Hace unas semanas tuve el privilegio de participar en un debate en COPE sobre un tema que ha generado mucha controversia: la decisión de algunos medios, como The Guardian o La Vanguardia, de abandonar la red social X (anteriormente conocida como Twitter). En el programa, presidido por Pilar García Muñiz (ES), estuve acompañado de cracks de la talla del periodista Lorenzo Silva (ES), de la periodista de El Independiente Ana Cabanillas (ES), y del director adjunto de La Vanguardia, Enric Juliana (ES), discutiendo los motivos detrás de esta decisión, y sus implicaciones para el ecosistema mediático.
Aunque la conversación giró en torno a la aparente «deriva derechista» de X bajo la dirección de Elon Musk, de la cual, de hecho, ya he dedicado un episodio del podcast justo antes de las elecciones norteamericanas, los argumentos expuestos reflejan un problema más profundo: el equilibrio entre libertad de expresión, control del discurso y la relación de dependencia entre medios de comunicación y plataformas digitales.
Te dejo por aquí mi intervención, y luego desarrollamos en el artículo los temas tratados:
Más libertad de expresión, pero a un precio
Uno de los puntos centrales del debate fue el cambio en la moderación de contenidos que Musk implementó tras adquirir X. La plataforma, ahora mucho más permisiva, permite expresiones y opiniones que antes habrían sido moderadas o eliminadas. Este cambio ha dado pie a una mayor diversidad de voces, pero también ha convertido a X en un espacio más polarizado y, en ciertos casos, más hostil.
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Te envío cada lunes a las 7am un email con toda la actualidad sobre tecnología, seguridad y negocios digitales.Aunque algunos argumentan que esto representa un avance en términos de libertad de expresión, no podemos ignorar el impacto que esta mayor libertad tiene en el discurso público. Como comenté en el episodio del podcast antes enlazado, un estudio reciente de Fortune reveló que el 90% de los perfiles nuevos en X terminan viendo contenido de Elon Musk incluso sin seguirle.
Esto evidencia un cambio hacia una plataforma más editorializada, donde la libertad de expresión se da, pero bajo la sombra de los intereses de su propietario. En otras palabras, el discurso es libre, pero, ¡oh, sorpresa!, está fuertemente influido por las prioridades de Musk.
Teorías de la conspiración: un viejo problema con un nuevo enfoque
Durante el debate, se mencionó que The Guardian justificó su salida de X por el aumento de teorías de la conspiración, muchas de ellas alineadas con la derecha estadounidense. Esto no significa que antes no existieran teorías de la conspiración en la plataforma, sino que, según el medio británico, el algoritmo ahora favorece aquellas que coinciden con los intereses del dueño de la red.
Es importante entender que este fenómeno no es exclusivo de X. Todas las redes sociales operan bajo algoritmos diseñados para maximizar la retención de los usuarios, y el contenido polarizador es altamente efectivo para lograrlo. Sin embargo, en el caso de X, el sesgo editorial parece más evidente, ya que la plataforma amplifica ciertas narrativas mientras desprioriza otras. Esto se traduce en un entorno donde el debate no siempre es justo ni equilibrado.
El sistema de verificación: ¿solución o problema?
Otro tema polémico que discutimos fue el nuevo sistema de verificación de cuentas.
Musk lo presentó como una medida para garantizar la oficialidad del contenido, pero en la práctica ha abierto la puerta a nuevos riesgos.
Vamos, exactamente lo mismo de lo que ya alerté cuando se presentó, antes tan siquiera de que se pusiera en funcionamiento.
Por ejemplo, las bandas organizadas que difunden desinformación han encontrado en las cuentas verificadas un medio para ganar legitimidad y visibilidad.
Un caso paradigmático fue el de las botnets indias que utilizaron cuentas verificadas para manipular la narrativa sobre la tragedia del vuelo DANA. Este ejemplo no solo pone en duda la efectividad del sistema de verificación (ya te digo yo que no solo no funciona, sino que es contraproducente), sino que también resalta cómo la monetización del «tick azul» ha creado incentivos perversos que benefician a actores malintencionados..., y, por supuesto, también a Elon Musk.
Quizá el punto más revelador del debate, que intenté sacar en la llamada sin enfurecer a los allí presentes, fue la reflexión sobre la relación entre los medios de comunicación y las redes sociales.
Sin embargo, esta dependencia también tiene límites.
En términos de alcance, y como expliqué en este otro episodio del podcast centrado en el fin de la hegemonía del enlace, X representa una fracción cada vez menor del tráfico para la mayoría de los medios. Por eso, decisiones como abandonar la plataforma tienen más sentido político que económico.
Al desmarcarse de X, medios como The Guardian y La Vanguardia buscan posicionarse frente a su audiencia como defensores de ciertos valores, criticando una plataforma que consideran dañina para el discurso público. Y además, a nivel económico, el impacto de esta decisión es limitado, ya que X ya no es un canal clave para la mayoría de estas organizaciones.
Vamos, que se anotan dos tantos con un mismo disparo.
¿Es hora de replantear el modelo?
La discusión en COPE dejó en claro que estamos en un momento crucial para los medios de comunicación y su relación con las redes sociales. La salida de medios de X no es solo una reacción a los cambios en la plataforma, sino también una oportunidad para reflexionar sobre cómo interactuamos con estas herramientas y qué tipo de discurso queremos fomentar.
- ¿Es posible encontrar un equilibrio entre libertad de expresión y control del discurso?
- ¿Deberían los medios seguir confiando en redes sociales para su distribución o es hora de apostar por modelos más independientes?
Estas preguntas no tienen respuestas fáciles, pero son necesarias si queremos un ecosistema mediático más sano y equilibrado.
A mi me sigue costando encontrar las respuestas, sinceramente…
Pese a ello, hay una cosa que sí tengo claro: Los creadores de contenido debemos seguir estando en la plataforma.
Más que nada porque si nos vamos, dejamos al grueso de la sociedad vulnerables, aún más, a la desinformación de los que ahora mismo el algoritmo (y Elon Musk) simpatiza.
Pese a que ya no sea un sitio para hacer negocio (legítimo, al menos). Pese a que sea, hoy en día, un estercolero de odio y bulos.
Mi intención, por tanto, es la de seguir por allí dando caña. Al menos, mientras pueda permitírmelo (tiempo y recursos destinados).
Creo que es lo más sensato, sinceramente.
Y tú, ¿cómo lo ves?
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