P2P como herramienta anti-control

Leía este fin de semana el caso de Firechat (ES), una app de mensajería instantánea muy semejante desde el punto de vista del diseño a las ya habituales WhatsApp, Hangouts y Facebook Messenger, tanto para tabletas como smartphones Android e iOS, y cuya principal baza es la posibilidad de funcionar sin conexión de datos.

descentralizacion

¿Cómo puede ser esto posible? Se estará preguntando. Y la respuesta es distinta según el SO con el que corra. En el caso de iOS, utiliza Multipeer Connectivity Framework (EN), un servicio que aúna las ventajas de los protocolos WIFI direct y Bluetooth en los terminales de la manzana. En el caso de Android, Open Garden (EN), que cuenta con su propio protocolo de comunicación (muy semejante a WIFI direct y Bluetooth).

Tanto en uno como en el otro, el funcionamiento es el mismo: El servicio se encarga de gestionar una red P2P cercano hace a la vez de cliente y nodo, de tal manera que entre todos tejen una red que puede o no apoyarse en la red de datos de alguno de ellos, abriendo o cerrando el círculo.

A más usuarios, más red, y por tanto, más posibilidades de comunicación.

Y me llamó la atención no por el potencial de este nuevo (hasta cierto punto) modo de interacción con el resto de la sociedad (una mensajería contextualizada y geolocalizada que haría las delicias de los organizadores de eventos y fiestas privadas), sino por que apunta hacia un futuro no muy lejano donde el P2P sea habitual en la mayoría de servicios.

Un peer to peer que se alza como el Martillo de Thor frente a esa profunda monitorización a la que estamos día a día sometidos. Una salida a una red globalizada que por momentos se vuelve más y más controlada. El aprovecharnos de ella cuando de verdad sea necesario, y tirar para el resto de redes locales autogestionadas, alejadas de los tentáculos de las agencias de inteligencia y grandes compañías de servicios.

Iniciativas como la de WIFI libre (ES) en varias ciudades europeas, o la aparición de pequeños reductos locales donde Internet es gestionado por sus ciudadanos y no por una operadora, abren las puertas a un mundo donde la privacidad podría tener cabida.

Al menos siempre y cuando servicios como Firechat, que apuestan por esa descentralización, acaben por ofrecer más garantías que aquellos otros que se dedican a cerrar paulatinamente sus fronteras.

Pero el germen de la rebeldía está ahí, se mire donde se mire. Y eso es bueno para todos.