La Gran Mentira [relato distópico]

pais de las maravillas

La realidad que tanto usted como un servidor vivimos no lo es tanto. Se trata de una realidad artificial, manofacturada y fuertemente mediatizada. Una realidad que no existe, pero que todos nosotros entendemos como tal. Y no es que haya algo detrás (o delante), algo más allá. Tampoco entiende de credos o religiones (aunque estas puedan jugar un papel trascendente en su devenir).

Imagínese una hipotética sociedad pura. Individuos que un buen día deciden unirse formando una sociedad con el único interés de preservar su especie, con el único interés instintivo de supervivencia. Esta nueva sociedad podría considerarse que vive una realidad bastante cercana a la realidad absoluta. Pero entonces, dentro de esa sociedad, quizás entre dos individuos surja algún tipo de confrontación.

No tiene porqué tratarse de nada catastrófico. Dos puntos de mira distintos. Dos realidades distintas. Y es probable que con el tiempo este tipo de pequeñas confrontaciones se magnifiquen, englobando a otros individuos y creando distintas realidades.

Para luchar contra esta perniciosa pandemia (distintas realidades no hacen más que mermar el estado de bienestar de una sociedad), esta sociedad acuerda crear un Jurado de la Verdad. Un grupo de individuos cuya misión es salvaguardar la realidad absoluta. Aquella que les permitió nacer como sociedad. Y este jurado, a su vez, estará formado por individuos, cuyas realidades quizás ya no sean semejantes.

Pasa el tiempo, y la sociedad crece. Donde antes había unas decenas de personas, ahora hay cientos, y el papel del Jurado de la Verdad se vuelve por momentos inabarcable. Por dos motivos, principalmente.

El primero, es que no hay un consenso claro de qué es la realidad absoluta. De si en verdad eso importa, o la realidad debería ir adaptándose al entorno que se está viviendo. Para remediarlo, se crea otro grupo, esta vez dirigido a juzgar la buena fe del Jurado de la Verdad. A este grupo se le denomina Gobierno.

El segundo, es que las confrontaciones entre individuos de la sociedad son tantas y en muchos casos tan intrascendentes (aunque perniciosas para la vivencia en sociedad) que un simple grupo de individuos no puede hacer frente a todas las peticiones. Y la mejor manera que se encuentra para dar salida al entuerto es dotar a otro grupo más numeroso del poder para solucionar confrontaciones. A veces con su propia presencia, otras delegando en el Jurado de la Verdad. A este grupo se les denomina Fuerzas del Orden, y a su vez está formado por individuos cuya realidad ya no es absoluta.

Pasan los años (quizás incluso siglos), y lo que había sido una sociedad de unos cientos de individuos ahora es de millones. En el transcurso, las discrepancias entre los diferentes miembros de los diferentes grupos ha llevado a esta sociedad a dividirse y formar diferentes sociedades. Pero no se ha llegado a un consenso suficiente como para que todas estas sociedades dependan (o sean juzgadas) por un Consejo Superior. La misión principal (mantener la realidad pura) ha sido un fracaso, y cada sociedad evoluciona a su manera, en su propia realidad. Cada Gobierno dictamina una realidad distinta, y ese gobierno delega su palabra en un Jurado de la Verdad que tergiversa sus palabras, y que delega a su vez en unas Fuerzas del Orden que acatan la realidad a su modo, ante una sociedad incrédula, caótica y sorprendida por el tamaño de tal mentira. Una sociedad en guerra, con miedo y poco productiva.

Y es entonces cuando, de manera espontánea o mediante alianzas entre los distintos Gobiernos, la mayoría llegan a la conclusión de que quizás la realidad absoluta que protegieron sus antepasados es una falacia, y que lo que necesita la sociedad para prosperar en armonía es una realidad controlada.

Esta realidad debe venir de la mano de la autoridad. Bien sea por el uso de la fuerza o por el elemento de autoridad de una entidad superior divina, la realidad se conforma a las exigencias de aquellos que deben gobernarla, uniendo a esas sociedades en guerra bajo una misma ideología, un punto en común externo a todas ellas.

Y de nuevo, el tiempo acabará por demostrarles que la autoridad crea escepticismo entre los individuos de estas sociedades, y que quizás la mejor maquinaria para mantener una sociedad unida sea utilizar un sistema interno menos directo.

Así pasamos de una sociedad en la que la realidad viene auto-impuesta desde arriba, a una sociedad en la que la realidad que nace de uno mismo siguiendo un patrón enseñado en la Educación. A una realidad que usa el Mercado (punto en común entre distintas sociedades) como canal de distribución del nuevo bien, la Información. Unos medios de información encargados de bombardear ideológicamente a toda la sociedad (tanto individuo como miembros de las Fuerzas del Orden, Jurados de la Verdad o Gobierno), día tras día.

En ese trabajo de información, en las calles de esa sociedad siempre ocurren cosas horribles, y las Fuerzas del Orden siempre acaban por salir victoriosas. En ese trabajo de información, siempre hay una o varias guerras acechantes en algún rincón del mundo, pero nuestro Gobierno se encarga de protegernos. Ese trabajo de información mantiene el grueso de la sociedad ocupado, creando necesidades continuas de productos que hace tan solo unos meses ni siquiera existían, y que la misma sociedad debe crear con su trabajo para luego ahorrar lo suficiente para comprárselo. El tiempo pasa a ser también un recurso que hay que comprar, ya que ahora el tiempo libre se debe gastar en el Ocio.

Son los héroes de la sociedad, y deben ser considerados como tal. Quien redacta estas informaciones, en verdad lo cree así, puesto que parte de una realidad condicionada, instruida desde pequeño tanto por agentes internos (cultura, familia) como externos (Educación, Mercado, sociedad).

Y de esta manera, el individuo de alguna de estas sociedades vive con los sentimientos adecuados para cohabitar con el resto de individuos. Un poco de miedo por aquella o aquellas sociedades enemigas que le obligan a ceder su intimidad cuando el Gobierno así lo vea prudente. Conocedor que debe acatar un complejo entramado de normas y mantenerse en la mediocridad, ya que quien se sale es tachado socialmente de radical, y los radicales SIEMPRE pierden. Vive feliz en un engaño que le han enseñado desde pequeño, y al que tampoco tendría tiempo para rebatir, ya que el Ocio y el Trabajo ocupa prácticamente su día a día.

Así es como generación tras generación, el individuo nace, crece y muere de forma vacua. Nada ha cambiado, aunque dentro de cada instante temporal parezca que viven una vorágine de cambios. El sistema es el mismo. Los Gobiernos intercambian nombres y re-definen qué significa cada concepto, pero siguen siendo los mismos, y la sociedad prospera sin evolucionar.

 

P.D.: Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia… ¿o no?

 

_

Puede leer más de estas piezas distópicas bajo el tag Relatos.

Si le ha servido para pasar el rato, o incluso para pensar de manera divergente en el asunto, que sepa que puede invitarme a lo que vale un café (o incluso a lo que vale un café con churros) de tres maneras distintas :).

hazme patrono pabloyglesias