mail privacy

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Este fin de semana dedicaba una pieza a hablar de Private Relay, una nueva funcionalidad, presente en la futura versión de iOS, que muchos confundieron con una VPN, y que realmente ofrece otra cosa.

En la pieza, de hecho, profundizaba sobre sus diferencias, y hablaba, de pasada, de otra funcionalidad anunciada junto a Private Relay, que tiene el nombre de Mail Privacy, y que a prior se me antojaba bastante más interesante.

¿La razón?

Básicamente estamos ante un bloqueador de tracking de pixeles en emails, por defecto incluido dentro de la app de correo de iOS.

Aunque como todo, el diablo está en los detalles.

Pagando justos por pecadores

Partamos del hecho de que el tracking en email (o en cualquier otro escenario) es, a priori, un mal menor que afecta a nuestra privacidad.

Bajo esta premisa, y si queremos matar a moscas con cañonazos, lo suyo es, en efecto, bloquear todo y listo.

El problema es que de hacerlo, estamos haciendo pagar justos por pecadores a un porcentaje significativo de usuarios y creadores de contenido.

Me explico.

Imaginemos la hipótesis número 1

Juan necesita enviarte un mail, y además saber si lo has abierto o no. Para ello, hace uso de alguna aplicación del tipo Mailtrack que incluye automáticamente a todos sus emails un pixel de seguimiento, de forma de que cuando tú abras ese email, a él le llegue un aviso de que «lo has leído». Una vez, o miles. Las veces que lo abras.

Ahora pongamos la hipótesis número 2:

Juan tiene un negocio (físico u online) que ha aglutinado (sea de forma legal, sea de forma ilegal) una ingente base de datos de correos a los que sistemáticamente les envía spam. Spam que probablemente quienes lo reciben no han dado su consentimiento explícito para hacerlo, y que además acompaña con un pixel de seguimiento para hacer remarketing, es decir, volver a enviarle el email de turno a aquellos que lo hayan abierto (o aquellos que no) para ser aún más pedante.

Ahora pongamos la hipótesis número 3:

Juan tiene una página web donde habla, digamos, de bicicletas, a un grupo de entusiastas que han visto oportuno suscribirse a su lista de correo para que periódicamente Juan les envíe información. De hecho, gracias a esa cada vez mayor base de datos, Juan puede ganarse un sueldito con campañas publicitarias sobre bicicletas que trata con mimo en su newsletter, y que consigue gracias a poder enseñar, con el pixel de seguimiento, la tasa de apertura que tiene. Descontando que, de nuevo gracias a ello, sus suscriptores acceden a contenido y ofertas que les interesan, y que de otra forma no tendrían.

De estas tres hipótesis, creo que estaremos la mayoría de acuerdo que tanto la primera, como la segunda, son dañinas para el usuario. La primera de forma directa (es un abuso de la privacidad), y la segunda de forma indirecta (se está abusando de una funcionalidad y para colmo incumpliendo la normativa vigente).

Pero gracias a Mail Privacy, los tres «Juanes» van a verse limitados. Con la gravedad de que, para colmo, el peor perjudicado será el tercero. El que menos culpa tiene. El que está haciendo un uso lícito a esta funcionalidad.

Este es el problema de forzar por defecto funcionalidades, sin caer en el impacto que puedan llegar a tener en el resto del tejido tecnológico.

Los pixel de seguimientos en emails son un mal menor que puede ser utilizado para hacer daño (como pasaba en el primer y segundo caso), o para hacer el bien (como ocurre con el tercero).

Es más, decía que el peor perjudicado es precisamente el tercer Juan porque por cómo está diseñada la industria del marketing en la actualidad, el número de suscriptores y la tasa de apertura de emails son prácticamente los únicos criterios en los que se basan las agencias de comunicación a la hora de decidir promocionar a sus clientes en una u otra newsletter.

Un tema del que ya hemos hablado en más de una ocasión, y que de hecho, a un servidor le afecta de refilón.

Con una comunidad eminentemente teckie, de profesionales de la industria (la mayoría, de hecho, me leéis desde oficinas que cuentan ya con su propia red interna que bloquea el tracking), y para colmo preocupados como estáis por la privacidad (ergo con bloqueadores instalados en vuestros dispositivos), llevo años literalmente peleándome con empresas de marketing para hacerles entender que pese a que Mailchimp me marque que de media me abrís la newsletter un 35-40% de los envíos, la realidad es que puesto que elimino periódicamente a los inactivos, rondaré el 90-95% de tasa de apertura.

Ahora, cuando la nueva versión de iOS esté en el mercado, veremos cómo, de pronto, la tasa de apertura de muchísimas newsletter bajarán significativamente. Lo que de facto complicará más aún el conseguir patrocinadores, obcecados como están la mayoría con la dichosa métrica de tasa de apertura.

Sobre todo en el mercado estadounidense, donde se calcula (EN) que el 93,5% de todos los correos que se abren desde móviles proviene de iPhones.

¿Que sería lo perfecto? Pues que Apple pudiera discriminar el uso que se le da a ese pixel de seguimiento. Algo que se me antoja verdaderamente complejo de hacer, pero no imposible.

Menos aún para la empresa más valiosa del mundo…

Simplemente limitando esta funcionalidad a todos los pixeles que vengan firmados por las ya clásicas extensiones del tipo Mailtrack, nos quitamos de un plumazo la mayor parte de usos malintencionados que hay, dejando funcionar a aquellos usados en comunicaciones masivas, como es el caso de las newsletter.

Exactamente el mismo escenario (aunque en este caso, mucho más agresivo) que ocurre con las cookies y los sistemas de tracking en las webs. Safari bloquea por defecto cualquier script de seguimiento, sea este tan potencialmente invasivo como lo es el de Facebook, sea simplemente uno de analítica interno.

A esto lo llamo yo matar moscas a cañonazos.

Un intento de posicionarse en pro de la privacidad y en contra de los negocios basados en la publicidad… pese a que con ello, su propio negocio publicitario se vea beneficiado (está pasando, por ejemplo, con la publicidad en la App Store).

O quizás un golpe en la mesa para que esa industria marketiniana, tan acostumbrada al tracking, cambie de parecer. Algo mucho más complejo de conseguir, sinceramente.

Una de cal, y otra de arena.

Para variar…

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Articulo exclusivo PabloYglesias