El panopticon de la vigilancia masiva: Comprendiendo su idiosincrasia

vigilancia

Me ha gustado mucho el reportaje que realizaba Peter Mass en The Intercept sobre el llamado “Socrates de la NSA” (EN), un filósofo contratado por la agencia para escribir una columna semanal en el periódico interno que sirviera de “descanso para la mente” de sus trabajadores.

El artículo es largo, así que prepare un café bien cargado, pero de todo ello me quedo con algunos trazos para comprender qué pasa por dentro de la cabeza de algunos para dar sentido a la vigilancia masiva.

El molino para volver honestos a los pícaros

Y nuestra primera parada es, como cabría esperar, la arquitectura panóptica, a la cual le dediqué en su momento un artículo en detalle.

El titular superior está recuperado de una cita del filósofo inglés Jeremy Bentham, que ya en el siglo XVIII escribía un tratado sobre la vigilancia masiva (EN). Se refiere por tanto al panopticon, que fue a priori aplicado en algunos centros penitenciarios y del que nos quedan algunos ejemplos como el del Presidio Modelo Prisión de Cuba, bajo estas líneas.

Presidio modelo

Una torre central, habitualmente custodiada por un solo guardia, y separada del resto de la penitenciaría por un foso. Las habitaciones de los presos están dispuestas alrededor de la circunferencia exterior, de tal manera que desde la torre central se puede ver cada una de las habitaciones, y no así al contrario.

El resultado es un escenario de continua tensión, en el que el preso, incapaz de saber si en ese momento está siendo o no vigilado por el guardia, debe modular sus acciones. Porque está claro que el guardia solo podrá estar mirando unas pocas habitaciones cada momento, pero no hay forma de saber a ciencia cierta cuáles serán.

Aplicado a entornos más abiertos, la arquitectura panóptica sirve para ejercer control sobre una amplia mayoría minimizando los recursos necesarios. Una sociedad en la que las personas puedan ser controladas en todo momento es una sociedad que engendra conformidad, obediencia y sumisión, justo los elementos necesarios para favorecer el mantenimiento del statu quo, que como ya hemos visto, es el principal objetivo del Sistema.

La arquitectura panóptica se vale entonces de las nuevas tecnologías para tejer una red de vigilancia masiva en la que nuevamente, el guardia está fuera de la vista de los ciudadanos. Es más, no es necesario que exista como tal un guardia, sino que cada uno de nosotros somos a la vez guardia y preso del resto. Se criminalizar por defecto las acciones de estos últimos, amparados en la necesidad (bien sea la lucha contra el terrorismo o la protección de los menores).

Y este estado de permanente control (aunque no sea tal, el desconocimiento de los ojos que están apuntando en ese momento a nuestra nuca es el mejor catalizador posible, al no requerir inabarcables recursos para mantener al menos un par de ojos por nuca 24/7) transforma las acciones y necesidades del ciudadano, que como un preso cubano, debe modular sus decisiones para satisfacer las de su opresor antes que satisfacer las suyas propias.

Sobre la “tranquilidad” que produce el estar en paz con el guardia

Volviendo a las oficinas de la NSA, el trabajo de Sócrates (nombre en clave para ocultar su verdadera identidad) como Director de Inteligencia de Señales no era otro que el de encontrar razonamientos éticos para el trabajo de la agencia, que serían diseminados como dosis semanales para que sus trabajadores (aka los guardias) pudieran dormir por las noches.

En el artículo relata cómo un fallo en una prueba de polígrafo le abrió los ojos, llevándole a realizar las siguientes declaraciones:

Me encuentro deseando que mi vida sea constante y completamente monitorizada.

Indagando en este raciocinio, encontramos una de las principales excusas enarboladas por el Sistema: Si no tienes nada que ocultar, ¿por qué te ocultas?“.

Que llevó a Sócrates (pese a los conflictos morales que ello representaba) a apostar por un modelo de vida totalmente abierto (menos al parecer dar su nombre a un medio que le hace una entrevista). Si todo lo que hacía estaba a la vista de terceros, resultaría imposible que el polígrafo volviera a fallar, puesto que no habría medias verdades, sino la más absoluta de la realidad. Y digo yo que si esto lo aplicáramos a toda la sociedad, haría que en esencia no fuera necesaria la vigilancia masiva.

Pero esto último se lo saltan, porque el trabajo de la agencia es siempre necesario (aunque las verdaderas razones sean otras), como también se salta el hecho de que la libertad se basa principalmente en dos elementos críticos del ser humano, que entiendo que, como filósofo, ya conocerá:

  • La capacidad de entablar relaciones con el resto de humanos.
  • La necesidad de tener un espacio interno que permita la generación de un individuo no únicamente condicionado por la sociedad.

Glenn Greenwald, conocido entre otras cosas por ser el periodista de The Guardian que sacó a relucir los trapos sucios del gobierno americano de la mano de Snowden, comentaba en esta charla de TED una reflexión sobre lo absurdo que resulta una sociedad basada en el “yo no tengo nada que ocultar“.

Ver en Youtube (EN)

Estoy a favor de hacerme a mí mismo una persona tan pequeña, tan poco interesante, que realmente no temo que el gobierno sepa lo que estoy haciendo.

Una sociedad basada únicamente en el juicio de terceros es una sociedad esclavizada, no libre. Incluso aunque no queramos concebirla como tal, siempre habrá ese algo (conflictos morales) que aunque sea inconscientemente nos harán más infelices.

Se pierde la individualización del individuo, al reducirse drásticamente el número de posibles comportamientos. Al ir en contra sistemáticamente de lo que nuestro instinto pide que hagamos.

En la novela de Orwell, la sociedad se excusa bajo el doblepensar, una estrategia aprendida desde pequeños para controlar ese malestar que produce el estar actuando como se espera que actuemos y no como queremos instintivamente actuar. En la de Huxley, las drogas (legales y ya no nocivas, en este caso) juegan un papel crítico para mantener alejadas las sensaciones inadecuadas para el buen devenir de una sociedad profundamente injusta.

En nuestra realidad, es la Educación, dependiente del Sistema, la encargada de adoctrinar al individuo, de cohibirlo por el bien común (por el bien del Sistema). De que la maquinaria genere un entorno de continua inestabilidad (aunque en la práctica nada cambie), que mantenga a los trabajadores en su puesto y los alzamientos reducidos a la mínima expresión por ser los enemigos entes abstractos (tu propia conciencia, la crisis, la inmigración,…). Una capa restrictiva que se superpone a la del propio individuo (sus instintos) y al de la convivencia en colectivo (altamente necesaria).

No existe una ortodoxia lo suficientemente parametrizada que debiera controlar nuestros actos.

Existen reglas políticamente aceptadas, pero la privacidad es necesaria ya no solo a nivel ético y moral, sino también social. Para mantenernos unidos, para poder confiar en nuestros allegados, se hace crítico que todos tengamos un espacio interno inaccesible que en esencia nos haga vivir en armonía con el resto.

No en continua desconfianza. En armonía.