adobe flash player

Corría el año 1996 cuando FutureWave, una pequeña compañía californiana, saca al mercado FutureSplash Animator (EN), un software que venía con la firme decisión de RE-VO-LU-CIO-NAR (así, en mayúsculas y por separado) el tratamiento de gráficos vectoriales.

¿Es que hasta entonces no se podía hacer? Pues… sí.

¿Dónde estaba entonces la revolución? Pues en que la herramienta era capaz de crear una animación AVI en el estándar de resolución de aquel entonces (320×200) que ocupase tranquilamente 6 veces menos.

¡6 malditas veces menos!

Que, considerando las velocidades de Internet que se manejaban en la época, era algo que sonaba hasta mágico.

¿Y ya está? Pues no.

Porque además de hacer esta «MaJia», FutureSplash Animator permitía mediante un plugin incrustar esos gráficos en cualquier web.

  • ¿El precio del software? 250$.
  • ¿El del plugin? GRATIS.

El nacimiento del rey del vídeo y los gráficos

FutureSplash Animator sería el último producto que lanzase FutureWare antes de ser adquirida por Macromedia (enero de 1997), que le cambió el nombre a otro que quizás ya te suene más: Flash.

Unos cuantos meses de desarrollo, y ese mismo año saldría Macromedia Flash 2, que además de toda la «MaJia» que ya ofrecía la versión inicial, ahora incluía audio y varias importaciones y exportaciones a diferentes formatos.

El éxito de Flash fue tal que en apenas un año ya se había vuelto, de facto, el estándar de la industria del diseño web. Con un lenguaje de etiquetado HTML que permitía poco más que crear una tabla y asignarle colores, los cantos de sirena de Flash, con transiciones en tiempo real, con elementos que interactuaban entre sí, parecían, por si no lo he dicho ya, «MaJia».

De páginas web, al boyante nuevo negocio de la publicidad digital (banners dinámicos, ¡OMG!), y de esto, a la creación de videojuegos que se reproducían DIRECTAMENTE en el propio navegador.

El usuario solo tenía que instalar un plugin gratuito para que, de pronto, su navegador se volviese la puerta de entrada a un mundo cibernético repleto de dinamismo.

Y así pasaron los años. Algunos recordamos con ilusión añeja aquella época en la que te ponías a diseñar en flash como si no hubiera un mañana. A coleccionar enlaces de juegos de navegador que pasabas con tus amigos para picaros a ver quién era capaz de sacar más puntuación.

Que puede sonarte a tontería, pero recordemos que en aquel entonces no era todavía tan habitual tener una consola en casa, y que los que nos molaba el vicio dependíamos de ir presencialmente a los recreativos.

Pero si hubo algo que hizo que Flash directamente explotase, ese algo fue, sin lugar a dudas su irrupción en el mundo de la reproducción online.

¿Cómo? Pues como ya conté no hace mucho, gracias a que esta fue la tecnología base con la que una pequeña startup hizo historia.

Y sí. Estoy hablando de ¡Youtube!

Para mediados de la primera década del siglo XXI, todo ordenador que pretendiese conectarse a Internet y disfrutar de las principales páginas del momento, tenía que tener instalado sí o sí Flash.

Tanto que en 2005 un gigante de la talla de Adobe compró Macromedia por la nada despreciable cifra de 3.600 millones de dólares. Una compra multimillonaria que se hizo única y exclusivamente por Flash (el valor del resto del catálogo y patentes de Macromedia valía calderilla al lado de este software).

Pasaríamos así unos cuantos años en los que parecía que nadie ni nada podría apagar la gallina de los huevos de oro de Adobe.

Ni siquiera el hecho de que la W3C impulsase varios estándares abiertos como HTML5 o CSS3 que venían a ofrecer buena parte de las funcionalidades que ofrecía de forma privativa Flash.

¿Quién necesitaba una alternativa abierta cuando Flash funcionaba tan bien, verdad?

Pues lo cierto es que bajo ese imperio dorado, había cada vez más mierda.

