Aquellos sistemas que pudieron haber sido

Android e iOS están tan presentes en nuestra vida que parece extraño pensar que tan solo unos años atrás hubo proyectos verdaderamente disruptivos que podrían haber plantado cara a los SO móviles de la actualidad.

webos

Hablamos, como no, de un Symbian que por aquel entonces (pongamos 2009), se cobijaba en buena parte de los productos móviles. Un Symbian que vio el nacimiento de otro grande, MeeGo, que a su vez surgía de la unión de otros dos, Maemo, de Nokia, el que fuera competencia directa de Symbian, y Moblin, de Intel. Un soplo fresco a la industria, que apuntaba ya maneras, y que aunque prometedor (un SDK muy flexible), no supo enfrentarse a los Canadienses.

RIM, la compañía detrás de los terminales Blackberry, supo ofrecer un activo de valor por aquel entonces muy superior a la competencia: el teclado QWERTY físico. Eso, unido a un ecosistema de aplicaciones de oficina verdaderamente revolucionario. El móvil había pasado a ser algo más. Permitía leer emails, editar archivos, comunicarse por internet. El sueño húmedo de cualquier empresario, y que dominó el mercado coorporativo, trasladándose poco a poco al juvenil. Interacción, porque de eso se trataba. Una interacción mucho más fluida, que permitía escribir con relativa rapidez en un dispositivo que en principio no estaba diseñado para ello.

Y es curioso como llegados a tal punto, con la implantación paulatina de un sistema operativo fuertemente corporizado (con la ventaja de robustez y seguridad de sus servicios) en un mercado tan aparentemente contrario como es el de los jóvenes, no supieran adelantarse a los acontecimientos.

Lo siguiente, por todos conocido. La explosión de un nuevo competidor, el iPhone de Apple, un iPod con conectividad (porque a fin de cuentas era lo que era), y que tomó por sorpresa al resto de compañías. Un Andy Rubin que no pudo quedarse más que maravillado por capacidad de producción de Apple, y un CEO de la todopoderosa RIM que se jactó del uso de un teclado táctil.

Porque señores míos, de nuevo el teclado significó un cambio de era. Nueva interacción, nueva era. La decisión de optar por un teclado virtual, y sus beneficios frente al físico (aprovechamiento de pantalla) ganaron a sus desventajas (la sensación vacía al pulsar). Eso y la apertura de desarrollo a terceros. Que ojo, hablamos de Apple (ecosistema cerrado, software propietario,…), para que luego digan.

Un iPhone que cambió para siempre la historia de la informática de consumo, y como no, de Android. Un sistema que llevaba prácticamente el mismo tiempo gestándose, y que supo aprovechar, esta vez sí, las mejoras introducidas en el sector, con una filosofía abierta, que propició una vez más la regeneración de nuevos sistemas.

¿Con qué panorama nos encontramos ahora? Muy sencillo. Con un Android en la cúspide de la montaña, que enfoca su interés a lo wearable y el IoT. Un iOS en decadencia (todo lo decadente que podemos considerar si obviamos que hablamos de UNA sola compañía, y no un grupo de fabricantes licenciados), en espera de que Apple revolucione otro mercado. Una Blackberry que decide enfocarse a lo que de verdad hace bien: el mercado corporativo. El resurgimiento de Microsoft en el mundo móvil, apoyado por esa esperable convergencia de SO. Y el auge de la web como plataforma, algo que en su día ya apuntó HP (EN) con webOS y que ahora, en manos de LG, promete servir para grandes pantallas (ES). Con un Firefox OS que explota todo el potencial distribuido de la web (actualizaciones por parte de servidor, market como buscador de aplicaciones hosteadas en terceros,…), con un MeeGo ahora reinterpretado por Samsung en Tizen OS.

Nuevos participantes, algunos ya conocidos, otros evolución directa de aquellos que ya han caído (ES). Y en el eje de todos, la interacción. El santo grial de la electrónica de consumo, ahora y siempre.

¿Veremos algo de todo esto en el próximo CES? No lo dudéis ni por un momento :).