habitual, de hecho, a la hora de conectarse a un servidor corporativo, era hacerlo ya con una VPN.

Pero como esto se hacía desde los ordenadores de la empresa, que previamente habían sido configurados por el departamento IT de turno, la mayor parte de los trabajadores no tenían ni idea de que estaban operando bajo una de ellas.

Con la pandemia, y ese teletrabajo forzado que, en muchos casos, ha venido para quedarse, de pronto el usuario administrativo ha necesitado saber que para conectarse al servidor, tenía que instalar una VPN corporativa. Que los sistemas operativos virtualizados que utilizaba a diario en la oficina, se conectaban con el resto de la red mediante una VPN.

Esto podría parecer una obviedad para todos aquellos que nos dedicamos a esta industria, pero es que realmente cambia el paradigma de juego en el sector.

Por el simple motivo de que todos esos millones de trabajadores, ahora, por lo menos, son conscientes de esta herramienta. Y habrá un porcentaje significativo que, ya que la están utilizando a nivel de trabajo, se interesen por ver si tiene sentido usarla a nivel de consumo.

El que además cada vez haya más servicios que incluyen como adicional una herramienta VPN, democratiza todavía más su impacto en la sociedad.

Y todo esto sin olvidarnos que la configuración de una VPN en un dispositivo móvil es semejante en el caso de una VPN corporativa o de una de consumo generalista. Así que ahí tenemos otro buen puñado de usuarios que, seguramente, y por casualidades de la vida, llevan ahora su dispositivo móvil o el ordenador portátil permanentemente conectado a la red corporativa de la empresa, y por tanto cifrando por defecto todas sus comunicaciones y ofuscando su IP real.

En el trabajo, pero también fuera de él.

Un pequeño beneficio de haber tenido que vivir esa época tan terrible a nivel sanitario y económico que nos ha dejado el maldito coronavirus.

De las típicas situaciones que surgen de forma espontánea, sin que nadie las esperase, y acaban marcando un antes y un después para toda una industria.

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