El otro día Adrienne Porter Felt, directora de ingeniería en Google Chrome, daba unas declaraciones a Wired (EN) que sin duda no dejarán a nadie indiferente:

La gente lo ha pasado mal tratando de entender las URLs. Son difíciles de leer, es difícil saber qué parte de ellas se supone que debemos confiar, y en general no creo que las URLs estén funcionando como una forma válida de transmitir la identidad del sitio.

El tema no es nuevo, y de hecho Chrome en su día probó a cargarse la URL mediante el llamado «Origin Chip» (imagen que acompaña este texto), que no era más que una manera de ofuscar la URL y mostrar únicamente el dominio.

¿Que querías ver toda la URL? Pues clicabas en el dominio y ya te mostraba todo. Pero por defecto, si tenías esto activo, únicamente verías el dominio, sin la ruta final.

Por cierto, que duró en la versión beta de Chrome apenas unas semanas. O era muy temprano para hacerlo, o la idea no resultó ser tan buena como esperaban.

Y es un tema del cual ya me he pronunciado en alguna que otra ocasión.

Lo cierto es que las URLs son confusas de utilizar, y como ya hemos visto, están sujetas a mecánicas de tergiversación verdaderamente peligrosas.

El que existan acortadores de enlaces tampoco ayuda, ya que cualquiera puede ofuscar una URL maliciosa en un acortador, dando apenas información al usuario de hacia dónde van a llegar si clican en ella.

Pero la cosa es qué hacer para solventarlo.

Un mundo sin URL se me antoja un mundo mucho menos abierto. A fin de cuentas, ahora tenemos la posibilidad de buscarlo en Google… o teclear directamente la URL.

Y respecto a las campañas de phishing, ahí está el papel de los que estamos concienciando en materia de seguridad, informando de la necesidad de asegurarse que la conexión se hace mediante un HTTPs, y que esto no significa que la URL sea legítima, solo privada.

En fin, que es un tema muy interesante, que me recuerda a aquel momento en el que Google se sacó de la manga AMP como manera de mostrar contenido en móviles mucho más rápido.

Y es que a fin de cuentas, por mucha filantropía que podamos esperar de Google, hay que recordar que sigue siendo una empresa y que por tanto hay intereses económicos en todos sus movimientos.

Que las URLs son el enemigo… porque están sujetas a mecánicas de tergiversación… y también de paso porque son la alternativa a su buscador.

Una alternativa minoritaria, claro, pero no por ello nociva para su negocio.

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