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Contenido comprometido.

Tres artículos (bueno, dos y un hilo de Twitter) me animan a escribir sobre este tema nuevamente.

El primero, un hilo creado hace unos días por Carlos Torres (@carlosaspe), al cual se le ocurrió bucear entre esa marejada de recuerdos que es el histórico de Google Street View a la caza precisamente de estampas cotidianas. Centró el tiro, claro. Buscó en zonas que le resultaban familiares. Lo que encontró en una imagen de 2016 lo emocionó tanto que hizo un pantallazo y lo subió a su cuenta de Twitter con un mensaje:

— “En Google maps mis abuelos siguen vivos y mi madre va por la sombra para llevarles la comida”.

El tweet se hizo viral y decenas de otros usuarios han ido subiendo pantallazos donde aparecen familiares, amigos y seres queridos suyos ya fallecidos.

Por supuesto, y salvando casos muy específicos y dolorosos, lo cierto es que la estampa cotidiana que el coche de Google ha dejado en millones de calles por todo el ancho y largo del mundo puede llevar a situaciones como esta, en la que en efecto, tengamos una última instantánea de algún ser querido haciendo vida normal años ha.

Todo gracias a que, como decía, en Google Maps gestionan ellos solitos el contenido de su plataforma (al menos en cuanto a fotos de Street View se refiere, claro, que si metemos en la ecuación reseñas de establecimientos la cosa cambia radicalmente).

El problema surge cuando son los propios usuarios quienes suben el contenido (como pasa, de hecho, en las reseñas de la propia Google, que tantos problemas están generando hoy en día).

De Google saltamos a la Wikipedia, que recientemente confirmaba los terribles problemas que tiene para gestionar la veracidad de la información publicada por terceros en sus fichas.

La Fundación Wikimedia, la organización sin ánimos de lucro detrás de la enciclopedia digital, reconoce esta situación. Si bien cuenta con mecanismos de verificación, el desafío de evitar errores es cada vez mayor para los voluntarios, que ven como cada mes se agregan más de 17.000 nuevos artículos (EN).

¿Qué opción han encontrado para minimizar este problema? Pues acudir a sistemas de IA.

Concretamente, a uno desarrollado por Meta, que permite revisar automáticamente cientos de miles de referencias a la vez.

Según explica la compañía, esta solución, conocida como «Sphere» tiene dos grandes pilares: un algoritmo entrenado con más de 4 millones de fragmentos de texto de Wikipedia, y un conjunto de datos alimentado por la información de 134 millones de páginas web.

Para verificar las referencias de un nuevo artículo, Sphere lleva a cabo varios pasos. El primero es una búsqueda dentro de un índice que clasifica la información para evitar perder tiempo analizando datos que no corresponden a la temática en cuestión. Cuando el sistema encuentra un documento que potencialmente podría citarse como fuente, extrae el pasaje más relevante del mismo y lo procesa a través de un modelo de clasificación, que compara el nuevo texto con la cita original.

Mientras se demuestra y no el éxito de esta herramienta, lo cierto es que que sea Meta quien está detrás no es que de, per sé, muchas garantías.

Hace apenas unos días un informe publicado en el MIT Technology Review (ES) sacaba a relucir cómo las plataformas publicitarias de Zuckerberg eran un nido de desinformación.

Si usted tiene una cuenta en Facebook o Instagram y Meta ha determinado que podría estar interesado en tratamientos contra el cáncer, es posible que haya visto este anuncio, o uno de los aproximadamente 20 que aparecen desde el hospital CHIPSA en México cerca de la frontera con EE UU, todos ellos enumerados en la biblioteca pública de anuncios (Ad Library) de Meta. Forman parte de un modelo de anuncios en Facebook que hacen afirmaciones engañosas o falsas relacionadas con la salud, dirigidas a enfermos de cáncer.

El tema es particularmente dañino, ya que como puedes ver, hablamos de anuncios que ofrecen supuestas curas para el cáncer que por supuesto ni están probadas, y que en algunos casos pueden llegar a ser hasta contraproducentes.

Pero vaya, que quien más quien menos en algún momento ha visto en Facebook o Instagram anuncios de supuestos juegos que ni de lejos se parecen al juego real, cuando no directamente timos encubiertos en supuestas tiendas online.

Pues estos son los que ahora van a ayudar a la Wikipedia a luchar contra la desinformación, oye.

Un problema que tiene muy pero que muy difícil solución, y que demuestra una vez más las limitaciones y debilidades de toda esta economía basada en el crowdsourcing.

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