Privacidad frente a seguridad en la preservación de nuestros recuerdos

google fotos seguridad

Este es, hasta donde tengo constancia, el primer recuerdo gráfico que existe de un servidor.

El pequeño Pablo que ve en la imagen tenía apenas 20 días de vida, y quien está sujetándome, como no podía ser de otra manera, es mi madre.

Ya he explicado en más de una ocasión que tengo memoria de pez. De hecho, ha sido una de las razones por las que en su día decidí abrir PabloYglesias.com. Una excusa para ir colgando en un espacio disponible de forma ubicua todo lo que iba aprendiendo sobre esos temas que tanto me gustan, y que por suerte, y al menos hasta el momento, se han transformado también en mi trabajo.

Hace unos días, hablando con mi madre con la idea de preparar un viaje a Disneyland Paris (¡Yupi!), le comentaba que a mi me parecía que ya había estado. De París, de hecho, tengo un vago recuerdo en la Torre Eiffel, y juraría que en ese viaje también había estado en el parque de Disney.

Ella, que tiene más o menos la misma memoria que un servidor (de algún sitio tenía que haber heredado tal don…) me aseguró que no, y pasaron unas horas hasta que volvió a llamarme para confirmarme que en efecto quien tenía razón era el menda. Todo gracias a que por casa había una foto de un viaje del colegio (2001) montado en una de las atracciones del parque.

Aprovechando que este finde pasaba por Madrid le pedí que me trajera algunos de aquellos álbumes, y me he pasado una tarde de este fin de semana escaneando fotos que probablemente jamás había visto.

Todo con la idea de intentar, en la medida de lo posible, mantener a buen recaudo esas pequeñas islas de recuerdos que hasta ahora estaban únicamente presentes en el soporte físico.

¿Soy el único que se preocupa por qué quedará de nosotros dentro de unos años?

No ya a eso de “dejar huella” en la historia, sino más bien a que si podré acceder a esta información (en definitiva, a los recuerdos que lleva asociada) dentro de 10, de 20, o de 40 años.

Y es que hay motivos de sobra para hablar de esto:

  • ¿Una fotografía impresa qué esperanza de vida tiene? En un escenario ideal, 100 años quizás, presuponiendo que el papel tenga una calidad media esperable en la actualidad.
  • ¿Un documento digital? Lo mismo 10 o 20 años, habida cuenta de que es probable que o bien el soporte donde está almacenado, o bien el formato utilizado, se degrade con el tiempo o se vuelva incompatible con el software y hardware de años venideros.

Este es un problema del cual he hablado con anterioridad, y que hace unas semanas volvía a exponer en el programa de Gonzalo Esfanía (ES) para Gestiona Radio (hasta donde sé, no existe archivo de podcast al que enlazar). La preservación de la información en la era digital es un trabajo casi utópico.

Ya no solo se trata de saber qué es importante y qué es pura paja en un entorno de creación de información que crece exponencialmente (y, en líneas generales, se hace sin criterio alguno), sino que además los ciclos de vida del soporte son cada vez más bajos.

En casa de mi madre tengo disquetes… que ya no sé lo que tienen dentro. Pero es que aunque me agenciara una disquetera y consiguiera instalarle los drivers adecuados para que funcione en Windows 10, es probable que el formato ya fuera incompatible con los programas de lectura actuales. O que incluso el archivo, aún siendo compatible, se haya ido degradando con el paso del tiempo hasta ser prácticamente ilegible.

Y ojo, que no estoy hablando de un libro escrito en el siglo X, sino de un documento creado hace… ¿15-20 años?

Con las fotografías pasa lo mismo.

¿Qué sistema me asegura que la información gráfica perdure el máximo posible, salvaguardando de paso dicha información de los riesgos locales y globales a los que en el futuro podría estar expuesta?

Le he dado muchas vueltas al asunto. Y al final he decidido que la mejor alternativa es subirlo a un servicio en la nube. A Google Fotos, para más inri, a sabiendas de lo que sacrifico en el camino.

Preservación de información en soportes en la nube

He despotricado de Google Fotos hasta quedarme a gusto, y es que cuando juntas un servicio de almacenamiento de contenido multimedia personal que se sincroniza automáticamente desde tu smartphone, con una empresa cuyo negocio es la publicidad, es fácil imaginar los riesgos de privacidad que podríamos llegar a correr.

Pero a cambio, me ofrece una seguridad y accesibilidad que difícilmente voy a poder encontrar en cualquier otro escenario.

Los álbumes de fotos pueden quemarse o mojarse (es más, hace cosa de un año perdimos varios documentos tras la rotura de una cañería de agua que inundó una de las habitaciones de la casa). Mi disco duro externo puede dejar de funcionar (el último que tuve, de hecho, le pasó sin previo aviso), y aunque hago copias de seguridad cada dos meses en otro disco duro externo, de nuevo tengo ambos en la misma habitación, por lo que estamos ante el mismo problema de antes.

¿El móvil? Al igual que cualquier dispositivo que sale de casa, no es ni de lejos la mejor opción para almacenar contenido sensible (mi pareja lo experimentó en sus propias carnes, y en el peor momento, hace apenas unos meses), así que la única alternativa válida que he encontrado es apostar por un sistema de almacenamiento híbrido:

  • Parte de las fotos impresas en mi casa.
  • Parte en casa de mi madre.
  • Parte en soportes digitales en local.
  • Parte en soporte digital en la nube.

Algo muy malo tendría que pasar para que un riesgo local afectara en el mismo momento a mi madre y a mí viviendo a 600 kilómetros de distancia. Pero aunque ocurriera, y por contradictorio que pueda resultar, el contenido subido a la nube es el que más garantías tiene de sobrevivir. Tanto por el propio soporte, como por la compatibilidad a futuro.

Eso sí, con ello le he vendido mi alma a Google.

Otro cachito más, quiero decir.

Porque sé que mientras Google siga existiendo ese contenido seguirá siendo totalmente accesible. Y no va a desaparecer de la noche a la mañana (incluso aunque yo quisiera, que esa es otra :D).

¿Me arrepentiré en el futuro? ¿Google (o como diablos se llame aquel que en el futuro controle ese basto conocimiento) acabará por tergiversar esos recuerdos que tan “gratuitamente” he depositado en sus servidores?

¿Servirán de base servicios como Google Fotos para esa hipotética verdad absolutista y dictatorial a la que parece que nos están dirigiendo todos esta nueva oleada sistemas basados en inteligencia artificial?

Lo que está claro es que el riesgo más cercano, que es el de perder el acceso a estas islas de memoria, nos lo resuelve magistralmente. Es, de hecho, el sistema más garantista que tenemos en la actualidad, con todo lo que ello supone.

Aunque suponga dilapidar otra barrera entre lo que definimos como privado y seguro.

Y eso, para alguien como un servidor, no tiene precio.

 

P.D.: Por petición de un par de lectores en RRSS, tengo que decir que para digitalizar las fotos he utilizado FotoScan (ES), una app gratuita de Google que se sincroniza automáticamente con Google Fotos, y que como el resto de apps de escáner tiene la funcionalidad típica de eliminado de brillos.