La barbarie de la globalización [relato distópico]

barbarie

-Ni se te ocurrir mover un músculo -con tensión apenas contenida y sin tan siquiera apartar la vista de la pequeña explanada frente a nosotros, Hoja Seca me cogió la mano y la apretó lo justo para transmitirme una aparente seguridad.

Hace escasos momentos estábamos, como cada día, disfrutando de un paseo por El Valle en busca de suministros para la Comunidad hasta que un enorme bisonte mecánico se detuvo a escasa distancia de nuestra posición. El “animal” (por llamarle de algún modo) aún rugía enfurecido, con esos dos palpitantes ojos escupiendo rayos de Sol y alumbrando con ellos todo lo que tenía delante.

Era la primera vez que vería una de esas máquinas, y lamentablemente, no sería la única. Por aquel entonces apenas tenía diez años, pero recuerdo como si fuera hoy mismo el momento en el que cambió para siempre mi vida. Y no para bien, precisamente.

Los árboles cercanos servían de improvisada cobertura a nuestros cuerpos, ahí donde los rayos del animal no llegaban a atravesarlos, armados únicamente con la ropa vieja y el bastón de Hoja Seca. Yo no entendía nada, pero solo era consciente de que nunca había visto a mi padre con esa mirada de temor. Mirada que se tornó en súplica cuando el lomo del monstruo se abrió de par en par, y de él salieron dos figuras.

La luna estaba en cuarto menguante, pero la luz de los ojos de la bestia era más que suficiente para darse cuenta de que se trataba de dos personas. Eso sí, dos personas como nunca antes había conocido.

Vestidos con telas extrañas de múltiples colores, atraerían cualquier mirada de un posible depredador en un entorno dominado por el pardo y los ocres. Y al principio achaqué los brillos a supuestos enseres de joyería que reflejaran la luz de los ojos del animal, pero más tarde, y conforme las dos siluetas se fueron acercando hacia nuestra posición, me di cuenta de que parte de sus ropajes brillaban con luz propia.

Ambos debían sacarle como mínimo una cabeza a Hoja Seca, y sin embargo, parecían apenas una sombra esbelta del más raquítico hombre de nuestra Comunidad. El primero caminaba con paso tambaleante, portando en su mano una especie de tabla que emitía luz, mientras que el otro (que resultó ser una hembra) ocultaba ligeramente las cuencas de sus narices con un trapo.

-¿Quiénes ser, padre? -atiné a mascullar.

-Turistas. Nada bueno.

Se pararon justo frente a los arbustos que daban fin a la explanada, y pude descubrir horrorizada la naturaleza lechosa de su tez. Por el tamaño parecía tratarse de dos adultos, pero no había en su rostro testigo alguno de la edad. Una piel tersa y pálida, como enferma, en la que incluso llegaban a insinuarse las venas de capas inferiores. Algo que contrastaba con sus párpados, de un color negruzco, como apagado. Y eso no era lo peor. Esa dentadura… perfectamente alineada, y ese brillo que brotaba de cada uno de los dientes, parecía ser una alerta semejante a la que usan la mayoría de animales venenosos: “No acercar, o atener a consecuencias”.

Fue entonces cuando mi olfato se encontró con otro elemento que nos diferenciaba de aquellos otros humanos. Al principio tenue, y poco a poco cobrando mayor intensidad hasta inundar todo el espacio alrededor nuestro. Ambos desprendían un aroma profundamente intenso, como si por la mañana hubieran estado aplastando rosas y madreselvas, eucaliptos y magnolias, concentrando su aroma natural y sobrecargándolo con algún potenciador para luego embadurnarse con él todo el cuerpo. A punto estuve de estornudar, pero la voz del que llevaba la delantera me lo cortó de raíz.

-P…perdonen, sé que están ahí. No queremos hacerles daño, solo tenemos algo que decirles –su voz sonaba frágil y aguda, como la de un animal herido. Sin embargo, la mano de Hoja Seca no cesó en fuerza a la hora de agarrarse a la mía.

-¿Hola? Sarah, nuestro asistente, os ha identificado… T…tienen una correlación del 99,8%. Estoy seguro que son ustedes. De veras, que tenemos grandes noticias que contarles.

Hoja Seca dio un paso al frente y las dos siluetas alargadas empequeñecieron súbitamente. La segunda masculló algo que no alcancé a oír, y se tapó con mayor ahínco las fosas nasales:

-¿Qué querer?

