Impresoras 3D en casa, y los problemas derivados de ello

La semana pasada se celebró una nueva entrega del Salón del Comic de Barcelona, y entre cosplays imposibles, toneladas de papel de imprenta y mucha dosis de diversión, quizás a algunos les llamara la atención el pequeño puesto que tenía preparado EntresD, una empresa española que tiene como misión acercar el mundo DIY al consumidor.

up mini impresora 3D

En su stand mostraban las posibilidades de la impresión 3D (nada nuevo bajo el sol), pero la noticia me resulta curiosa por ser de las primeras compañías que han diseñado un producto comercial de este tipo enfocado al usuario doméstico, y no a oficinas o talleres.

Hablamos de dos modelos: la 3D UP! Mini y la 3D UP! Plus, dos impresoras de tamaño medio (un poco más altas que una fotocopiadora de las que tenemos por casa), sorprendentemente silenciosas, con carcasa (algo que aunque es de agradecer, y necesario para un ambiente doméstico con niños, así como la pérdida de ese terror innato al hardware puro de los consumidores, no lo acabo de encajar al restringirte aún más producción de figuras según el tamaño) y que se venden como cualquier otro dispositivo Plug&Play (llegas a casa, la conectas y empieza a funcionar). Como seguramente estáis pensando, hablamos de dos modelos de impresoras de prototipado rápido, que usan cartuchos de plástico ABS para la recreación (con 0,2 milímetros de resolución), y sus precios, aunque aún restrictivos, ya apuntan a un futuro no muy lejano donde seguramente sean uno más en la familia, entre 900 y 1400 euros.

Xataka ha preparado un vídeo demostrativo que os cuelgo a continuación:

Con la pronta irrupción de este tipo de dispositivos en el hogar, se plantean a bote pronto varias posibles cuestiones que podrían traernos problemas en un futuro, y que me parece interesante debatir en esta entrada.

Tanto la industria como la legislación actual quedarán desfasadas

Una impresora 3D nos va a permitir desde crear nuevos elementos hasta modificar o personalizar partes de objetos cotidianos. El escaneo 3D es entonces de gran utilidad, pudiendo permitirnos arreglar en casa nuestros dispositivos sin tener que enviarlos a fábrica y perderles la vista durante semanas.

Como ya hablamos en la entrada Robótica casera, es necesario una remodelación total de los pilares donde se asienta el negocio industrial, con una flexibilización de los derechos de autor y las patentes (que a fin de cuentas son meras excusas para frenar la innovación y competencia sana en el mercado), con una liberación de diseños por parte de la industria, que no debería en ningún caso ver un peligro inminente en la impresión 3D doméstica, sino una excusa para ofrecer objetos de una calidad y prestaciones superiores a las que se pueden crear en casa.

Otra alternativa es el negocio por la venta de diseños (que no debería entonces ir ligado a un estricto copyright), y que ya está fervilmente activo por algunas comunidades de internet como Cubify Thingiverse. Ya no vendemos el producto acabado, sino la idea del producto, y que sea el consumidor quien lo lleve a casa y lo imprima. Aquí entraría en juego la interesante propuesta del MIT sobre impresión 4D de la que ya hablamos hace tiempo, y que permitiría crear objetos que por su naturaleza tendieran a automontarse.

El mercado negro, las copias DIY y las armas a un solo click

Se abre entonces un interesante debate sobre cómo controlar el mercado negro, que podría (de hecho, ya lo está haciendo), suministrar planos “piratas” para la copia indiscriminada de dispositivos, incluso de armas.

HaveBlue, un apasionado de las pistolas, relata en su blog los pasos a seguir para crear varios tipos de armas mediante impresión 3D.

Lo cierto es que a día de hoy, basta con meterte por los suburbios de la Dark Web para poder comprar desde la comodidad de tu casa armamento, drogas y hasta sicarios, pero la impresión 3D facilitaría además el modelo de distribución, que no tendría que pasar por intrincados procedimientos de ofuscación de paquetes, pudiendo recrearlo en casa y vendiendo únicamente los planos.

Crear un DRM común únicamente iría en detrimento de todos los usos beneficiosos que esta tecnología traerá a nuestras casas, y será seguramente una de las mayores esxcusas que pondrá la industria para llevarlo a cabo, y mantener, en la medida de lo posible, encadenados a los consumidores dentro de la cadena lucrativa del resto de industrias tradicionales.