Interacción y burbujas de filtros en la red

La crisis que pasó hace apenas un mes Youtube con el cambio en su modelo de comentarios, obligando a los usuarios a abrirse una cuenta de Google+, es el eje motivador de esta entrada, en la que quería dejar por escrito algunos de los puntos que creo que ofrecen valor para conocer los entresijos técnicos y la complejidad de generar una comunidad con un discurso de calidad.

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El cambio en Youtube, pese a la conspiranoia general, viene motivado por la lucha contra el spam y los trolleos. Está demostrado que un canal de comunicación no moderado donde la identidad digital no viene asociada a una identidad real es más susceptible de volverse caótico. Para colmo, hablar de Youtube es hablar de un servicio claramente enfocado al hobby, por lo que se presta más si cabe a la memética, al chiste fácil y a las groserías.

¿Con esto quiero decir que la interacción en el tercer entorno debe estar asociada a nuestra personalidad? Nada más lejos de la realidad, y para muestra 4Chan, página histórica donde las alla, de la cual ya os hablé en su momento largo y tendido, y hogar de buena parte de las revoluciones tecno-sociales de nuestra era.

De sistemas no moderados, a sistemas moderados, bien sea por el administrador (algo que solo puede llevarse a cabo en ecosistemas relativamente pequeños y controlables), por los moderadores (lo que obliga a mantener en nómina u ofrecer privilegios considerables a un grupo representativo de la comunidad) o por la propia comunidad. Ninguno de los tres es la panacea, en tanto en cuanto el primero pierde toda su capacidad cuando el proyecto escala, el segundo puede conllevar a una pequeña dictadura sino se mantiene muy pero que muy controlado, y el tercero suele caer en la desgracia de votar comentarios por su talante cómico, por su sátira, más que por su calidad.

Porque señor mío, qué difícil es cuantificar la calidad de un comentario. Una lucha sin cuartel entre la cordura y la tecnología ¿Sistemas de filtrado de spam? Cualquiera que haya administrado un servicio con filtros, sabrá que aunque bastante efectivos, acaban por fallar ¿Delegar el control a la comunidad? Suele ser una buena medida, pero depende de otro factor oculto tanto o más importante que el primero, y es la cultura.

Cultura del site, no me malinterprete. Cultura como ese pilar en el que se asienta la comunidad. Qué objetivos les unen, y porqué usan este servicio y no otro ¿Son capaces de remar en la misma dirección? Conseguir esto es muy complicado, pero a la larga la cultura suele venir de la mano de la calidad, o al menos de la calidad que esperamos para la cultura del lugar donde estamos ¿Vaya lío, verdad?

Hay otra opción, que he preferido dejar para el final, y es la que en mayor o menor medida se empieza a tomar como de facto en Internet (y esta vez ya hablo de Internet en mayúsculas). Se trata de las burbujas de filtros, ese término acuñado por Eli Parsier  hace ya sus años (el vídeo de TED que acompaña este artículo así lo atestigua), y que se trata básicamente de ofrecer al usuario aquello que quiere leer. Un flitrado personalizado, una comunidad 2.0, como señalan algunos, donde leemos a aquellos con los que simpatizamos, y escribimos para aquellos que simpatizan con nosotros. Así no hay problema, ya que siempre nos iremos con el regustillo del acuerdo. Eso si a usted no le importa perder el control de los resultados, y vive feliz leyendo lo que quiere leer. Porque sino es así; si le gusta conocer las perspectivas del resto, aunque sean contrarias a la suya, se encontrará de la noche a la mañana con la impotencia del saber que en verdad no tiene el control que pensaba tener. Porque sí, hablamos de bidireccionamiento, de canales de comunicación, pero si vuelve la mirada hacia arriba, se dará cuenta que podríamos extrapolarlo a las búsquedas, a la interacción en sí misma, a la contextualización de la información.