reloj inteligente niño

Publicaban hace unos días en el New York Times (EN) que Apple podría estar preparando un nuevo Apple Watch SE más barato y robusto.

¿El público objetivo? Niños desde los cinco años en adelante.

El tema podría parecer una locura dicho así, pero a poco que le das vueltas, cobra sentido.

Pero ya te digo yo que al final, al menos en este año, no lo veremos. Más que nada porque hace unos días Apple ya presentó sus nuevos Watch, y ninguno encajaba con esta premisa.

Una bala perdida, vaya.

Y me explico.

Las reticencias (fundadas) de los padres por ofrecer a sus hijos menores dispositivos electrónicos

No sorprenderé a nadie cuando digo que la idea de dar a un menor un smartphone es, cuanto menos, compleja.

Y lo es porque por un lado, cualquier padre quería tener una manera de:

  • Localizar al menor en caso de que este se pierda o pase algo.
  • Que el menor tenga manera de comunicarse con los padres en cualquier momento.

Pero por otro, queda claro que un smartphone ofrece bastantes más funcionalidades. Algunas de ellas potencialmente peligrosas, más si cabe para un menor cuya personalidad está aún formándose, y cuyos conocimientos son, como cabría esperar, insuficientes a la hora de identificar riesgos digitales (lo es para los adultos, imagínate para un menor…).

Ahí es donde cobraría sentido ese posible movimiento por parte de Apple.

El actual Apple Watch SE ofrece conectividad LTE mediante eSIM, lo que permite hacer llamadas y contar con un sistema de tracking para identificar dónde está el dueño en cualquier momento.

¿El problema? Pues que su coste es bastante alto (299 euros) y no está diseñado para recibir muchos golpes.

Sin embargo, si al final Apple se anima a sacar como dicen en NYT un modelo para jóvenes, cabría esperar que este tuviera un precio algo más comedido a cambio de sacrificar calidad en la carcasa… apostando quizás por algún plástico mucho más resistente.

Gracias a ello, habría en el mercado un dispositivo que si bien no tiene toda la funcionalidad que ofrece hoy en día un smartphone, sí tiene justo las que un menor necesitaría (geoposicionamiento, realizar llamadas y servicios de mensajería). El dispositivo a priori perfecto para un menor, ya que, siendo sinceros, un smartwatch:

  • Es mucho más difícil de perder: al ir amarrado a tu muñeca.
  • Es menos «interaccionable»: En tanto en cuanto no creo que nadie en su sano juicio esté por la labor de pasar horas mirando esa diminuta pantalla, y evitando así tener que darle al menor un dispositivo para peder el tiempo.

Que ojo, no lo digo yo. Parece que por EEUU esto de comprarle un smartwatch al hijo es una moda cada vez más creciente, y a la que un servidor se sumaría sin lugar a dudas.

Eso sí, en EEUU iOS es mayoría del parqué de dispositivos móviles. En países como España la cosa es diametralmente opuesta, y bajo este escenario, habría que ver qué alternativas en ecosistema Android tenemos actualmente.

Y es que recordemos que necesitaríamos un dispositivo:

  • Que tuviera conectividad de red mediante micro-SIM o mediante eSIM.
  • Que pudiera realizar llamadas.
  • Que contara con algún sistema de tracking para control parental.
  • Que pudiera operar con servicios de mensajería instantánea.

Todo ello, por supuesto, sin tener un smartphone pareado, lo que complica bastante las cosas.

¿Que por qué? Pues porque aunque en efecto el Watch de Apple permite todo esto, para poder habilitarlo es necesario que un miembro de la familia (alguno de los padres, por ejemplo) sí tenga un iPhone.

Mediante Family Setup, es posible configurar un Apple Watch para su uso sin un iPhone asociado (con su propio número de teléfono), pudiendo así realizar llamadas de teléfono y enviar y recibir mensajes de texto. Pero alguien de la familia tiene que tener un iPhone previamente, en una de esas jugadas maestras de Apple por obligar a pasar por el ecosistema sí o sí.

El reloj como dispositivo de entrada

Más allá de las vicisitudes de qué ecosistema elegir y quién consigue llevarse el gato al agua, lo cierto es que hay un tema de mayor calado que me gustaría mencionar.

El corolario de todo esto es que, de pronto, un wearable, que hasta ahora era visto como un añadido a los dispositivos del usuario, podría el día de mañana pasar a ser el primer dispositivo de las nuevas generaciones, en un cambio de tendencia semejante al que hemos vivido aquellos que nacimos en la época de los ordenadores, y los que nacieron en la época de los smartphones (o en países en vías de desarrollo, donde se perdieron esas primeras generaciones de ordenadores de escritorio).

Esto, lejos de ser algo puramente anecdótico, podría acabar teniendo un calado significativo en la manera que tendremos en el futuro de interactuar con la tecnología, apuntando a esa época post-pc de la que hablamos hace unos cuantos años, pero enfocada a los móviles, y erradicando por tanto la dependencia actual del hub central, que hoy en día sigue siendo el smartphone.

Un cambio de era que forzaría a los fabricantes a apostar por wearables que operaran por sí mismos, y no como ocurre con la mayoría de dispositivos actuales, que requieren tener cerca el móvil para dotarles de todas las funcionalidades.

En fin, que solo el tiempo nos dirá si, en efecto, estamos ante un cambio significativo, o una moda pasajera.

Pero no quería terminar esta columna sin recordar que son estos pequeños movimientos, que normalmente pasan desapercibidos, los que históricamente han cambiado la manera que tenemos de acercarnos a la tecnología.

¿Quieres conocer cuáles son mis dispositivos de trabajo, viaje y juego?

Por aquí tienes un listado de todo aquello que utilizo en mi día a día, con los enlaces directos a la página de producto en Amazon.