pago por acceso

Desde hace un par de décadas Internet es un páramo sin ley. Un Lejano Oeste digital en el que todo valía, y todo era gratis.

O mejor debería decir que pagábamos, pero con un bien tan intangible como nuestros datos.

De esa época, por cierto, nos hemos llevado grandes servicios de la talla de GMail, de la propia Google, y cómo no, de redes sociales como Facebook e Instagram. Plataformas gratuitas que lo son a costa de pagar con nuestra cara (la de nuestros datos personales digo).

Sin embargo, de un tiempo a esta parte las cosas están cambiando.

Descubrimientos como los de esa NSA que literalmente MATA A GENTE BASÁNDOSE EN LOS METADATOS, pasando por los despropósitos que han sido compañías del nivel de Cambridge Analytica que, en base a la explotación de esos datos que entregamos de forma como moneda de cambio para pagar el acceso al servicio de turno, han conseguido entre otras cosas sacar a Reino Unido de la Unión Europea y hasta el otro día colocar a un peligroso populista en la Casa Blanca, hasta constataciones recientes como la que comentábamos estos días a razón de cómo han podido identificar a buena parte de los asaltantes del Capitolio gracias a supuestos datos anónimos de publicidad móvil, quizás hayan servido para que poco a poco gente como mi madre hasta se preocupe de qué demonios hacen estas compañías con nuestros datos.

Que lo que antes era gratis, pues oye, lo mismo ahora caemos en que no lo es tanto.

Así que con esto en mente algunos hemos empezado a sacar la billetera, primando el pagar con dinero, que sabemos el coste que tiene, que pagar con datos, que a saber si estamos pagando de más o de menos (disclaimer: es lo primero).

Y esto poco a poco cala en el mundo startuperil.

Un servidor precisamente hablaba hace un par de semanas en esa pieza titulada «Si quieres información de valor, paga. Las mentiras te las doy gratis« de cómo el negocio de lo «gratis» (es decir, de la publicidad) ni de lejos es gratis, y sobre todo, nos sale cada vez más caro.

Y me parafraseo, como ególatra (el otro día me llamaron esto y me ha encantado) que al parecer soy:

[…] gracias a Internet el acceso a la información es cada vez más cómodo y accesible. Pero recalco que el problema no es de acceso a la información, sino de acceso a la buena información. La que aporta valor.

Esa misma que:

No depende del modelo publicitario y del posicionamiento de la red: Es decir, ese contenido que no necesita muchos clics y/o aparecer en las búsquedas para ser rentable.

Es creado (y mantenido) con un fin de sumar, y no únicamente de monetizar.

Lo que reduce mucho, mucho, la posibilidad de que conforme un medio crece, la calidad de su contenido siga siendo la que era, y por ende siga siendo rentable. Que siga siendo «gratuito».

Y no solo eso: basta ver dónde se informan la mayor parte de ciudadanos (televisión, periódicos generalistas, redes sociales) para darse cuenta de que incluso el cliente potencial de la información tampoco busca calidad.

Esta semana, en un evento de Twitter para analistas (EN), la red de microbloging presentó sus planes para el futuro, entre los que entran lo que ellos han llamado Super Follows, y viene a ser una nueva funcionalidad para que quien lo deseé pueda ofrecer parte o la totalidad de sus contenidos en Twitter bajo una pasarela de pago, y quien quiera de sus seguidores puede pagarle mensualmente para acceder a los mismos.

Es decir, la misma premisa que algunos tenemos montado en Patreon, o que otros han montado en plataformas como Substack, Medium, o ya puestos, OnlyFans.

El que te paguen por compartir lo que sea que compartas.

Sobre este tema, Enrique publicaba este finde un artículo (ES) con una reflexión bastante certera:

Conseguir que un seguidor evolucione y se decida a pagar por unos contenidos consiste, fundamentalmente, en dos aspectos: el primero, que perciba un valor suficiente en el contenido como para querer seguir accediendo a él cuando se sitúe tras un muro de pago, en lugar de preferir simplemente intentar encontrar contenidos similares en otro sitio. Una variable que algunos diarios como The New York TimesThe Washington Post o Financial Times, o servicios de contenidos audiovisuales como Netflix y otros llevan ya tiempo explotando de manera exitosa y con niveles de crecimiento importantes, pero en el que muchos otros medios, que posiblemente no logren ser percibidos con el suficiente valor diferencial, tropiezan claramente.

El segundo aspecto es el que yo tiendo a denominar como militancia: lograr el compromiso de usuarios que, simplemente, quieren contribuir a que se puedan crear contenidos como los que esa persona o institución generan habitualmente. Esa categoría implica el desarrollo de una comunidad más comprometida, que no solo percibe valor, sino que de alguna manera se identifica, se siente parte de ella, y entiende que su contribución forma parte de un proyecto que va más allá del simple contenido. Algo nada sencillo, pero que vemos planteado de una manera cada vez más habitual.

Las negritas las he metido yo con permiso de la venia

Sobre el segundo punto no tengo ninguna objeción. Más me vale, de hecho.

Tengo claro que los ahora mismo 46 mecenas que tiene este proyecto lo hacen, sobre todo, porque creen en el proyecto de un servidor. Y me atrevería a decir que la gran mayoría están tan comprometidos con la causa que incluso si no tuvieran acceso a todo lo que tienen extra por ser mecenas (ya sabes, grupo privado de telegram, un artículo semanal exclusivo, una newsletter semanal exclusiva, regalos tecnológicos cada X meses…), seguirían aportando mensualmente.

Simplemente porque entienden que eso es un incentivo para que un servidor no se venda a los designios publicitarios. Para que, parafraseando mi artículo de hace dos semanas, les siga diciendo VERDADES.

Pero sobre el primer punto ya no estoy tan de acuerdo. O mejor dicho, creo que el acercamiento debería ser otro.

Si un buen día del 100% del contenido que antes dabas gratis pasas a ofrecer «gratis» el 80% y el 20% restante bajo un muro de pago, probablemente alienes a unos cuantos. Y no digo que no vaya a funcionar (hay seguro decenas de casos de éxito que han partido del todo gratis a parte gratis parte de pago, o al todo de pago, y el movimiento les ha salido genial), pero creo que lo suyo debería partir de ese 100%, y seguir ofreciendo el 100% gratis, con un X% extra de pago.

Una estrategia que me parece bastante más justa para todos:

  • Los que antes te seguían por tu contenido: Pueden seguir recibiendo lo mismo que ya recibían sin pagar.
  • Los que quieran aún más (esos que saben valorar el trabajo que haces) tendrán la excusa perfecta para hacerlo, a sabiendas de que van a recibir un extra por su aportación.

En fin, que acaban ganando todos, no solo algunos.

Al menos es así como un servidor lo entiende. Y probablemente esté confundido (de nuevo tengo el privilegio o la maldición de no vivir de lo que escribo). Pero sea como fuere, la cuestión es que Internet empieza a ser un páramo cada vez más transparente.

Un lugar en el que si quieres calidad, pagas por ella. Y si te valen los restos (las mentiras), pagas como siempre con tus datos.

Dicho de otro modo: O pagas POR tu privacidad, o pagas CON tu privacidad (un artículo de 2019, por cierto).

Pagar vas a pagar igual. Ahora hay que decidir con qué moneda quieres hacerlo.

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