web 1.0

Leía el otro día The Web Is Fucked (EN), uno de los ya habituales manifiestos en contra de lo que viene llamándose la Web 3.0, y que empieza de esta manera:

La Web está jodida. Esa es la triste situación en la que nos encontramos: se acabaron los días de la Web 1.0, en los que el humilde blog personal y los productos de la talla de GeoCities reinaban de forma suprema.

En su lugar, nos hemos quedado con los restos podridos de la Web 1.0, donde la centralización, los monopolios y el seguimiento están a la orden del día.

Es una mierda.

Internet ha sido monetizada por las redes sociales, por las grandes tecnológicas y por los motores de búsqueda. Joder, ha sido monetizada por casi todo el mundo. Todo el concepto de internautas y de comunidad en torno a la Web, de finales de los 90 y principios de los 00, se ha perdido en las arenas del tiempo.

Lo dicho, es una mierda.

Este es mi manifiesto; una advertencia a todos los que usan la Web. La Web está jodida y eso no va a cambiar.

A partir de entonces, ya te puedes imaginar.

Habla de lo bien que se vivía en «los viejos tiempos», con, al parecer, sitios diferentes, originales y divertidos, y no portales calcados unos a otros.

A nivel de diseño, por supuesto, un mundo perfecto en el que no había javascript, y por tanto nada de trackers. Simplemente contenido, la mayoría en texto plano, y colores horteras.

¿Y lo mejor de todo? No había negocio. La gente generaba contenido porque le apetecía compartir, sin maquiavélicos complots para lucrarse por las horas dedicadas a tamaña empresa.

Luego continúa hablando de la llegada de la Web 2.0. De lo que portales como Facebook y Google supusieron para el futuro de Internet. Corporaciones vestidas de startups jóvenes que venían a mejorarnos la vida, y que acabaron volviéndose, según sus palabras, en pura mierda centralizadora con intereses económicos.

Y de ahí, a la Web 3.0, de la que estamos aún a las puertas. De ese metaverso a lo Ready Player One… pero de Hacendado, que nos van a querer meter hasta en la sopa, por eso de que Internet ya esté en todos los sitios, y no solo en nuestras pantallas.

Concuerdo, pero…

Dejando aparte el calentón que lleva el chaval encima escribiendo esto, hay parte que por supuesto comparto.

Un servidor tuvo en su día un foro en phpBB sobre actualidad (no solo tecnológica, ojo), y recuerdo asistir al nacimiento de los blogs con interés de ver en qué acababa todo aquello.

Es más, PabloYglesias, esta página, nació precisamente con esa vocación hacker de compartir, y 10 años después, aquí seguimos, escribiendo a diario, sobre todo para mi (tener una agenda a la que consultar cuando quiero saber qué pensaba sobre tal tema) y para los que os apetezca seguir aprendiendo conmigo.

La Web 1.0 iba de eso precisamente. De compartir, y ser compartido.

Sin más ínfulas.

Sin embargo, me da que esa mirada tan alegre al internet de los años 90 (al menos lo que nos llegó por estos lares) obvia, como suele pasar cuando miramos algo desde la óptica de la nostalgia, todos los peros que tenía.

Y sí, hablo por ejemplo de esas páginas con música MIDI activa por defecto, que te bombardeaban a GIFs animados… en una época que, recordemos, el afortunado era el que tenía 56kbs de ancho de banda.

Que entrabas en una página, y por mucho fondo estático y texto que tuviera, tardaba en cargar medio minuto.

El manifiesto idolatra portales como Yahoo! y GeoCities, amo y señor de las búsquedas por aquel entonces, o nuestro querido Terra, que quizás a muchos nos pilló más cerca, y obvia que lo que hizo que al final Google se llevase el gato al agua fue, precisamente, simplificar las búsquedas hasta el extremo.

Que pasamos de auténticos mastodontes de portales web llenos de hiperenlaces y banners (sí, banners, con esos dichosos GIFs animados por todo el lado llamándote la atención), a una página limpia que cargaba a la velocidad del rayo, con un logo y una caja de búsqueda en medio. Punto.

