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Negocios Seguros

Pensaba, sinceramente, no volver a hablar de los vaivenes de la red de microblogging.

De la euforia inicial por la compra de Elon Musk, a plantearnos el presunto mundo apocalíptico al que nos dirigía con la pérdida de relevancia de Twitter, hasta la dejadez que al menos a un servidor ya le produce todo lo que venga con un @elonmusk o un #twitter por el medio.

Como ya dije en su día, no se me ocurre un peor re-lanzamiento de un producto que lo que ha ocurrido con Twitter. Y ese artículo, que tiene ya más de medio año, sigue tan vigente como si hubiera sido escrito esta misma mañana.

El drama de esta última semana no deja más que claro que la red social está en las últimas.

LIMITAR EL ALCANCE EN UN PRODUCTO QUE VIVE PRECISAMENTE DEL ALCANCE

A principios de la semana pasada, amanecíamos con un tweet de Elon avisando de que a partir de entonces, los usuarios que no fuéramos de pago solo podríamos ver en el timeline un máximo de 600 tweets por día, los recién llegados 300, y los que pagasen, 6000.

A las pocas horas, ha ido matizando lo dicho, y aumentando sistemáticamente esa cantidad hsta los 1.000 para los usuarios gratuitos y 10.000 para los usuarios de pago.

Esta medida, sin embargo, es a todas luces absurda.

Y ojo que lo dice una persona a la que, personalmente, ni le va ni le viene. Llevo ya meses usando Twitter como lo que es para mi: una mera plataforma de difusión. Entro a diario, publico el contenido del día (de hecho suelo hacerlo desde herramientas de terceros, ni tan siquiera desde la interfaz oficial), reviso un poco el timeline y sobre todo las menciones, y me voy, por lo que va a ser difícil que llegue a ver ese cartelito de “has llegado al límite de consumo de tweets en el día”.

Pero pongámonos en situación:

Hablamos de una red social que vive (o vivía…) de la publicidad. Antes de que llegase Elon a la plataforma, el 90% de los ingresos de Twitter venían de la publi.

Tras su llegada como si de un elefante en una cacharrería se tratase, buena parte de los grandes anunciantes se han ido.

Insider Intelligence pronosticó en abril que los ingresos publicitarios globales de la red social caerán este año a $ 2,98 mil millones de dólares. Esto representaría una disminución de 28%, con respecto a lo alcanzado en 2022. The New York Times (EN) informó que las ventas publicitarias de Twitter ya cayeron 59% en abril, en comparación con el mismo período del año pasado.

Pero es que para los que quedan, ¿qué sentido tiene seguir apostando por una red donde se está limitando el alcance de sus contenidos?

Que vale que lo mismo el objetivo de Musk es depender menos de la publicidad, y centrar el tiro en su sistema de membresía.

Pero estamos en el mismo escenario que antes.

Si ya antes no le veía sentido a pagar por usar Twitter (pese a que sistemáticamente está capando funcionalidades que antes eran gratis para hacerlas de pago), ¿qué sentido tiene ahora pagar si justo lo más interesante de la membresía, que es el aumento artificial del alcance de mis publicaciones, va a estar mermado precisamente porque hay un límite también artificial al número de publicaciones que pueden ver el resto de usuarios?

Musk se defendía aludiendo al abuso sistemático que están teniendo las herramientas de machine learning que usan las IAs para aprender el lenguaje humano a partir de su plataforma. No le falta razón, ya que como expliqué en otro artículo de hace unas semanas, está claro que empresas como Open AI se han aprovechado sistemáticamente del contenido que todos nosotros publicábamos abiertamente (y no tan abiertamente también…) en redes sociales, foros… y blogs como este.

Que el negocio de las redes sociales pasará por seguir ofreciendo a estas IAs el acceso a nuestro contenido… pero pasando por caja.

Ya sabes, cobrar a terceros por tu trabajo, y que tú no te lleves nada.

Sin embargo, hay una razón de peso (la verdad detrás de esas mentiras) para el movimiento que ha hecho Twitter estas últimas semanas, y no es otro que las deudas que tiene con sus proveedores de cloud.

TWITTER NO ESTÁ PAGANDO FACTURAS

La situación económica de la red social tiene pinta de ser terrible, y esto está conllevando algunos de los movimientos recientes que parecen, a priori, absurdos.

Contratos como los que tiene con Google y Amazon están en peligro. Musk se negó durante días a pagar Google Cloud, como informaron en Platformer (EN), y ha pasado prácticamente lo mismo con los servidores que tiene contratados en Amazon, según The Information (EN).

Con esto en mente, un bloqueo artificial del número de tweets que podemos consumir supondría, a priori, una menor carga contratada en ambos cloud, y por tanto, ganar algo de tiempo para obtener liquidez y poder pagar las deudas antes de que el servicio deje de funcionar.

Lo que ya de por sí, supone aún mayor incertidumbre tanto para anunciantes, como para los actuales suscriptores de Twitter Blue.

Estar pagando por un servicio que funciona a medio fuelle, que no para de cambiar las reglas de juego, y que para colmo está limitando precisamente lo que hace interesante invertir en la plataforma.

Mal asunto, la verdad…

P.D.: La semana que viene quiero también dedicarle unas palabras a Threats, la nueva propuesta de Meta/Facebook/Instagram, porque aquí hay hostias para todos.

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