Sobre la privacidad y la usabilidad en el software libre y en el propietario

colaboracion revista cambio

Sebastián Serrano, un colaborador de la Revista Cambio de México, me escribía hace ya unas semanas para trasladarme unas preguntas a colación de la privacidad, la usabilidad y la seguridad en el software libre.

Es, de hecho, un tema que había tocado con anterioridad en la pieza Reflexionando sobre software libre, software propietario y privacidad, y que de hecho ha utilizado, junto con las siguientes respuestas, para preparar un especial (muy completo, todo hay que decirlo) que ya está disponible tanto en la versión PDF (ES) como en la web de la revista (ES).

La pieza original es de junio del 2015, y curiosamente me sigo viendo muy pero que muy reflejado en mis conclusiones. En aquel momento creo que quedaba patente que estaba luchando con mi parte más linuxera, y a día de hoy tengo que reconocer que, aunque sigo creyendo en el software libre y creo que es importante que sigamos apostando por él, me he acabado por vender rendir a los beneficios del software propietario… al menos en mi día a día.

Como tantas otras veces, dejo por aquí el texto íntegro de lo que hablamos, habida cuenta de que sé que muchos de vosotros agradecéis que lo haga. Y que a fin de cuentas es una excusa perfecta para sacar otra vez un tema que me parece de gran calado en la industria.

¿Realmente que beneficios de seguridad le puede ofrecer el software libre al usuario?

El principal y más obvio es que un software libre está supeditado al escrutinio de cualquiera que quiera auditar su código. Es decir, que en vez de depender de unos pocos ojos (y de su capacidad para solventar potenciales brechas de seguridad), en la práctica tenemos un producto que cualquiera puede revisar, cerciorarse de que en efecto no tiene fallos de seguridad específicos, o proponer un parche/alertar si los tiene para que sean los administradores del mismo, o el resto de la comunidad, quienes lo solventen.

Hablamos por tanto de una economía colaborativa, con sus puntos fuertes y sus débiles. Porque también hay de estos últimos. Sin ir más lejos, una de sus debilidades habituales es que al no haber (normalmente) una empresa con ánimo de lucro detrás del proyecto, los incentivos por mejorar el software dependen exclusivamente de esa comunidad. Y hablamos de personas que colaboran desinteresadamente ahora en este proyecto, pero que lo mismo mañana se van a colaborar a otro. Y de gente que lo hace en sus ratos libres, ergo menos constancia, menos compromiso…

Por supuesto, hay puntos medios. En la pieza que me mencionabas hablo de Ubuntu, y de cómo incluso teniendo detrás a Canonical como empresa, encuentran problemas para seguir el ritmo esperable de actualizaciones no por falta de compromiso de la Comunidad, sino por la falta de un músculo empresarial capaz de establecer los acuerdos adecuados con el resto de miembros de la cadena tecnológica (drivers para hardware, software que se echa en falta…).

A nivel de privacidad, el software libre siempre debería dar mayores garantías. Tú puedes si quieres auditar el código, y por tanto, saber a ciencia cierta qué hace en background ese proceso que te está pidiendo información. Y si hubiera una puerta trasera con la cual se puede exfiltrar la información del usuario, es probable que tarde o temprano alguien sea capaz de encontrarla. Cosa que en el software propietario ya no es tan fácil de hacer.

Pasamos por tanto de una privacidad real a una privacidad asistida, basada en la confianza en que el proveedor del software esté diciendo la verdad y/o haya hecho los deberes.

¿Un usuario común y corriente que no tiene conocimientos informáticos realmente puede pasarse al software libre, qué facilidades y dificultades ofrece?

Fíjate. En la pieza del 2015 hablaba precisamente de cómo un servidor, que estuvo años trabajando con Linux, y que hasta ha estado envuelto en el desarrollo de un sistema operativo basado en software libre como fue Firefox OS, ha ido paulatinamente apostando por software propietario en mi día a día por la facilidad de uso, y por la tranquilidad que me da el que todo funcione como espero.

Entrego, por tanto, parte de esa seguridad/privacidad a cambio de usabilidad y confianza. De saber que hoy me voy a poner a trabajar en mi portátil con Windows 10 y que todo funciona como Dios manda.

Ahora bien. No era entonces un usuario común, y quiero pensar que no lo soy todavía ahora. Antes me cargaba Ubuntu cada dos por tres… ya que por temas profesionales (y por qué no decirlo, también por ser mucho de tocar lo que no debo) estaba cada dos por tres modificando archivos críticos del sistema, instalando dependencias actuales y manteniendo repositorios antiguos.

Un usuario básico de informática, como pueden ser nuestros padres y en definitiva casi todo el grueso de la sociedad, cuyas mayores necesidades es acceder a una suite de ofimática, navegar por Internet y consumir contenido multimedia, puede trabajar más que solventemente en la amplia mayoría de distribuciones Linux que hay en el mercado.

Es más, en mucha de la Administración Pública española se ha acabado por apostar por versiones específicamente diseñadas para ello. Un servidor colaboró en su día con una versión de Linux creada para las universidades y centros de estudios de Madrid, y créeme si te digo que MAX (ES) tiene todo lo que un estudiante o un profesor necesita… y mucho más que seguramente nunca va a necesitar. Todo de forma gratuita, con licencias permisivas.

Así que sí. Linux es perfecto para la gente que no tenga conocimientos. Casi más que para los que supuestamente tenemos algunos (o creemos que los tenemos, jajaja).

¿Qué tan posicionado está el movimiento del software libre y qué opciones le ofrece a los usuarios en general?

Buah, la pregunta es complicada de responder.

Si esto mismo se lo preguntas a un linuxero, te va a decir que el software libre está en su mejor momento. Que somos millones y que claramente domina el panorama tecnológico.

Si le preguntas a mi madre, te dirá que no tiene ni idea de qué le estás hablando, y que ninguna de sus amigas de la peluquería sabe tan siquiera que eso existe.

Y lo cierto es que ambos tienen razón.

Linux está presente a día de hoy en más productos que nunca. ¿Tienes un móvil? Pues seguro que tiene aunque sea parte de software libre. ¿Tienes WiFi en casa? El router tiene sí o sí Linux de SO. ¿Wearables? ¿Domótica? ¿Servidores? Linux está en todos los sitios.

Pero el usuario medio no tiene ni idea de ello. Casi todos utilizamos Android/iOS/Windows/OS X… con sus interfaces y sus capas propietarias.

Y si alguna noticia llega a los medios de comunicación generalista, suele salir de las grandes corporaciones, que hablan, como es de esperar, de su negocio.

El software libre nos rodea, pero no es visible. Nos ha permitido crear un ecosistema tecnológico increíble, pero de forma opaca, paradógicamente, al usuario final.