nfts pay to earn

Sigo dedicándole palabras al mundillo NFT, y es que, pese a mi reticencia esperable a todo lo que se vuelve, per sé, una moda, me parece interesante no perder de vista lo que hay detrás.

En anteriores artículos de esta lista ya hemos hablado de lo que realmente da valor a un NFT, de la esencia de lo único como concepto, en su posible papel como sistema de identidad digital y en su principal problema a nivel técnico.

Hoy vamos a centrarnos en los conceptos que hacen de un NFT algo que potencialmente puede cambiar industrias como la del arte y los videojuegos.

Vamos a ello.

El paradigma de royalties de los contratos inteligentes

El primer punto en el que quería pararme es que, detrás de toda la monserga twittera sobre el mundillo crypto, y en especial sobre la especulación con el valor de los NFTs, hay un elemento que sí es interesante de cara al futuro del tercer entorno.

Y este es que, gracias a sistemas de cadenas de bloques como la de Ethereum y demás grandes redes donde se difunden los NFTs, tenemos por primera vez en entornos digitales una suerte de sistema, a priori inmutable, de gestión de derechos de autoría.

Trasladado al mundo real, sería algo parecido a lo que existe, por ejemplo, en la industria de la música o los libros, solo que automatizado, sin depender de un agente centralista como puede ser una discográfica o una editorial.

Gracias a ello, es posible firmar ese «certificado de autoría» que es el NFT con una cláusula que, por ejemplo, asegure que el propietario recibirá un % de cada traspaso de su obra a otra cartera.

Lo habitual, de hecho, es que estemos hablando de un 5% o un 10%.

Y esto es importantísimo si tenemos en cuenta que los artistas, además de hacer arte, tienen la dichosa manía de querer además comer tres veces al día.

En un escenario sin NFTs, un artista digital crea una obra y la vende a otra persona, por lo que ha ganado X dinero por el traspaso de la obra. Pero si esa otra persona, que ahora es dueña de la obra, la revende a una tercera, el artista ya no recibirá nada.

Sin embargo, con los NFTs se abre la veda a que el artista digital tenga algo parecido a los royalties anteriormente comentados, y que por tanto, cada vez que esa obra pase a otras manos, el artista reciba una comisión. Exactamente igual que pasa con los músicos y con los autores por cada reproducción/compra de su obra.

Todo, recordemos, en un entorno en el que la copia exacta es posible (yo puedo hacer copy/paste de una obra gráfica y tener exactamente la misma obra al instante).

Incentiva la especulación (en el buen sentido)

Lo habitual es que consideremos la especulación, en cualquier mercado, algo eminentemente negativo.

Y parte de razón no nos falta. A fin de cuentas, asociada a la especulación suelen venir dinámicas que, en esencia, tergiversan los pilares del mercado.

Pero la especulación no deja de ser un elemento básico (un pilar más) de cualquier oferta y demanda.

Sin ir más lejos, la moneda de euro que tengo en la cartera ahora mismo vale lo que vale gracias a que existe una especulación alrededor del dinero. Gracias a que una parte de la sociedad (la amplia mayoría) hemos aceptado que ese trozo de metal vale lo que vale.

Pues esto mismo se puede aplicar al mundillo crypto-NFT, y ya de paso al de los juegos Pay-To Earn.

Me explico.

  • En un videojuego tradicional, nosotros pagamos X dinero por jugar al título (ya sea una sola vez, ya sea de forma periódica en los free-to-play, ya sea en el formato que sea). Lo jugamos (o no), y luego nos cansamos de él. Por tanto, podemos considerar que esos X euros han sido un gasto (hemos pagado por ocio, punto).
  • En un juego pay-to-earn, nosotros pagamos X dinero también por jugar al título. Lo jugamos (o no), y cuando nos cansemos de él, podemos revender esos activos por los que previamente hemos pagado (bien sean esos X dineros, bien sea además con las horas que le hemos dedicado), por lo que a lo mejor recibimos 100, 200 o 400 al cambio. En este entorno, realmente no podemos considerar ese X dinero como un gasto, sino como una especie de alquiler, al poder luego revender esos tokens conseguidos, y quizás con suerte recuperar algo, quedarnos a pre, o incluso ganar un extra.

Esto, se mire por donde se mire, genera especulación. Una especulación que, en efecto, puede ser vista como dañina (el arte es para la mayoría de especuladores lo que menos importa) o positiva, ya que incentiva a que se genere mayor mercado (más gente se sumará), y eso dará mayor confianza tanto a los creadores para seguir trabajando en crear mejores productos, como a los consumidores, que tendrán más seguridad de que más adelante, cuando quieran recuperar su inversión, habrá gente interesada en comprársela.

El factor de status

Hay un punto que no quería olvidar en esta reflexión sobre los NFTs, y es que, como ocurre en cualquier mercado, se genera una suerte de interés en formar parte del movimiento. Y esto, a su vez, genera la necesidad de diferenciarse del resto.

Me explico.

Antes, un millonario que hubiera hecho su fortuna en la banca, muy probablemente caería en el tópico típico de los millonarios de la banca de comprarse un deportivo, un reloj carísimo y un chalet.

La razón es que, dentro de su grupo de status, el tener estos elementos, y lucirlos, generaba, per sé, esa imagen de persona de éxito. Le dotaba de status dentro del colectivo.

Los tiempos cambian, y ahora, los nuevos ricos, que han hecho dinero (por suerte, o por conocimiento) con el mercado crypto, quitando los típicos vendehumos que vemos en redes sociales (¿de verdad crees que un rico no tiene nada mejor que hacer que crear un curso para explicarte a ti cómo consiguió ese dinero?), ya no aspiran a tener esos activos en el mundo físico (al menos no de cara a su colectivo), sino a mostrar su status en el medio en el que se mueven, que es el digital.

¿Y qué pueden hacer para que el resto de personas del mundillo se enteren de sus éxitos?

Ahí es donde entra la moda de ponerse de foto de perfil esos monigotes pixelados como los que ves en la imagen que acompaña esta pieza, y que tienen el nombre de cryptopunks (EN).

Básicamente, los cryptopunks son unos «cromos coleccionables» (sí, como las cartas Magic, las de Pokemon, o los cromos de fútbol que teníamos de pequeños) solo que firmados por NFTs, y por tanto digitales.

Salieron 10.000 ejemplares distintos hace ya más de un lustro, y se vendieron por aquel entonces a unos pocos dólares, incluso algunos de ellos regalados a gente del mundillo.

No había demanda, no había especulación, ergo eran muy asequibles.

La mayoría, como ves, son representaciones de seres humanos al más puro estilo cyberpunks. Pero también hay algunos, mucho más raros (ya sabes que en economía el concepto de escasez es crítico para dotar de valor a un activo), con monos, aliens, y demás locuras.

Con el paso del tiempo, y el hype alrededor del mercado NFT, estos «cromos» se han revalorizado hasta el punto de que algunos de ellos ya cuestan cientos de miles de dólares al cambio.

¿Tienen valor per sé? Pues hombre, no dejan de ser una imagen digital pixelada que cualquiera puede clonar dándole al botón derecho del ratón > copiar.

Pero si miles de entusiastas encuentran en tener en su posesión (con un NFT que lo certifique) uno de estos cryptopunks un signo de status, la cosa cambia, ¿verdad?

Por el simple hecho de que esto sí puedes enseñarlo al resto del colectivo. Si puedes utilizarlo para diferenciarte.

Así que ahí lo tienes.

Tres razones que, en esencia, dan sentido al mundo NFT.

Algunas puramente técnicas, y otras puramente sociales, como puedes ver.

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