Innovación versus tergiversación de uso: Un debate de difícil conclusión

Invisibilidad

Ruth Espinosa, de un instituto de Cataluña, me escribía hace poco para hacerme unas preguntas a colación de una pieza que al parecer escribí sobre una investigación reciente que aseguraba haber encontrado la manera de crear una capa de invisibilidad.

He intentado buscar por este blog e incluso por el de SocialBrains, y sinceramente, aunque la noticia sé que la vi, no me suena que haber escrito sobre ello, por lo que quizás lo haya visto en alguno de los emails que envío a los miembros de la Comunidad o lo haya compartido por alguna red social en la que me sigue.

El caso es que, quitando el titular pretencioso con el que la mayoría de medios se hicieron eco de la noticia, hablamos de una investigación realizada por algunos profesores de la Northwestern University (EN), hecha pública a mediados de Enero, en la que aseguraban haber encontrado la manera de diseñar superredes ópticas (redes creadas con diferentes grados de refracción) de nanopartículas de oro que tienen, como cabría esperar, la capacidad de modificar los colores visibles del espectro hasta el punto de hacer que lo que haya tras esa red sea “invisible” al ojo humano.

Nada que ya no estén haciendo de forma natural animales como el calamar, el pulpo o el camaleón, y una fantasía humana que podría no estar tan lejos de conseguirse gracias a la ciencia.

Por supuesto, una cosa es llegar a obtener un MPV a nivel macro, y otra bien distinta es que encuentren una manera “económicamente rentable” de crear algo así como el manto de Harry Potter, pero la semilla, que es lo importante, ya está sembrada.

Ruth me pasaba una serie de preguntas, pero quizás de todas la que más me ha interesado (y que da pie a esta pieza) es una que venía a plantearse si, a sabiendas de que una capa así podría traer… usos indebidos que atentan contra la seguridad y privacidad del resto de personas, tendría sentido seguir investigando.

Estamos, como no podía de ser de otra manera, ante un tema que llevamos siglos preguntándonos, y como me va la marcha, lo traigo por estos lares :P.

¿Debemos innovar a sabiendas de las tergiversaciones de uso asociadas a dichas innovaciones?

La pregunta no es para nada baladí, y entraña, per sé, muchos quebraderos de cabeza (instinto de supervivencia, ética y moralidad) que se llevan la contraria entre sí.

Si me permite simplificarlo y dar mi punto de vista, lo cierto es que creo que en todo caso los beneficios asociados a la innovación deberían ganar a aquellos que vienen dados por las posibles tergiversaciones o usos maliciosos de dichas innovaciones.

Es más, recientemente en una pieza de Salvados (ES) sobre la proliferación de los discurso de odio en Internet, me gustó mucho una frase que dijo uno de los protagonistas a colación de si debíamos o no generar un escenario digital donde todos estuviéramos identificados (ES) como medida de control para evitar esos usos tergiversados (doxing, usurpaciones de identidad, insultos y vejaciones anónimas…). Lo pongo de memoria, así que no serán exactamente las mismas palabras, pero para el caso me vale:

Prefiero un Internet donde 9 de cada 10 opiniones son puramente dañinas, a un Internet donde no hay opiniones por miedo a las represalias que ello pueda conllevar.

Apenas hace unos días nos enterábamos que Google había llegado a un acuerdo a puerta cerrada con Getty Images por el cual eliminaba de Google Images el botón de Ver Imagen (EN). Es decir, por intereses puramente económicos (se jugaban tener que pagarle a la compañía unos cuantos millones) han preferido innovar negativamente uno de sus productos para hacerlo artificialmente menos útil a los usuarios.

Se salvan así de un juicio, y de paso, con esta decisión, no van a conseguir que las tergiversaciones de uso que se podrían desprender de la herramienta (usuarios que no hacían caso de los arcaicos y desfasados derechos de propiedad intelectual de las imágenes y descargaban sin más el contenido) desaparezcan. A los dos días de materializarse el cambio, ya hay extensiones de navegador (EN) que te vuelven a incluir el botón. Y cualquiera que quiera seguir copiando la imagen va a poder hacerlo entrando en la página y dándole a guardar.

A lo que voy es que si anteponemos el miedo a los efectos nocivos de una innovación, a los propios beneficios de la misma, nos vamos a quedar siempre tal y como estamos, y el riesgo seguirá como mínimo siendo el mismo (por mucho que queramos no va a minimizarse).

¿Es culpable Einstein de la creación de la bomba atómica? Hasta cierto punto sí. Fueron necesarios sus teorías para crearla. ¿Hubiera sido mejor para nuestra sociedad entonces que Einstein se hubiera seguido dedicando al mundo de las patentes? Creo que nadie en su sano juicio podría decir esto.

Y esto mismo compete a muchísimos de los temas que por aquí trato cada día:

  • El que es importante que tengamos una presencia digital: Porque no tenerla, ya sea por desconocimiento o por el propio miedo a lo que de ella se pueda desprender, entraña más riesgo que el hecho de tenerla.
  • Que en Internet estarán nuestros datos queramos o no: Y que sí, esas enormes bases de datos personales que tienen a día de hoy empresas como Google, Facebook y compañía, el día de mañana podrían llegar a ser utilizadas para hacer el mal… Pero ¿cuánto nos ha dado y nos están dando a día de hoy? ¿Cuánto valor han aportado y aportarán en años venideros?

Hace ya unos años escribí sobre la tecnofobia europea, con ese afán por regular todo hasta enclaustrar la innovación que ha hecho que esta parte del mundo pase de ser líder a mera espectadora de lo que se diseña en EEUU y se fabrica en Asia. En especial, sobre la difícil balanza que hay entre innovación y gestión del riesgo. Y a día de hoy, después de todo lo aprendido estos últimos años, me cuesta seguir siendo tan crítico con la evolución tecnológica.

No porque de pronto sea menos desconocedor de los riesgos que alberga la innovación. De hecho, seguramente todo lo contrario. Sino porque soy cada vez más consciente de que no hay blancos o negros, de que toda innovación trae consigo una muy dilatada amalgama de grises, y que más allá de lo que ofrezca, el problema (o riesgo, llámelo como quiera) viene dado por el uso que le acabemos dando.

No es por tanto un problema de la herramienta, sino de quien la empuña. Y eso va a seguir pasando se innove o no. Con la única diferencia que a menos innovación, menos herramientas tendremos para seguir nuestro camino… y combatir los malos usos que de ellas se desprendan.