tiktok menores

Raquel Holgado, periodista del 20 Minutos, me escribió hace unos días con el fin de preguntarme una serie de dudas que tenía sobre la prohibición, en China, del uso de TikTok en sus menores durante más de unas pocas horas a la semana, y su posible limitación también en países occidentales como España.

Por supuesto, accedí, y el medio acabó publicando un reportaje en el que menciona mis palabras.

Dejo como otras tantas veces por aquí las preguntas y respuestas que compartí con Raquel:

¿Qué tecnología se usa actualmente en España para el control parental hacia menores de edad? 

Hay numerosas herramientas para ello.

Por resumirlo lo máximo posible, tenemos dos grandes grupos:

  • Las herramientas que bloquean el tráfico a según qué tipologías de contenido: Bien sea ofrecidas por la propia operadora de telecomunicaciones (por ejemplo, son muy conocidos los filtros anti-piratería y los de pornografía que ofrecen estas telco, a veces, como en el caso de lo primero, de forma forzosa al usuario), bien sea mediante sistemas que discriminan a qué webs y/o aplicaciones estamos accediendo desde nuestros dispositivos, bloqueando la conexión.
  • Las herramientas que bloquean el acceso a según qué programas, páginas webs o aplicaciones: Lo que venimos llamando herramientas de control parental, y que pueden venir instaladas por defecto como una funcionalidad más del sistema operativo (por ejemplo tanto los móviles Android como iOS actuales incluyen herramientas de este tipo), o pueden ser de terceros (herramientas comerciales que nos permiten gestionar los accesos del menor desde otro dispositivo, generalmente bajo un pago mensual).

En su día publiqué un artículo en mi página explicando cómo podemos preparar un dispositivo móvil para que lo usen los menores de forma segura, por si le quieres echar un vistazo.

¿Hay posibilidad de regular el tiempo que pasan los hijos de forma efectiva? 

A ver, posibilidad de regular siempre hay. Y es más, técnicamente es posible hacerlo.

Como bien sabes, TikTok ya desarrolló un sistema de control parental en su app que permite a los padres definir un tiempo máximo de uso en la herramienta, y pasado ese tiempo, la app se bloquea a no ser que el usuario meta un código que por razones obvias recibirán los padres.

Y sin ir más lejos, un servidor en su día reconocía públicamente que pasaba demasiado tiempo viendo vídeos chorras. ¿Qué fue lo que hice? Pues como explico en este otro tutorial, me autoimpuse un máximo de 30 minutos al día mediante el propio sistema de Bienestar Digital que ofrece prácticamente cualquier móvil actual, y oculté la app en una carpeta de la pantalla principal, de forma que cada vez que quería abrirla, tenía que darle un click extra para buscarla, y no la veía por tanto cada vez que encendía la pantalla.

Solo con estas dos cosas reduje drásticamente el uso de la app hasta el punto que pueden pasar días sin que tan siquiera la abra.

Obviamente, yo soy un adulto y puedo autocontrolarme. Con los menores, que no son conscientes la mayoría de las veces del impacto que puede llegar a tener ese consumo efímero y constante de dopamina, hace falta que sean los padres (y quizás no tanto los jueces, si me preguntas a mi) quienes establezcan unos límites justos y dediquen tiempo en enseñarle al menor cómo usar este tipo de herramientas de manera productiva.

¿Sería posible algo como lo que promueve China de la limitación del tiempo de uso del móvil según la edad de los más pequeños, sin vulnerar la protección de datos de Europa? 

Por poder, es posible. Piensa que la limitación se puede gestionar mediante funcionalidades que operan a nivel local en el dispositivo, y que por tanto, no requieren exponer más datos de consumo a terceros.

Es decir, que aquí la GDPR tiene poco de lo que preocuparse.

Otra cosa es que lo vea viable y necesario:

