#ManipulaciónInformativa (II): periodismo al servicio de la publicidad

Continúo con el ensayo sobre el valor de los mass media como medios de control masivo, publicado bajo el hashtag #ManipulaciónInformativa.

bloggers y periodistas

En el artículo anterior, centrábamos el debate en la dependencia de la industria de la comunicación de subvenciones que normalmente o vienen del gobierno, o vienen de entidades privadas, y cómo ello está llevando tanto al canal (redes sociales/aplicaciones) como al mensaje a servir puramente intereses de quien paga y no a informar a la sociedad.

En este post quería hablar de la otra pata monetaria, que me toca de forma más cercana, y que tiene como epicentro la publicidad. Quizás en este punto un servidor juegue con ventaja, ya que para mi esta web no representa directamente mi modo de ganarme la vida, y en los medios en los que colaboro, el valor viene dado por generar una comunidad y no tanto por monetizar el servicio. Escribo aquí porque me gusta, porque me sirve de repositorio personal (como ya he dicho otras veces, seguramente soy mi más fiel usuario) y porque representa el mejor canal para darme a conocer y posicionarme en el sector.

El dinero directo que me ofrece la web es algo más bien anecdótico (de hecho se podría decir que a cuanto más gano, más invierto en la mejora de la misma, por lo que en sí no saco beneficio). He prescindido de banners de publicidad como tal puesto que los considero molestos (yo mismo suelo tener activo por defecto el plugin Ad Block Plus, que se encarga de no mostrarme este tipo de anuncios, y que solo desactivo en webs que de verdad hacen uso de una publicidad no invasiva).

También hago artículos patrocinados (¡Oh dios mío, te has vendido!), pero siempre y cuando la empresa que me contrata cumpla mis requisitos. Los artículos patrocinados en este blog son artículos que se marcan como tal (siempre he avisado de ello), están escritos por un servidor después de probar el producto o servicio que enlazo, y salen de una crítica personal, que expone lo bueno y lo malo. En ningún momento he mentido o he tenido que obviar algún punto porque ese producto o servicio sea patrocinado. De hecho he dicho que no a bastantes empresas (la última una conocida red social de ligoteo española) porque o bien querían únicamente un artículo que les favoreciera, o bien porque el producto o servicio a patrocinar no entraba dentro de mis intereses.

Esto lo hago yo, porque puedo permitírmelo, claro está, pero ocurre que la mayoría de bloggers y medios que sí viven de esto quizás no estén en la potestad de elegir. Ese parece ser el caso de Sport Ilustrated, una editora que recientemente despedía a 500 de sus trabajadores, y que según Gawker.com (EN), utilizó para la toma de decisión mediciones en hojas de excel como la de abajo en las que se tenía en cuenta y se calificaban numéricamente “skills” como la afinidad del periodista para escribir artículos favorables a quienes pagan y la capacidad que tenía este para llegar a las masas.

gawker

Esto está pasando. En la mayoría de bloggers con una influencia relativamente alta, en todos los periódicos y medios digitales que viven de la publicidad. A veces (las menos) informando de que está ante un artículo patrocinado, otras veces ni eso. El escritor está obligado a favorecer una mirada menos crítica a la empresa o gobierno de turno porque eso les permite (sobre)vivir.

Y se vende como contenido informativo, objetivo (para aquellos que la objetividad es su lema). La información que consumimos no siempre tiene como objetivo informar, y es importante que nos demos cuenta de ello.

¿Se puede generar contenido de valor y tener contentos a los de arriba? Un servidor así lo cree, pese a que el mercado demuestra lo contrario (¡WTF!, ¿50 millones extra de inversión a una empresa que se dedica a hacer listas virales? (ES)). La reputación de un medio es mucho más importante que el dinero. De hecho la reputación acaba ofreciendo más valor que el dinero. Cuidarla debería ser el pilar de cualquier mass media. El pegar un puñetazo en la mesa y dejar claro que su misión es informar, no servir de canal de adoctrinamiento.

Que esto funcione como está funcionando tiene un efecto secundario positivo: genera una sociedad mucho más crítica. Una sociedad que sabrá consumir de forma inteligente el contenido, separando el grano de la paja. La propia idiosincracia de la publicidad hace que esta vaya perdiendo valor con el tiempo, conforme el consumidor aprende a entenderla e incluso, a aquella que no ofrece ningún atractivo, a obviarla.

Y cuando los artículos patrocinados que tan bien funcionaban ya no les funcionen, y tengan que encontrar otra vía para monetizarse, se darán cuenta que la audiencia los ha abandonado. Que su reputación está por los suelos, y que las estrategias de la Iglesia (recuerde, envidia y terror) ya no sirven.

 

Imagen de viviamo, Café control (ES) cedida por Depositphotos.com.