El iPhone (entre otros) marcó el principio del fin

Pese a que Adobe se había liado a incluirle cada vez más y más funcionalidad, lo cierto es que en todo este tiempo se habían juntado una serie de catastróficas desdichas que probablemente solo un genio del nivel de Steve Jobs podría haber constatado.

En un post (EN/ya borrado, pero recuperado gracias a TimeMachine) en la página de Apple, el bueno de Jobs anunció que los iPhones y iPads dejarían de ofrecer compatibilidad con flash.

En un momento en el que, recordemos, cerca de una tercera parte de las páginas en Internet lo usaban.

La defensa de Jobs pasaba por señalar las innumerables fallas de seguridad que tenía versión tras versión Flash. Aunque entre líneas, por supuesto, estaba el hecho de que hablábamos de una tecnología de la que Apple no tenía control, y eso frisaba directamente con la estrategia más que conocida de la compañía de ser dueños y señores de todo lo que ocurre en su ecosistema.

Así que ese era el escenario en 2010. Una tecnología usada por la amplia mayoría de Internet que, de pronto, dejaría de tener soporte en uno de los sistemas operativos del futuro. El CEO de Adobe (Shantanu Narayen), que para colmo había trabajado en su día en Apple, cargó públicamente contra la decisión de Jobs sin reconocer su parte de culpa (a fin de cuentas, los problemas de seguridad de los que hablaba Steve eran ciertos), y esto complicó aún más las cosas.

Apple echaría hacia atrás la medida unos meses más tarde, permitiendo que los desarrolladores subieran aplicaciones diseñadas en Flash (y, quizás también, para librarse de la esperable demanda del Departamento de Justicia por prácticas monopolísticas).

La guerra entre Apple y Adobe seguramente fue la gota que colmó el vaso, pero recordemos que ese vaso ya llevaba tiempo llenándose tanto de problemas de seguridad como de estándares oficiales que permitían hacer lo mismo pero sin depender de un plugin propietario.

Desde entonces hemos vivido una etapa de muerte en vida. Flash, como gigante que ayudó a crear las tripas de lo que hoy entendemos con Internet, llevaba unos años siendo un mero zombie.

Adobe anunciaría en 2017 que desistía (EN), y que mantendría actualizaciones críticas hasta finales de 2020. A partir de estas fechas, de hecho, ya oficialmente está muerto.

Lo que ha supuesto Flash

Es curioso la de pestes que he echado desde entonces a esta tecnología. Y es que razón no me falta. Llevamos una década sufriendo los problemas de seguridad y hasta cuelgues y errores críticos que mandaban a la mierda el sistema operativo debido a este plugin.

Es más, justo este año aún he tenido que migrar rehacer una web (ya en WordPress, por supuesto) de un restaurante que estaba hecha en flash, y que por supuesto me ha costado errores tan siquiera ejecutar para ver qué habían hecho y recuperar algunos textos e imágenes.

Pero no quería despedirme de Flash sin recordar lo que ha supuesto para la evolución de Internet.

Muchos empezamos a diseñar páginas gracias a Flash. Y todos, absolutamente todos, tenemos la red que tenemos hoy en día gracias a aquel FutureSplash Animator.

Sin Flash, probablemente el internet de la actualidad estaría aún al menos una década por detrás a nivel de interoperatividad, usabilidad y compatibilidades.

  • Facilitó el acceso a contenido «pesado» cuando las conexiones no lo permitían.
  • Democratizó el acceso a gráficos vectoriales, lo que ha permitido generar industrias tan core hoy en día como es la de la generación de contenido audiovisual, la del videojuego, e incluso la publicitaria.
  • Google, Facebook o Amazon, por ponerte tres ejemplos de compañías que hoy lideran los rankings mundiales de empresas más valiosas, probablemente no hubieran existido. O al menos, no al nivel que lo hacen hoy en día.

En definitiva, que pese a que sin lugar a dudas en esta última década ha causado más daño que bien, estamos donde estamos gracias al trabajo y la visión de los ingenieros de FutureWave.

Por todo esto quería despedir a Flash como se merece.

Gracias por todo, viejo amigo.

¡Y hasta nunca!

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