El factor estético y cultural a la hora de elegir la mejor cámara en móviles

mejor foto smartphone

Tenía ya desde hace tiempo escrita esta pieza, y por una u otra cosa la he tenido parada en borradores hasta hoy.

El caso es hace unas semanas por Xataka (ES) Anna Martí publicaba los resultados de una encuesta que habían hecho a los lectores del medio de cara a ver qué smartphone sacaba las mejores fotografías.

La forma de realizarla, eso sí, era a ciegas. Varias fotos sacadas en el mismo momento y lugar con diferentes dispositivos (8 smartphones que podemos catalogar de gama media alta o superior, muchos de ellos incluídos en el top de smartphones de este año) que los lectores debían valorar, por supuesto sin saber qué foto correspondía a qué terminal.

¿La conclusión?

  • Pues el ganador relativo (teniendo solo en cuenta las preguntas donde todos los terminales participaban, ya que otras, como las de grandes angulares o teleobjetivos, por razones obvias, no todos los dispositivos podían competir) fue el Sony Xperia XZ3 (ES), que un servidor ni siquiera lo hubiera incluido en el top del año.
  • Y el ganador absoluto (teniendo en cuenta todas las preguntas, se participe o no) fue el Xiaomi Mi 9 (ES), seguido por apenas un punto del Samsung Galaxy S10+ (ES). Dos terminales que claramente son topes de gama, pero que al menos a nivel de reviews tecnológicas han quedado enterrados bajo los que se suponía eran los grandes ganadores a nivel fotográfico de esta generación: Huawei P30 Pro (ES), iPhone XS Max (ES) y el Pixel 3XL (ES).

Es más, el Pixel 3XL ha quedado penúltimo. Y fíjate que al menos para un servidor sería el ganador incuestionable (estuve hace poco a punto de comprarme el Pixel 3a (ES) precisamente por esto mismo).

Vuelvo varios meses atrás al vídeo que publicaba Marques Brownlee haciendo lo propio con los terminales que nos ha dejado este último año.

¿El resultado?

De nuevo tanto el Pixel 3 como el P20 Pro quedaron pronto fuera de la carrera. El Mate 20 Pro (ES) fue el ganador, seguido de cerca por el Pocophone F1 (ES/junto con el Mi A2 mi preferido de esta generación) y, ojo, ¡por una blackberry!

Ver en Youtube (EN)

¿Por qué pasa esto?

Aquí habría que acudir a diferentes frentes.

Para empezar, el usuario medio no tiene ni idea de fotografía (a nivel técnico, me refiero). Esto es una obviedad como un templo, y genera una bola de nieve que hace que, por ejemplo, cuestiones tan críticas a la hora de valorar la calidad de una fotografía como el nivel de artefactos y granos que pueda tener llegue incluso a ser considerado un complemento positivo para el usuario de calle, que encuentra en estas limitaciones una manera rápida y sencilla de «edulcorar» la realidad de la toma. De dotarla de mayor exclusividad.

Es, de hecho, la misma situación que históricamente se ha producido en el cine. Asociamos una imagen nítida y bien contrastada con las series de televisión (telenovelas), y en cambio abrazamos el grano con entusiasmo en el cine, habida cuenta de que en su momento el celuloide y los proyectores producían estos artefactos (una mera limitación tecnológica).

Exactamente lo mismo que bajo mi humilde opinión juega en contra de rehabilitar títulos antiguos en videojuegos intentando meramente trasladar la jugabilidad del momento a nuestros días sin ser conscientes de que actualmente hay un bagaje histórico que rompe esa cuarta pared llamada nostalgia.

Marques se dio cuenta de que, por regla general, las fotos más luminosas eran las que más puntos ganaban… siempre y cuando no estuviesen quemadas, claro.

Un servidor añadiría además que para entender qué le lleva a pensar al usuario de a pie que una fotografía es mejor que otra, tenemos también que meter en la ecuación el medio por el que va a ser consumida. Que hablando de smartphones es puramente digital, y por apurar más, se monopoliza prácticamente entre redes sociales y servicios de mensajería.

Es decir, que realmente para que un smartphone sea considerado que saca buenas fotos, sus piezas deben tener algo que las hace únicas después de que esa foto haya pasado un proceso de conversión para subirse a una plataforma social, perdiendo por el camino buena parte de la calidad que quizás en su origen tenía.

  • Lo que por un lado iguala un poco el escenario entre smartphones con sensores y procesado más avanzado, y otros (generalmente más baratos) con tecnologías más antiguas o limitadas.
  • Y por otro tiende a favorecer a aquellos smartphones que pintan la imagen con mayor colorido y brillo, pese a que eso no represente la realidad con tanta fidelidad como las buenas cámaras.

Juntas todo esto y tienes el caldo de cultivo perfecto para que:

  • De cara al periodismo tecnológico: Comprendan de una vez que por mucho análisis técnico, lo que busca el usuario de calle son impresiones humanas.
  • De cara a los fabricantes: Que les toca apostar más por la fotografía computacional, y estrujarse los sesos a la hora de ofrecer la mejor calidad fotográfica de forma automática (que el usuario simplemente tenga que darle a sacar foto y listo) dejando una fotografía con un equilibrio adecuado entre realismo (calidad objetiva) y retoque fotográfico (que si HDR, que si toma filtro, que si vamos a subirle la luminosidad, que si de paso vamos a quitarte unos años de encima).

Lo cual tiene a mi modo de ver un corolario nada halagüeño, al cual de hecho le dediqué una pieza no hace mucho. Porque si la sociedad está demandando este tipo de fotografía, estamos asumiendo que preferimos trasladar los artefactos (filtros, HDR, retoques) que hasta ahora estaban en la capa final de la cadena (servicios de compartición como redes sociales y mensajería) a la propia operativa de la cámara, retratando un presente que no será real, pero que sin lugar a duda será más estético y mucho más exitoso a nivel social.

Y hablo principalmente de todos aquellos recuerdos fotográficos en los que salimos. Porque a este paso dentro de unos años cuando veamos nuestras fotos o bien se producirá ese extraño momento en el que nuestro Yo del pasado parecía infinitamente más jovial y guapo que el actual (que puede pasar ojo, pero no quizás con tan marcada diferencia), o lo que es aún más preocupante: que hayamos asumido que nuestra identidad viene dada por la imagen que los dispositivos crean de nosotros, convenientemente retocada, en un ciclo tortuoso con el status quo incuestionable y profundamente injusto de la realidad.

Eso o que en algún momento toda esta burbuja del filtro fácil acabe explotando. Porque al final nos movemos por tendencias, y lo mismo que ahora parece que lo que mola es dejarte cara de alien en los selfies (ya sabes, ojos muy grandes, labios apretados y poco mentón), quizás el día de mañana apostemos por retratar justo lo que echamos de menos, que es la cruda naturaleza tal cual nos parió nuestra madre.

En unos días me llega el Xiaomi Mi 9T (ES), así que seguramente seguiremos hablando de cámaras :).

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¿Quieres conocer cuáles son mis dispositivos de trabajo y juego preferidos?

Revisa mi setup de trabajo (ES).

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