De pura casualidad llegaba la semana pasada a la pieza de Om Malik sobre «la vida asíncrona« (EN).

La idea detrás de esta filosofía de vida es la de volver a ser nosotros gestores del tiempo del que disponemos, y decidir entonces cuándo gastamos tiendo en temas digitales y cuándo lo gastamos en pensar:

No creo que podamos estar desconectados. Necesitamos la red para cosas básicas de nuestra vida. Y aún tenemos la colmena (las redes sociales) a una aplicación y un tap de distancia.

Pero hay una opción. Podemos ser asíncronos y conectar cuando lo necesitemos. ¿Quieres oír Spotify? Conecta. ¿Quieres llamar un Uber? Conecta. ¿Quieres pagar unas facturas? Conecta. ¿Necesitas Amazon? Conecta. ¿Quieres socializar? Ve a tomar café, o invita a un amigo a tomar café. ¿Quieres informarte? Evita los servicios de red social. En su lugar, lee uno o dos libros.

La razón detrás de tamaña afirmación es que las redes sociales, y en general el timeline al que nos vemos expuestos en la red, no está diseñado para informar, sino para ser usado mientras más tiempo mejor. Que a fin de cuentas, todos estos servicios funcionan bajo la premisa de que el usuario «pierda» cada vez más tiempo en ellos.

De ahí que sea tan pesado con eso de que seamos nosotros quienes gestionen la información que consumimos. Que una tecnología como el RSS sigue siendo a día de hoy la mejor opción que tenemos para ser óptimos con la labor informativa. Pese a que requiera un trabajo inicial por nuestra parte que en tiempos de redes sociales parece titánico (elegir a qué fuentes de información seguimos, sin delegar esta decisión en una máquina).

De ahí pasamos a hablar de las notificaciones, y aquí mi premisa ya debería ser conocida por todos vosotros. Las notificaciones son el enemigo a combatir. Aunque trabajes como un servidor en temas puramente digitales, aunque vivamos en un escenario en el que no responder a un usuario en dos horas puede ser la diferencia entre conseguir o no un nuevo cliente, de verdad que en la vida hay pocas cosas que además de importantes sean urgentes. Y la amplia vorágine de notificaciones que recibe un usuario medio en su día a día sin lugar a dudas no entra dentro de estos dos círculos.

De ahí que, nuevamente, publicara no hace mucho una guía sobre cómo me administro yo el tema de las notificaciones. Y ya te adelanto que pasa por prácticamente erradicarlas de mi vida. Ni WhatsApp me avisa cuando llegan nuevos mensajes.

Guía definitiva de cómo administrar tus notificaciones diarias 

¿El resultado? Aprovecho el tiempo muchísimo mejor que la mayoría de personas. Utilizo la programación de contenido para aparentar estar todo el puto día conectado, cuando en realidad de trabajo real, sentado delante del ordenador, dedicaré una media jornada diaria.

¿El resto? Dosificar, y combatir, en la medida de lo posible (reconozco que aquí todavía no puedo levantar la barbilla) a esa dopamina que generan las acciones digitales. La base de todo el ecosistema social digital que Google, Facebook, Twitter y compañía han creado.

Salir de ahí es complicado. Pero como decía el bueno de Om, no se trata de salir, sino de saber estar.

Anda, mira tú por dónde hay alguien más en la sala que lleva tiempo diciendo lo mismo :).

 
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