-Emm…Mire, ¿señor…? -al ver que no recibía contestación, continuó-. Mi nombre es Daniel Sierra González, @TickeBoy en… Bueno, Daniel Sierra. El caso es que, aunque no lo parezca -durante un instante hubiera jurado que había condescendencia en sus palabras-, tenemos un lazo familiar en común. Mire, mire…

Daniel Sierra dio vuelta a su tabla, y en ella pudimos observar una serie de dibujos que como por arte de magia se movían.

-¿Ve estas líneas de aquí? S…son las relaciones de nuestros antepasados. Mi bisabuelo era Pedro Sierra, antiguo trabajador de la ya extinta Amazon EMEA, casado con mi bisabuela, María. Con la C…crisis de las Máquinas perdió su puesto de trabajo, y se le asignó un nivel de Klout de 3,034. 1,5 por haber sido “un mero” ingeniero, 0,7 por su antigüedad y… el resto debido a diversos factores familiares y sociales que no vienen al cuento. El caso -la cara de sorpresa de Hoja Seca debió ser suficiente para que el hombre cogiera seguridad-. La RBU solo cubrió durante los primeros años a aquellos con K3,5. Su mujer, profesora, tenía K4,175, y esto, junto a seguramente otros factores, hizo que acabaran por separarse. Su hija, Diana, mi abuela, quedó con su madre, y mi tatarabuelo decidió irse “fuera”. He encontrado escasos registros digitales de su vida, pero todo apunta a que se casó con una… nativa de fuera del Mundo Globalizado. Por estos parajes la vida debe ser dura, y sin acceso a los adelantos del Mundo Globalizado seguramente murió joven, con poco más de 60 o 70 años. Pero tuvo hijos. Dos al menos, y parece que entre su descendencia actual están usted y su hija.

-¿Y qué? -la voz de Hoja Seca salió con fuerza e hizo retroceder a ambos.

-¡S…son buenas noticias, señor! Una nueva orden nos permite saltarnos el control excluyente de aquellos por debajo de K1,5 y “civilizar” a… bueno, a “salvajes” como ustedes dos ¡Le estoy ofreciendo un futuro para su hija y para usted! Un futuro en el Mundo Globalizado, sin tener que preocuparse más por los mosquitos o por lo que tengan que preocuparse ustedes en estos lares. El acceso a una sociedad basada en la abundancia, en el disfrute de la Vanalidad y la Felicidad que nos suministra el Estado.

-No me interesar -concluyó Hoja Seca-. Tú con todos esos aparatos, esclavos de la Comunidad. Yo ser libres, disfrutar de lo que la Naturaleza dar. Y envejecer, pero sentir estar vivos, con los míos. Mi padre, y el padre de mi padre, y el padre de mi padre de mi padre hablar de tú. Y no hablar bien, precisamente. No, gracias, no me interesar.

-Acaba ya, Daniel, tengo frío,... y este sitio huele fatal -gruñó la mujer que le acompañaba, mientras se giraba, dirigiéndose hacia la bestia de metal.

Hubo un silencio incómodo, mientras los tres mirábamos cómo la silueta iba poco a poco desapareciendo dentro del lomo de la máquina. El hombre frente a nosotros inspiró profundamente, cerró los ojos durante unos instantes, y volvió la vista hacia nosotros:

-… Creo que no me han entendido… No… no he recorrido miles de kilómetros fuera del Mundo Globalizado para preguntarle su parecer. Ahora no entiende la suerte que han tenido… -sacó de su ropa un pequeño objeto y lo dirigió hacia Hoja Seca-. Pero lo entenderá.

El objeto emitió un rayo de Sol y mi padre cayó al instante sobre los arbustos.

-Créame que lo entenderá… Y entonces no tendrá otra opción que agradecerme de por vida este encuentro. 

El objeto emitió un segundo rayo de Sol.

Continuará…

 

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Inspirada en la noticia del lanzamiento de los nuevas supermercados de Amazon, donde ya no hay trabajadores ni colas (ES), y en especial, a la lectura que ello conlleva, con la destrucción paulatina del status quo de persona como definición profesional del lugar que ocupa dentro de la sociedad.

Si le ha servido para pasar el rato, o incluso para pensar de manera divergente en el asunto, que sepa que puede invitarme a lo que vale un café (o incluso a lo que vale un café con churros) de dos maneras distintas :).

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