5 tips y herramientas para dejar de ser esclavo de las notificaciones

Notificaciones distracción

Hace tan solo una década, no había notificaciones digitales. Te podían llamar al teléfono o mandar mensajitos por SMS, pero ya.

A lo sumo, podías ser consumido en la vorágine de las notificaciones de escritorio, que según la edad, vendrían o de un cliente de correo electrónico o del messenger. Quizás incluso de los dos (¡madre mía!). Pero apagabas el ordenador y vivías tranquilo.

Ahora todas las aplicaciones tienen notificaciones. Y el smartphone viaja con nosotros todo el día, y está repletito de ellas.

Para colmo, llegan servicios como Pushbullet (ES) que democratizan la integración e interacción con notificaciones cuando estás delante del ordenador, y wearables que ponen a disposición del usuario una segunda pantalla. Y que donde antes había un ordenador en medio del salón, ahora viene acompañado por el smartphone, la tablet, la televisión inteligente y “vayaustedasaber” que más dispositivos M2M permanentemente a la escucha, entusiasmados por notificarnos cualquier tontería que les haya pasado.

Eso, obviando que en los próximos años la tendencia irá a la alza, y se solapará con las convergencias que están a día de hoy haciendo sus pinitos en el mundo móvil/escritorio. Tanto Apple, como Google, como Microsoft preparan su artillería, para mantenernos atentos a una sola pantalla, pero obviando que alrededor nuestro aquello parece un gallinero.

Es una lucha que le tengo declarada a la tecnología, y quería plasmarlo hoy por aquí por si a usted le sirve.

Pasé de vivir con todas las notificaciones activas (mejor dicho, con las configuraciones de las aplicaciones por defecto) y el móvil en modo sonido y vibrar a únicamente vibrar. ¿Para qué necesito el sonido si la propia vibración es lo suficientemente molesta? ¿Por qué iba a tener solo sonido cuando la vibración produce sonido y además me sirve para enterarme si estoy en la calle?

Esto fue hace ya varios años, pero todo cambió cuando me compré el Moto 360.

Para meternos en contexto…

Trabajo, descontando los viajes, la mayor parte del tiempo desde casa. Intento tener mi despacho lo más limpio posible: Una mesa del ikea con dos patas y cajonera, el iMac, un disco duro externo que uso como biblioteca audiovisual, teclado y ratón, una lámpara, un diminuto peluche de los Angry Birds y un llavero con una espada del Minecraft colgando de la lámpara. Eso, cuando no hay algún gato que viene y se pone guapo para que le hagan caso :).

Reconozco que estos tres últimos elementos podrían sobrar, pero tengo la impresión que el pico naranja del pájaro rivaliza en contraste lumínico con la pantalla cuando tengo la lámpara encendida (acostumbro a tener la lámpara enfocando a la pared ya que la luz directa me molesta) y hace la composición un poco más equilibrada.

Locuras aparte, me falta por añadir a la ecuación el cable del iPad que lo tengo permanentemente conectado a uno de los puertos USB, el cable del Samsung Galaxy Note que viene del ladrón de la pared, y desde hace unos meses, el cargador por inducción del Moto 360.

Cada cable tiene su sitio, de forma que es habitual que encima de la mesa acabe tanto el smartphone, como la tablet como el reloj inteligente. Y cada uno, hasta hace poco, tenía sus propias notificaciones…

Que sí, si eliminas la notificación del reloj, se elimina en el smartphone. ¿Y qué? El mal ya está hecho. Primero vibraba el smartphone, luego lo hacía el reloj, se iluminaba la pantalla del iPad y al rato me llegaba al iMac el aviso de la notificación. Un espectáculo digno de admiración. Todo muy productivo oiga…

El resultado final es la impresión de estar continuamente siendo molestado, obligado para colmo a eliminar las notificaciones sino quiero estar permanentemente viendo por el rabillo del ojo algún led parpadeando. Una sensación continua de estrés que me saca de mis casillas, y un agujero en cuanto a productividad.

¿A qué conclusiones he llegado y cómo he “solucionado” el problema?

