De cuando el contar historias lo podía hacer una máquina

Durante estos días se ha abierto un interesante debate sobre el trabajo del periodista, a raíz principalmente de varios movimientos del sector que apuntaban (según algunos) a un desplazamiento de la profesión en favor de los automatismos y la semántica.

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Si hace apenas un par de meses Los Angeles Times se subían al carro con un robot que generaba noticias de última hora, ahora quien lo proclama es Associated Press (EN), una de las agencias de noticias más conocida a nivel internacional, y que comunicaba recientemente una colaboración con dos empresas tecnológicas (Automated Insights y Zack Investments Research) que les permitiría automatizar la labor de generar historias cortas (entre 130 y 300 palabras), lo que se ha traducido en un aumento espectacular del ámbito operativo de la marca (de unas trescientas noticias han pasado a alrededor de cinco mil trimestrales).

Decía Lou Ferrara, director de la agencia, en el blog de la compañía que:

Los periodistas tendrán más tiempo para analizar lo que significan los números, identificar tendencias y encontrar historias exclusivas que pueden publicarse conjuntamente con los resultados económicos y que la incorporación de robots no debe verse como una agresión laboral, sino una liberación a los reporteros para que hagan más periodismo y menos procesamiento de datos.

Y la decisión, bajo mi humilde opinión, está perfectamente presentada. Tendemos a considerar las revoluciones tecnológicas que afecten a nuestro trabajo como un peligro para la integridad del mismo, sin rascar más que la superficie. Situaciones semejantes hemos vivido recientemente con la llegada de servicios como Uber en el sector del taxi o BlablaCar en el sector del autobús.

Desde hace ya unos años la labor del periodista se ha visto profundamente automatizada con la llegada de las nuevas tecnologías. Curación de contenido en base a RSS, alertas en listas de Twitter, servicios de autopublicación por afinidad, edición previa o base de datos,… Entendiendo que las posibilidades de un artículo de 300 palabras pueden reducirse a un número finito de patrones, no me extraña que ese trabajo pueda acabar siendo automatizado.

¿Dónde debería entrar el periodista entonces? Precisamente en el descubrimiento informativo. En volver a salir a la calle (me sorprende la cantidad de periodistas que generan utilizando para ello algoritmos de recomendación de contenido), y recuperar el control de lo que consumimos. En suministrar a la máquina el contenido relevante, obviando el que no lo es, y delegando la parte puramente mecánica en ella. La inteligencia artificial no está aún preparada para discernir lo que es subjetivamente interesante de lo que no es. Puede basarse en el engagement, en el peso del medio, en su historial de acierto, en su sintaxis, en su potencial de viralización, pero en ningún caso (al menos por ahora) en su interés subjetivado por una línea editorial y por el target que va a consumirlo.

Tampoco estoy del todo de acuerdo en que podamos considerar que el componer de forma lógica un artículo corto partiendo de varias fuentes de información, una biblioteca de recursos gramaticales y un conjunto de reglas y patrones acabe por considerarse contar una historia.

Soy bastante escéptico en lo referente a máquinas con capacidad de contar historias. Pueden reproducirlas mucho mejor que nosotros. Pueden emularlas (y seguramente estructurarlas de una manera más lógica). Pero el hecho de contar una historia va más allá de la simple unión de palabras formando frases con sentido.

No hay, o no debería haber, un patrón para contar historias. Es algo innato en el ser humano. El saber que detrás de ese texto hay una conciencia que ha decidido elegir subjetivamente, y sin basarse en un algoritmo lógico, aquella forma de contar y no otra. Esa sensación de complicidad, de saber que hay un algo imperfecto detrás, dista mucho de la frialdad de una máquina.

Sin embargo, seguramente desde el punto de vista puramente editorial, desterrar hasta cierto grado la subjetividad, y apostar por la cantidad, acabe ofreciendo más garantías. Si algo es capaz de imitar con bastante acierto lo que ya teníamos, y encima se produce de forma mucho más eficiente, adelante. La información seguirá llegando al cliente, que es lo importante, y además lo hará de forma lógica, que quizás sea hasta más productivo.

Nos ha pasado con la manofactura y la industrialización, con la agricultura y ganadería, porqué no iba a pasar con la información. Separar la parte cognitiva de la manual (de la mecánica o rutinaria) ha resultado ser un gran acierto en la industria, y conforme pasa el tiempo, será tendencia en la mayoría de sectores donde aún está presente.

¿Llegará el día en que el “contar historias” sea únicamente labor de una máquina? Es posible, lo que no dista que el ser humano vaya a estar alrededor de ella, ofreciendo esa chispa de irracionalidad que tanto nos caracteriza, y que a fin de cuentas aporta aquello que nos identifica como humanos.

 

Edit unas horas más tarde: Por LinkedIn Juan Murillo me recomienda la lectura de la entrevista (ES) que le hicieron a Joe Procopio, científico jefe de Automated Insights. Se habla mucho de lo aquí mencionado, con algunos toques de las perspectivas a medio/largo plazo.