#IO16: La próxima revolución tecnológica

Google Assistant

Estuve anteayer viendo el streaming del Google IO desde el Campus de Google, acompañado por alrededor de 100 personas, palomitas y bebida en mano, a varias pantallas, como si de un partido de fútbol se tratase.

Fui comentando las jugadas por Twitter, y leyendo (y contestando) a todos aquellos compañeros que se dejaron caer por el timeline.

A la vuelta, y después de haber sido uno de los felices ganadores de una sudadera del Campus (ES), me volví a casa mientras leía un muy nutrido grupo de artículos a medio escribir (de verdad, ¿merece la pena que os empeñéis en ser los primeros?) y alguna que otra crítica bastante más interesante.

Y parecía que la lectura había sido, a grandes rasgos, muy pobre. Un IO descafeinado, que decían algunos. Un ejemplo más de cómo Google puede ser también rácano, que decían otros…

La cuestión es que lo que he visto en el Google IO de este año es la consecución de una estrategia que hemos ido plasmando a lo largo de estos últimos años por esta casa: la de la necesaria evolución tecnológica hacia un escenario muchísimo más amigable, invisible, y sí, de paso, terrorífico.

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La deconstrucción de la tecnología

La mayoría de medios aludían a la ausencia de presentaciones de dispositivos, siendo Google Home (EN) el único que hemos visto en acción.

Y sinceramente, considerando que la mayoría llevan años analizando el sector, me sorprende que esperasen algo distinto de un evento que, recalco, está dirigido a desarrolladores (aunque ahora interese lo que antes solo cubríamos los del gremio), de una empresa que, recalco, se dedica a la explotación de información, no a la fabricación de dispositivos.

Que Google saque de vez en cuando algún que otro dispositivo solo es un efecto secundario de la necesidad de una compañía basada en datos por expandirse. Cosa que le ocurre a Google, le ocurre a Amazon, le ha ocurrido a Facebook y cualquier día le pasará también a Twitter, Snaptchat y cia…

El evento ha sido redondo si tenemos en cuenta que, pese a que sin lugar a dudas la propuesta de servicios complica aún más el entendimiento del usuario (mención especial para ese grupo caótico de aplicaciones de mensajería que Google se ha sacado de la manga), la estrategia de Google está más que clara: Ser el centro de asistencia de toda la sociedad.

Volverse, de facto, un agregador del conocimiento humano, atacando en primera instancia las necesidades más mundanas del ciudadano (como sacar las entradas para ir al cine), y elevando la escala para aplicar ese conocimiento en la mejora de la sociedad (y de paso, de sus arcas).

Google Assistant es la evolución lógica de Google Now, que a su vez, y como he retratado en más de una ocasión por estos lares, es la evolución lógica del buscador. Un cambio en tres fases que solo se llega a comprender cuando miramos a nivel de la escala global con la que Google opera:

  • El buscador de Google es el primer acercamiento a la idea de una tecnología capaz de solucionar las preguntas del usuario. Un directorio enriquecido de enlaces con las posibles respuestas a una pregunta específica, que ha ido a su vez evolucionando desde la mera indexación de keywords para su búsqueda y comparación futura, hasta lo que es hoy en día (un algoritmo que tiene en cuenta cientos de variables cuantificables) y lo que será el día de mañana (un sistema capaz de dotar de relevancia la información, entendiendo las necesidades de ese individuo en particular). El concepto de living services, de hecho, aplicado al variopinto mundo de las necesidades del ciudadano.
  • Google Now, como esa segunda fase en la que Google se encarga no ya de dar los enlaces a las posibles respuestas de una pregunta, sino de intentar responder al usuario directamente. Para ello, han estado ávidos de scrapear todos los proyectos que durante estos años hemos ido generando, dotando al ecosistema de desarrollo de herramientas tan buenas como las que ofrecen a sus usuarios, y haciéndose así con el control de buena parte de la industria tecnológica informativa.
  • Google Assistant: La última barrera a combatir. Hasta ahora las interfaces conversacionales estaban a un nivel insuficiente para plantar cara a una realidad social tan diversa como compleja. Con la paulatina mejora de las técnicas de machine learning (algo en lo que Google es junto a IBM una de las mayores referencias mundiales), estamos a día de hoy a las puertas de un entorno en el que empieza a ser posible el mantener una conversación con una máquina. No intentando ser nosotros quien habla su lenguaje (en base a keywords, a búsquedas predefinidas, a bots,…) sino siendo ella quien debe comprender la contextualidad e ideosincracia de cada usuario.

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En esta panorámica, Google Home, copiado inspirado en el Echo de Amazon, es el acercamiento de la compañía a un dock para centralizar esa conversación en el hogar y/o en el trabajo. No porque Google necesite un dispositivo más, sino porque no existe a día de hoy un dispositivo que cumpla las necesidades que requiere el ambient location, listenning y seeing que un asistente precisa, y tampoco es plan de pedir al usuario que utilice también su smartphone en estos espacios.

Un asistente, sí, pero capaz de entender el paradigma que supone la comunicación hablada de varios usuarios distintos (será un dispositivo que utilizará toda la familia), y capaz de aplicar el conocimiento que ya tiene Google de cada uno de nosotros para servir de ayuda a cada miembro, adaptándose a sus necesidades.

Presentan entonces Allo (EN), que además de ser un firme competidor de WhatsApp (aunque sinceramente, es complicado quitarle ya el puesto), adelanta otro principio que debe cumplir esta deconstrucción tecnológica: ser omnipresente.

Lo verdaderamente interesante de Allo no es la capacidad de aumentar el tamaño de la tipografía y los emotis, ni siquiera el hecho de poder garabatear encima de imágenes. Lo verdaderamente revolucionario (y de nuevo, terrorífico), es que en cada conversación, además de los contertulios, estará Google Assistant, preparado para responder cualquier duda que pueda surgir en el acto, y realizando acciones que esos usuarios pidan, sin salir de la herramienta, sin tener que hacerlo ellos mismos.

Ver en Youtube (EN)

Al final, lo que obtenemos es un asistente que no va a estar asociado a un dispositivo específico, sino que estará en todos los sitios donde sea necesario. El mismo Little Brother que lleva años aprendiendo de nuestros hábitos, pero que ahora además “cobrará vida”, y tendrá la capacidad de aplicar todo ese conocimiento de manera palpable para el usuario.

Hablamos de una nueva etapa tecnológica: la de la asistencia invisible y omnipresente. La del paulatino desinterés por los aspectos técnicos, por el valor del propio dispositivo.

Este IO ha servido a Google para constatar que están muy cerca de ser la tecnología del futuro, el futuro de la información.

Todo en manos de una sola organización, que tiene además ánimo de lucro.

Una realidad que hará plantearse los cimientos de la privacidad, habida cuenta de que ahora nuestros rasgos biométricos pueden ser identificables, habida cuenta de que la explotación de toda esta información por parte de según qué organismos podría ser catastrófica para la sociedad.

Y por otro lado, habida cuenta de todos los beneficios que ofrece de cara al ciudadano, al irse desdibujando necesidades y labores que hasta ahora dependían exclusivamente de nuestras acciones.

 

Más información en el blog de Google (ES).