La respuesta rápida es que hay que mandar al cuerno cuantas más notificaciones mejor. La pausada, es la siguiente:

  1. El smartwatch lo tengo metido y apagado en el primer cajón del escritorio: Solo lo saco y lo enciendo cuando salgo de casa, y lo vuelvo a apagar y encerrar en el cajón cuando llego. Dentro de casa, no me aporta absolutamente nada más que una molestia constante.
  2. El iPad no tiene ya ninguna notificación activa: Uso el iPad principalmente como dispositivo de entretenimiento, y si eso para cubrir algún que otro evento, pero este uso, como cabría esperar, es más bien anecdótico. Hace el papel del televisor, a fin de cuentas, pero con el catálogo de contenido que yo quiera en cada momento. De nada me sirve, por tanto, que me avise cuando me llega un email ya que en ese instante estoy en modo /descanso.
  3. El smartphone tiene varios modos de notificación, dependiendo del contexto y de la hora: Para lo primero, uso Llama (ES), una aplicación muy pero que muy completa que me permite crear perfiles para cuando estoy fuera de casa (fuera del rango de las antenas cercanas a los lugares donde habitualmente trabajo) y cuando estoy dentro. Fuera, pantalla al 100% de luminosidad, Bluetooth activo (recuerde que uso smartwatch), WIFI desactivado y contraseña alfanumérica. Dentro, justo lo contrario. Para controlar los perfiles según la hora, utilizo Timeriffic (ES), de forma que el terminal se pone solo en modo noche (luminosidad al 0%, sin sonido) a las 10 pm, y vuelve al modo habitual (el que tenga fijado Llama) a las 8 am. Los fines de semana me permito un horario un poco más relajado.
  4. Las notificaciones en el móvil se han reducido drásticamente: Lo único que quiero que suene es la alarma. Lo único que quiero que vibre son las llamadas entrantes y los DMs de Twitter (habitualmente quien me contacta por ahí es para un tema profesional). El resto (SMSs incluidos, que prácticamente lo único que me envían son cargos a la cuenta bancaria y publicidad), que se quede en el centro de notificaciones para cuando a mí me apetezca mirarlo, pero que no me moleste. La notificación será push, pero quiero ser yo quien controla cuándo me tienen que molestar. Y para configurar esto le va a obligar a mirar una a una cada aplicación (sí, cada aplicación) y a desmarcar muchísimos checkbox que por defecto vienen activos. Y con aplicaciones también hablo de WhatsApp, y en especial de los grupos de WhatsApp. Y también de las llamadas de hangouts, que de contestarlas, suelo hacerlo desde el escritorio. Simplemente eliminando esas notificaciones notará que el mundo es un lugar más bello en el que vivir :).
  5. Las notificaciones de escritorio están muteadas, pero con notificación gráfica: Tanto en OS X como en Windows, doy preferencia a las nativas antes que a las del navegador, y a las del navegador antes que a las que vienen por Pushbullet (si existe una nativa por ejemplo de correo, desactivo las notificaciones de correo del navegador y de Pushbullet, por ese orden).

¿En qué se traduce esto?

De esta manera, solo hay siempre una única pantalla que me muestra las notificaciones, dando prioridad al escritorio si estoy conectado a una WIFI, al reloj si estoy fuera, y al móvil si por la razón que sea no llevo el reloj encima.

Y esto repercute, por absurdo que parezca, tanto en mi productividad (menos distracciones) como en mi felicidad. Porque sí, señor, vivo más tranquilo, y por tanto, más feliz. Con menos sensación de estar continuamente perdiéndome algo, sufriendo por cuándo llegará la próxima notificación, y si esta será urgente o importante.

Claro está, que no he llegado aún al cenit de la calidad de vida porque no vivo solo.

Y mi pareja también tiene otro móvil. Y duerme con él. Y está en muchos grupos de WhatsApp… Una guerra que por ahora (y pese a que la he atacado por varios frentes) se me antoja insondable.

Pero mi parte está hecha. ¿Se anima?