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FamaIO

Donde hay interés, hay negocio. Esto está más claro que el agua.

Es más, y ahora que no nos oye nadie, te contaré que estoy desde noviembre preparando un artículo en el que analizo qué saben algunas de estas compañías de análisis de datos personales con técnicas OSINT sobre mi persona. Una pieza en la que vengo a defender el hecho de que incluso aquí en Europa, cuna de defensa de la privacidad, existe una suerte de «Crédito Social Chino», aunque no sea ni de lejos tan distópico, y su impacto esté centrado principalmente en factores económicos, no de tinte social o político.

Pero mientras espero que me responda el último servicio consultado (se están haciendo esperar…), me ha gustado el relato de un tal Bruise Almighty (EN/no es un nombre real por si te lo preguntas) que se quejaba amargamente de que cuando hizo unas comprobaciones de sus cuentas sociales por motivos de trabajo recibió un PDF con 300 páginas con básicamente todos los tuits que a lo largo de su existencia en Twitter había marcado como «me gusta» y también todas las veces que dijo fuck.

La empresa a la que acudió se llama Fama (EN) y su web ya deja una sensación de repelús al verla: dicen que filtran a los empleados y potenciales nuevos empleados para evitar el «comportamiento tóxico en el lugar de trabajo».

Que ayudan a las empresas a «identificar miles de comportamientos relevantes al empleo, como el racismo o el acoso, sin exponer a los empleadores a riesgos innecesarios o trabajo manual». Algo que normalmente debería detectar un ser humano en una entrevista. Se automatiza tanto antes como después de la contratación.

Por supuesto por detrás lo único que están haciendo es utilizando la API de Twitter, presumiblemente mediante apaños alegales (automatización de crear IDs periódicas con cuentas fake) para bypasear sus limitaciones y aplicarle un filtro de búsqueda de palabras mal sonantes o expresiones que podrían o no estar relacionadas con factores homofóbicos, racistas, xenófobos y compañía. Matar moscas a cañonazos, vaya. Datos personales como moneda de cambio.

Aunque ya te digo yo que puesto que todo el proceso está automatizado, se va a comer una cantidad enorme de falsos positivos. La ironía y la sátira como que no encaja con la inteligencia artificial.

Falsos positivos que por supuesto el cliente ha pagado, y que ya es cuestión del cliente (un supuesto departamento de recursos humanos) el hacer o no la criba humana.

En fin, que una cosa por el estilo pero con análisis humano incluido es lo que hago con mis clientes reputacionales. Cuando hay presupuesto suficiente (mediana o gran empresa normalmente), establecemos un sistema de analítica social (sistemas de alerta temprana en el argot técnico) que parten de una base en efecto automatizada y apoyada por el trabajo previo estratético y lingüístico, y otra fase de análisis humano que es la que al final hace la criba y aporta VALOR.

Pero claro, el marketing que puedo hacer yo a nivel profesional no está ni de lejos al nivel de estas agencias con presupuestos putoinflados (aprovecho que la RAE recientemente ya me permite decir de forma oficial puto- (ES)) en base a rondas de inversión millonarias…

Y el corolario de toda esta reflexión no es que en efecto por unos pocos euros (o unos cuantos miles según el caso) puedas tener un reporting automatizado de tus trabajadores y/o del grupo de personas que te de la real gana, sino que estos datos personales son puros datos, al no haber análisis y segmentación real que los transformen en información.

Eso y que la sociabilidad digital perenne, como ya hemos defendido por estos lares mucho tiempo, tiene más bien poco sentido.

Un servidor hace tiempo que automáticamente borra todas mis intervenciones en Twitter, dejando solo la de los últimos 3 meses.

Ese formato de storys que en su día desarrolló acertadamente Snapchat y que Facebook ha copiado hasta la saciedad en todas sus apps se me antoja un futuro de sociabilidad con muchísimo más sentido.

Publicas algo, y en 24 horas, a no ser que lo guardes, desaparece.

Un acercamiento a la sociabilidad que tenemos en el mundo de carne y hueso. ¿Qué sentido tiene que lo que yo diga en mi día a día quede siempre registrado, si en mi vida fuera de Internet esto no ocurre?

Máxime si hay por ahí organizaciones pensando que esas métricas, y peor aún, esos datos personales que he expuesto, dan valor sin un tratamiento mínimamente analítico.

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