#ManipulaciónInformativa (I): mass media como la nueva religión

Leía el otro día el análisis del último libro de Alain de Botton, The News: A User`s Manual (ES), y su tesis me sirve como anillo al dedo para tratar un tema tan peliagudo como actual: la filosofía que hay detrás de un periodismo gestionado por la publicidad y el gobierno, que debido a su extensión, he decidido dividir en dos entregas bajo el hashtag #ManipulaciónInformativa.

infoxicación

Básicamente la postura de Alain es que el periodismo de los grandes medios de comunicación se basa en dos principios, envidia y terror. Envidia en la forma de vida de las celebrities, que además alimenta el consumismo (y por ende, el capitalismo), y terror en forma de esas píldoras diarias que sacan a relucir lo peor de la sociedad, y las cuales generan titulares e imágenes destacadas con mucho peso en redes sociales, lo que facilita su difusión e infantiliza la labor comunicativa. Esto le lleva a comparar el periodismo con la religión, en tanto en cuanto cumple un propósito parecido (controlar grandes volúmenes de personas) utilizando las mismas herramientas.

La foto se agrava cuando entra en juego la variable monetaria, y nos damos cuenta que todos grandes medios obtienen beneficios o bien de la publicidad (tema que dejaré para el próximo artículo) o bien de subvenciones públicas/privadas, cuyo interés no es precisamente informar, sino más bien tener un canal masivo desde el que lanzar las campañas oportunas.

Así podemos llegar a casos como el Español, con un lobby formado por grandes medios de papel que han llegado a un acuerdo con el gobierno para que éste apoye una reforma que les permita imponer un Canon a los medios digitales. Los primeros consiguen financiación basada en el elemento de autoridad (de nuevo un must de la religión) sin tener por ello que adaptarse al mundo digital, y los segundos, una mirada “más permisiva” a los continuos casos de corrupción política que atesoran los titulares de este país.

El tejido en el que se da cita esta estrategia está tan bien elaborado que se nutre de la propia necesidad de la sociedad de adquirir conocimiento, de tal manera que los medios de comunicación han degenerado un producto (la información) de gran valor para adaptarlo a las necesidades de los que pagan. En un mundo adormecido, en el que existen herramientas para contrastar información pero no acaban usándose precisamente por lo democráticas y accesibles que están, la nueva realidad es la que se marca en los mass media, aunque sea distinta de la que vivimos. Un estado en el que el consumidor no es dueño de lo que consume, relegado a la arbitrariedad de unos algoritmos como el News Feed de Facebook, las búsquedas en Google o el de revistas digitales como Flipboard que escogen por nosotros qué nos es interesante y qué no.

Se limita de forma voluntaria la capacidad de las nuevas tecnologías para que el canal de entrega de información sea gestionado por intereses muy distintos al puramente informativo. De cuando Facebook, basándose en tu historial, en el de tus contactos y en el peso de las noticias patrocinadas, decide que la represión a los ciudadanos negros en Misouri (ES) no es algo que a usted le interese, ya que ni vive allí ni ha demostrado alguna vez interés en ello (y por supuesto, no hay patrocinio por detrás para ese tipo de contenido).

Un carro al que Twitter, que hasta ahora podíamos considerar imparcial, parece que está empezando a subirse (ES), y que dibuja un panorama bastante negro para el consumidor.

Por supuesto, donde unos ven paredes otros ven puertas, y quizás el futuro de la industria de la información sea esa, y la del usuario sea la de labrarse un sistema crítico o incluso agnóstico de todo lo que consuma. El seguir consumiendo a sabiendas de que lo lees seguramente tenga un interés oculto. El romper con el control de los canales de comunicación y generar el tuyo propio (el RSS sigue siendo tan útil como hace una década), contrastando opiniones y apoyándote en el valor de la comunidad, que puede estar o no influenciada por esta industria, pero que resulta a priori más difícil de controlar.

Porque el periodismo de siempre es cíclico. No informa, genera noticias. Patrones que pueden ser hasta reproducidos artificialmente. Es el conocimiento que sea capaz de obtener de ellas un consumidor lo que aporta el alimento necesario para suplir nuestra ansia de aprendizaje.

 

Imagen de vlue, Miedo y censura (ES) cedida por Depositphotos.com.