De pronto, esa Web 2.0 que algunos tanto odian, permitió que pudieras estar en contacto con esos familiares que viven a demasiados kilómetros de distancia gracias a unos perfiles en redes sociales, o a que pudieras dar con esta página buscando un tema del que yo ya había escrito… sin ser esta página un gran portal de millones de visitas.

Y sí, la Web 2.0 trajo consigo también los sistemas de tracking. Ese mal endémico del Internet de la actualidad que ha permitido cosas tan terribles para la sociedad como que… alguien que dedica media o una jornada diaria a crear contenido en Internet, pueda, quizás con suerte, vivir de ello.

geocities homepage
Un ejemplo de lo que la Web 2.0 nos salvó 🙂

¡Sacrilegio!

Se rompe así la virginidad del contenido creado únicamente para compartir, y surgen emprendedores que acaban siendo empresas que acaban transformándose en corporaciones maquiavélicas que monetizan todo a su paso.

En esa Web 2.0, por cierto, de pronto puedes hacer compras sin salir de casa. Y mira qué bien nos ha venido cuando hace un par de años un virus conquistó el mundo entero…

Que si no nos hemos ido a la mierda en 2020 es, en parte, porque todos nos pudimos quedar bien resguardaditos en casa viendo series y jugando a videojuegos en esa Web 2.0.

O, ya puestos, esa maldita Web 2.0 ha permitido que hoy en día cualquier persona, en casi cualquier parte del mundo, pueda conectarse desde un dispositivo que lleva en el bolsillo contigo, y chatear, hacer videollamadas y hasta venderte la moto.

Ahora estamos a las puertas, como decía, de la Web 3.0, y de nuevo, de los intentos de esas grandes corporaciones nacidas bajo el sol de la anterior Web de que pasemos aún más tiempo dentro de sus fronteras, con eso de la realidad aumentada, la realidad virtual, y el metaverso.

Y surgen las criptomonedas, que tienen la osadía de ofrecer una alternativa descentralizada (fíjate tú, como lo que proponía la Web 1.0…) a la centralización histórica del capital económico en manos de cada gobierno.

Y aparecen los NFTs, que además de servir para especular (como se ha hecho toda la puta vida en todos y cada uno de los derroteros donde el ser humano ha metido la mano), abren la veda a que los generadores de contenido puedan monetizar su trabajo con royalties traceables en contratos inteligentes.

Unos smart contracts que, precisamente, abren la veda a descentralizar la histórica figura de cliente/servidor de la Web 1.0. Fíjate tú, oye, que lo mismo esa malvada Web 3.0 acaba haciendo que dependamos menos de esas grandes corporaciones que están impulsándola.

Pero sí, un Internet que se mueve por el dinero. Como se lleva moviendo la sociedad desde que es sociedad.

Y con un matiz, y es que en esa Web 2.0, en la 3.0 y la 8.0 que vendrá en algún momento, seguirá habiendo cabida para todo lo anterior.

Que ojo, hasta el momento no conozco a nadie que lo hayan obligado a montarse una web en un hosting, con CMS dinámico, y monetizarla. Ni tampoco a estar en redes sociales, ni a aislarse del mundo con unas gafas de realidad virtual.

Simplemente donde antes estaban cuatro gatos, la mayoría, por cierto, perteneciendo a esa élite de la clase media que permite a alguien como un servidor dedicar tiempo a crear contenido sin esperar vivir de ello, se democratiza, abriéndose a que muchos otros (interesados en hacer billetes y no) puedan subirse al carro.

Nunca, en la historia del mundo digital, hubo menos barreras para formar parte de este tercer entorno.

Esto es importante remarcarlo, sobre todo cuando miramos hacia atrás desde la óptica de la nostalgia.

Por mucho que algunos sigan, o sigamos, añorando los tiempos en los que éramos los frikis (aka aquellos con conocimientos técnicos y económicos suficientes como para poder consumir y producir contenido en los inicios de la Red) dueños de todo el cotarro.

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