Intrascendencia en la precisión de los sensores en wearables de consumo

cuantificacion

Llevo algo más de dos años utilizando algún que otro wearable en mi día a día.

¿El primero? Ese Moto360 que me llegaba en las Navidades del 2014, y de cuyo feedback he escrito más de un artículo durante todo este tiempo.

Porque sigo utilizándolo. No siempre a diario (es lo que tiene trabajar desde casa), pero si cuando por una u otra cosa que no sea ir al gimnasio o a la piscina, salgo a la calle, y salvando el mes largo que estuve probando la Huawei TalkBand.

Y es que esa es otra, si el reloj “inteligente” es ya un complemento necesario para mi día a día fuera de casa, las pulseras cuantificadoras se han vuelto un must en la otra muñeca. Y estas no las quito ni para dormir.

He probado varias, pero sigo quedándome con las Xiaomi por su increíble calidad/precio. Primero con una Mi Band del 2014, después con una Mi Band de 2015, y desde hace mes y algo, con una Mi Band 1S.

De hecho, precisamente este aprendizaje tecnológico me empuja a escribir al respecto. Porque frente a esa aparente tendencia al abandono de wearables que habitualmente el usuario suele sufrir después de unos meses de uso y del fin de esa sensación de control, al menos en mi caso no ha ocurrido así, y estoy seguro de conocer el motivo.

La intrascendencia de la cuantificación

Y empiezo con los peros. Si usted piensa comprarse un wearable de estos, o si ya lo ha hecho, y ha sufrido la fatiga tecnológica esperable después de una temporada de uso, quizás el problema venga de la importancia que espera encontrar o le ha dado a la cuantificación que el dispositivo le ofrece.

Es decir, que está claro que una pulsera cuantificadora la compras para cuantificar tu día a día, o al menos, cuantificar las sesiones de deporte. Pero la dictadura de las gráficas tiene dos efectos que llevan ineludiblemente al fracaso:

  1. O bien se les da mayor valor del que tienen: cosa que veo con bastante asiduidad en todo lo que rodea a la cuantificación, sea física (como el caso de la cuantificación de pasos o pulso), sea digital (como es el caso de los followers en RRSS, o de los comentarios y audiencia para la mayoría de bloggers). Tener acceso a un feedback inmediato y presumiblemente en tiempo real de una acción específica, simplificada al extremo de ser representada por una variable, y con la ventaja de poder ser comparada con un histórico anterior, es un poder que mal usado lleva precisamente a la irrelevancia, y esta, a la pérdida de interés.
  2. O bien no se le da ninguno: Hasta el punto de que ese dispositivo pasa a ser más una carga que un beneficio. ¿Para qué voy a llevar algo que no voy a consultar jamás? Aquí se peca justo de lo contrario. De no encontrar el valor adecuado en la cuantificación que esa tecnología nos ofrece.

Ya sea por mucho, ya sea por poco, lo cierto es que es totalmente comprensible que un tercio de los usuarios lo abandonen al poco de comprarlo, y que del resto, la mitad pierda interés a los pocos meses.

La intrascendencia de la cuantificación, en los dos casos se debe a un único factor, y ese es el valor que le demos a la precisión de los datos.

La irrelevancia de la precisión

Llego aquí al punto que quería tratar en el artículo. Para muchos usuarios de wearables, la precisión es el santo grial del sector. A más precisión, mejor es el dispositivo.

Y podría aceptar que esto puede darse para aquellos sometidos a una dictadura (positiva, entiendo) de la cuantificación, por ejemplo, con fines puramente deportivos o de salud: Si esa cuantificación es utilizada como una herramienta para calcular otros factores de la estrategia seguida (por ejemplo, para saber cuántas calorías puedo consumir hoy), podría hasta aceptarlo.

Pero para el resto, que somos la mayoría, lo verdaderamente importante no debería ser la precisión de los datos, sino que ese error esperable se mantenga constante a lo largo del tiempo y nos permita comparar resultados frente a un historial anterior.

Y además, ahí es donde entran la mayoría de wearables del mercado.

Esperar que una pulsera cuantificadora cuente los pasos exactos que hemos hecho en el día es absurdo. La pulsera la llevamos en la muñeca, y por tanto, contará también como paso algunos movimientos que hagamos del brazo, aunque no nos hayamos movido.

Algunas apuestan por el GPS como estrategia para ser más fiables, y de nuevo, se encuentran con el problema de discernir cuándo ese movimiento se debe a un vehículo o en efecto, a un movimiento físico. O peor aún, presuponiendo pasos de adulto estándar, cómo defender el propio error del GPS (de metros, por cierto) a la hora de cuantificar uno u otro salto de espacio.

Ya ni hablemos si en vez de andar estamos con la bici o nadando…

Que para alguien como un servidor, que lleva una vida normal, el que haya hecho supuestamente 2000 pasos, o que en realidad sean 1500, me es intrascendente.

Lo que en verdad necesito es un sistema que me permita comparar si me he movido más o menos que ayer, que me pique a mejorar esos hábitos sedentarios que tengo, y quizás incluso, que me ayude a picarme con el resto de compañeros.

Y me pasa exactamente lo mismo con el sensor de ritmo cardíaco, aunque aquí el error sea bastante menos habitual.

Por ello, no sufro ni un ápice cuando veo que Google Fit ha tomado unas medidas y que la Xiaomi tiene otras. Cuando entre el Moto360 y la Xiaomi hay una o dos pulsaciones de diferencia.

Desconozco cuál es más exacto, pero sinceramente, no me importa. Es irrelevante para el uso que le doy a los dos dispositivos.

Lo único que me importa, y que le debería importar a usted, es que el error sea constante. Y eso tengo claro que es así.