  • Viable porque estaríamos imponiendo limitaciones de uso en una zona del mundo que precisamente se vanagloria de dar libertad absoluta a sus ciudadanos. Recordemos que China es una dictadura, y lo que tenemos por Occidente son democracias. Al gobierno chino no le tiembla la mano a la hora de espiar masivamente a sus ciudadanos, y decidir por ellos qué pueden o no pueden hacer en una suerte de infantilización del consumo digital. Por Occidente, y salvando contados casos como el de Reino Unido y su cruzada con la pornografía, o el de Polonia y el continuo hostigamiento hacia las personas LGTBI+, es raro que algo así llegue a aplicarse a no ser que, para variar, lo maquillen como una necesidad de Seguridad Nacional. Exactamente lo mismo que hizo el Estados Unidos de Donald Trump cuando se dieron cuenta de que, por primera vez en la historia, una app no norteamericana era la que recopilaba datos de sus menores y decidía qué contenido consumían estos. Que lo lleve literalmente décadas haciéndolo Meta con Facebook, Messenger, WhatsApp, Instagram y un largo etcétera de aplicaciones, pues como que daba igual. Pero que lo haga una empresa china es otro cantar.
  • Y necesario porque, de nuevo, creo que esto debería ser competencia de los padres, y no del Estado. Abrir la veda a que sea el gobierno de turno quien decida qué podemos o no hacer es muy, pero que muy peligroso. Porque sí, hoy puede ser limitar a, por ejemplo, una o dos horas el uso de TikTok, una app que en efecto no aporta más que un entretenimiento banal, y que como cualquier abuso, podría llegar a ser perjudicial para unos ciudadanos menores de edad que están formando aún su cerebro. Pero mañana igual la limitación se enfoca a Youtube, porque claro, hay películas con derechos de autor subidas ilícitamente y hay que mantener contentos al lobby cinematográfico. O pasado la cruzada es contra el cifrado de WhatsApp, ya que claro, al no poder el gobierno acceder a nuestras conversaciones, la herramienta se está usando también para, por ejemplo, compartir vídeos e imágenes de pornografía infantil… Eso y que lo mismo hay usos que por tiempo podemos considerar abusivos de una app como TikTok, que son totalmente legítimos. Sin ir más lejos, en CyberBrainers gestionamos perfiles de influencers que por razones obvias pasan mucho más tiempo del que el usuario «medio» consideraría como sano en la app, pero es que es su trabajo hacerlo… ¿Ves por dónde voy? El Estado debería tener el poder justo y necesario, y no entrometerse en lo que hace el ciudadano en su día a día siempre y cuando, por supuesto, no afecte negativamente al resto de la sociedad.

¿Por qué motivo suele prestarse tanta atención al tiempo que pasan los menores con el móvil?

Ha pasado siempre.

Ahora es el móvil, pero recuerdo perfectamente la de discusiones que tuve yo con mi madre de pequeño, primero porque pasaba mucho tiempo jugando a «los marcianitos», y después porque pasaba mucho tiempo «en Interné».

Cada época tiene su cruzada propia con alguna tecnología o actividad.

La única verdad es que, generalizando, el abuso (de cualquier cosa, ojo) suele ser negativo. Para un menor sobre todo, pero también para un adulto.

Tan malo es no hacer nada de deporte, como meterse la hora y media diaria que nos metíamos algunos, fines de semana incluidos, por estar en un equipo de natación.

Y tan malo es pasarse cuatro horas «perdidas» delante de una pantalla, como negarle al menor el que adquiera las competencias digitales necesarias para que el día de mañana, cuando tenga que usar esa herramienta, esté en desventaja frente al resto.

El problema de todo esto es que no hay un número mágico y global entre lo que es un uso correcto y un abuso, y por tanto, acabamos tirando de intervalos de tiempo maximalistas.

Haciendo un símil con el deporte y la alimentación, parece que de un tiempo a esta parte hemos asumido que lo sano es caminar al menos 10.000 pasos al día (un número totalmente inventado, y que de hecho, hasta hay estudios que aseguran que puede ser contraproducente para en según qué intervalo de edad poblacional se aplique). Y lo mismo pasa con las grasas, o ya puestos, el colesterol, que en su día asumimos que como máximo deberíamos consumir un huevo al día, cuando la realidad es que es de las proteínas más completas y sanas que existen, y que obviamos que existe colesterol bueno y mal, igual que grasas que son necesarias y otras que, en efecto, sí podemos obviar por completo.

Pues lo mismo con el uso tecnológico.

Es más fácil simplemente decir que debemos, por ejemplo, usar tal aplicación como máximo 90 minutos, y asumir por tanto que 90 minutos es el número mágico que separa un uso correcto de uno incorrecto, que valorar qué se hacen esos 30, 90 o 270 minutos dentro de la aplicación. Que TikTok, como el resto de redes de entretenimiento actuales, nos muestran contenido basado en una segmentación algorítmica… basada en nuestros propios intereses. De manera que somos nosotros quienes, en esencia, podemos decidir que nos muestre, por ejemplo, vídeos educacionales donde aprendamos, o vídeos de chicas ligeritas de ropa bailando.

Por debajo, por supuesto, está una empresa con ánimo de lucro que lo único que quiere es que pasemos más y más tiempo consumiendo contenido en ella (y con ello, monetizando nuestro tiempo con más anuncios). Pero somos nosotros, como usuarios o como padres, quienes podemos dirigir esos algoritmos hacia lo que aporta (a nosotros o a nuestros hijos, si les enseñamos a usar adecuadamente este tipo de herramientas).

Puedes leer el reportaje completo en el 20minutos (ES).

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