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Las fake news son un problema de muy difícil solución por tres motivos principales:

  1. La verdad no es única: Para la mayor parte de problemas del mundo real, no hay una verdad absoluta, sino diferentes maneras de comprender la realidad que nos rodea. El mundo no es blanco o negro vaya, es gris. Pero lo gris es más difícil de comprender (requiere aceptar parte de esas verdades incómodas), acostumbrados como estamos a soluciones fáciles a problemas complejos. Algo en lo que se basa cualquier campaña de tergiversación informativa, partiendo de algunos principios reales para luego diseñar una realidad a medida tergiversando su comprensión.
  2. Nos sentimos cómodos reafirmando nuestras creencias: La base del sistema informativo de nuestra sociedad. Cuando antes se compraba un periódico, se compraba el periódico o periódicos que a esa persona, por sus ideales, más le gustaba (más cómoda se sentía leyéndolo). Y pasa exactamente con el resto de canales informativos, redes sociales incluidas, donde la línea editorial es una creada ex profeso para cada uno de nosotros en base a nuestros intereses. Esto quiere decir que leeremos solo el contenido que compartan aquellos a los que seguimos que el algoritmo de reconocimiento cree que nos puede simpatizar más, obviando el del resto, y generando esas cámaras de eco y burbujas de filtros de las que ya hemos hablado en más de una ocasión.
  3. El papel de una red social no es informarnos, es retenernos: Que no hay que olvidar este hecho. Una red social no deja de ser un negocio que se basa en mostrar publicidad, ergo, en que el usuario pase el mayor tiempo posible navegando por ella. Por eso, no interesa que te informes de forma efectiva (estarías menos tiempo), sino que pierdas el tiempo (consumiendo, por ejemplo, contenido que simpatiza más con tus ideales o que es justo al contrario, para crear indignación y como explicaba justo en el párrafo anterior) para poder mostrarte más información y recopilar más datos de ti.

Junta estos tres puntos en una batidora y tienes la receta perfecta para el desastre.

Si el grueso de la sociedad utiliza las redes sociales como sistema informacional, pese a que esas redes sociales no han sido diseñadas para informar (el negocio es diametralmente opuesto) y están sujetas a potenciales tergiversaciones (ya expliqué por aquí lo poco que cuesta cambiar el voto político de un porcentaje significativo de la sociedad), es cuestión de tiempo que se utilicen, como ya se están utilizando, como arma.

Sobre las noticias falsas

Hay por supuesto un interés social, incluso desde el ámbito corporativo (lavar imagen, ya sabes) por minimizar el impacto de las noticias falsas.

En algunos casos, amparándose en esos apaños de moderación del discurso que han demostrado ser útiles, pero insuficientes, y que además entrañan por sus propias dinámicas potenciales riesgos a futuro.

Sin embargo, la prueba (EN) que ha hecho recientemente Twitter forzando a que leas la noticia antes de compartir un enlace me ha parecido sencilla y a la vez muy pragmática.

Es más, los resultados que arroja, aún al ser claramente sesgados (habría que ver qué impacto tendrá tras unos meses ya acostumbrados a ver el disclaimer de marras), son esperanzadores:

  • Un 40% más de clicks en el link: Ergo se rompe un poco más ese zero link al que aspiran las redes sociales actuales, devolviendo un poco de valor al creador del contenido.
  • Un 33% más de gente leyendo el contenido ANTES de compartirlo: Que debería ser lo habitual, pero que bien sabemos que no ocurre.
  • Una caída de RTs tras la lectura: Por eso de que aquí hasta el más tonto utiliza titulares clickbait, y contenido de calidad hay poco.

Todo por un pequeño popup que avisaba, justo tras darle a RT, que no habías leído el artículo, y que sería recomendable que lo hicieras antes ya que «el titular puede no dice toda la historia».

De esos cambios de interfaz sencillos y magistrales, que espero se implanten como norma y no como excepción, debido a que ayudan a minimizar la absurdez de KPIs que manejamos en el mundo digital. Y quizás, incluso, a controlar aunque sea ligeramente, la proliferación de noticias falsas.

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