El “no me gusta” y el equilibrio de la empatía en un entorno digital

no me gusta

Lo comentaba de pasada en el artículo de ayer, y creo que merece un tratamiento a fondo.

La foto que acompaña este post relata lo que seguramente tanto usted como un servidor vive casi a diario en el muro de Facebook.

Ante la mayoría de actualizaciones de estado, el Me gusta se presta como acertado. A fin de cuentas, la red social es un hervidero de actualizaciones que tienen como objetivo generar en el resto la idea aspiracional que cada uno tenemos de nosotros mismos, y por ende, parece adecuado darle el dedo hacia arriba como muestra de apoyo.

Es, de hecho, uno de los logros que ha implantado la proliferación de la web social a internet. Simplificando al máximo la interacción (lo que de facto disminuye la ya de por sí baja barrera de entrada), lo que se consigue es una participación más amplia y duradera. Que sí, que escribir un comentario es sin lugar a dudas mucho más interesante, pero conlleva un gasto de energía tan sumamente alto (nótese la ironía) que al final la mayoría caemos en lo clásico (RT, +1, pin it, recomendar, y por supuesto, Me gusta).

Botones sociales que antiguamente estaban anclados en la propia plataforma, y que acabaron por imponerse como simplificación del apoyo o interés sobre una temática cualquiera en la red. Esos mismos botones que sirven a una red como Facebook para tracearnos dentro y fuera de sus murallas, generaron un entorno rico en compartición de inquietudes, y lo mejor de todo, con un coste marginal (un solo click, que se dice pronto).

Cómo cubrir la extensa red de sentimientos con un simple botón

¿Cuál es el problema entonces? Que el abanico de posibles razones por las que una persona interacciona con un contenido bebe de un nutrido abanico de causas, que difícilmente se quedan recogidas en el ya consabido Me gusta.

¿Qué pasa cuando un amigo lamenta la muerte de un familiar? ¿Tiene sentido darle Me gusta a una publicación sobre el abuso animal? ¿Nos gusta en verdad que ese proyecto que con tanto esmero comenzaron unos amigos acabe por echar el cierre?

Está claro que no, pero por otro lado, la indiferencia tiene una connotación claramente negativa. Y escribir un comentario lleva demasiado tiempo…, así que ¿qué hacemos? Darle a Me gusta, y con ello, generar la incertidumbre (inconscientemente) sobre las razones de ese Me gusta. Una duda, amparada por la compleja red sentimental que pueda o no unirnos con ese conocido, y multitud de factores externos (estado de ánimo, cultura, escenario específico, historial de interacciones pasadas,…), puede hacer que como en el caso de la imagen, esa interacción tenga que producirse por comentario, algo de lo que sin duda no todos estarán por la labor, lo cual es un verdadero problema para la plataforma (menos interacción, menos business (ES)).

En busca del equilibrio entre empatía y simplificación

¿La solución? Muy pero que muy compleja de hallar.

Encontrar alternativas a ese botón que por un lado, sean consecuentes con el momento y estado adecuado, y por otro, que esto ni complique la interacción con la plataforma, ni pueda servir de elemento negativo para el buen rollo que Facebook quiere seguir ofreciendo.

Porque no, no habrá un botón de No me gusta como tal (EN), ni mucho menos veremos escenarios con ambas posibilidades, ya que ello transformaría a Facebook en una suerte de ecosistema de karma, en el que habría opciones para elegir y una valoración a dos niveles (positivo y negativo) que no le interesa a nadie.

Un Reddit o un Menéame, a fin de cuentas, donde lloverían aún más hostias (que se dice pronto), habida cuenta de que Facebook todavía (y pese a esa paulatina evolución hacia plataforma de consumo de información) sigue trabajando el apartado social (actualizaciones personales, subida de fotos del día a día, idas de olla varias, etc, etc).

¿Habrá un escenario en el que una foto de perfil pueda ser valorada positiva y negativamente? Ya le digo que no, al menos por ahora. Al menos mientras Facebook siga interesado en ofrecer un espacio de comunicación personal.

Lo que sí habrá, presumiblemente, serán actualizaciones de estado específicas que o bien la herramienta gestionará como recomendación automáticamente (reconvirtiendo por ejemplo un “Me Gusta” por un “Lo lamento” en el estado de un conocido fallecido”), o bien sería el propio usuario el que tendría opción de elegir entre una lista acotada de elementos, como a día de hoy se hace con ese “me siento…” que acompaña a cada actualización.

Una verdadera odisea en cuanto a diseño y usabilidad de un servicio tan masivo como Facebook, y que seguramente acabe por afectar a la concepción propia de la empatía en entornos virtuales.

Una red creada principalmente (y quitando usos tergiversados del objetivo inicial) por el afecto que nos une con el resto de conocidos, actualizando su mayor éxito (la masificación de un botón que denota apoyo o interés sobre algo) hacia un elemento líquido, adaptativo, y que quizás acabe por resultar nocivo (o cuanto menos curioso) para esa plataforma formada por más de mil quinientos millones de personas.

Porque precisamente de eso se trata. De generar un entorno que anime a utilizar la plataforma, que nos retenga más tiempo dentro de ella (o al menos dentro de su radio de acción), y que sea flexible y adecuada para cada situación.

No es ni mucho menos un camino sencillo, se lo aseguro. Y acabará llegando de forma muy pero que muy escalonada, tremendamente limitada en posibilidades.

Porque la inclusión de esa pata empática es un arma de doble filo. Tan pronto puede ser usada para en verdad ofrecer un escenario más adecuado, como para favorecer la proliferación de valoraciones negativas, incrementadas ya de por sí por el ego personal de cada uno, y por los primos de Zumosol que se añadan al debate.

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Ni siquiera quiero imaginármelo. No me gusta :D.