productividad laboral

Reconozco que tengo una cruzada con este tema.

Te pongo en antecedentes.

Un servidor, quien escribe estas palabras, es bastante rápido haciendo el trabajo. Al menos, el de los clientes (otra cosa es crear contenido en esta página…). De algo tiene que haber servido llevar más de una década dedicándome a lo mismo.

Tanto desarrollo, como gestión publicitaria, marketing, y en definitiva todas las labores relacionadas con la gestión de la información (sea con el fin de mejorar la presencia digital, sea con el fin de evitar crisis reputacionales), es algo que llevo muchos años mamando, muchísimas horas formándome y probando con proyectos propios y de clientes, y sobre todo, creando metodologías que sé que funcionan.

Por eso no creo (y recalco que hablo de nuestro sector, no de un restaurante o de cualquier negocio a pie de calle) en el formato de pago por hora. Ni tan siquiera en el de jornadas laborales cerradas.

Pablo, ¡entonces eres un explotador! ¡A la hoguera!

Permíteme que me defienda.

Lo absurdo de un trabajo por horas (en la industria de la información)

Pese a lo que yo diga, en el mundo laboral de nuestros días la tónica es hablar de horas. Y en parte lo entiendo, ya que desde el punto de vista de un trabajador por cuenta ajena, que busca conseguir dinero a cambio de ceder parte de su tiempo libre, lo que le interesa es, precisamente, saber cuánto de ese tiempo libre va a «perder» a cambio de cuánto dinero.

Supongo que aquí está la primera diferencia entre la forma de pensar de un pagador, y la de un trabajador. Cuando lo que haces lo haces únicamente por poner un plato de comida en la mesa (no porque tengas inquietudes de conocimiento, no porque sientas tuyo el proyecto), lo esperable es que busques simplificar al máximo esta transacción: Cuántas horas te entrego a cambio de cuánto dinero. Punto.

La putada es que esto, como ya expliqué en su día, genera un círculo vicioso que es nocivo tanto para el pagador (fíjate que estoy intentando hablar solo de empresarios o de clientes), como precisamente para aquellos trabajadores que son más valiosos.

Y aquí es cuando hablo de la productividad.

Si yo pago, pongamos, 1,5k (el sueldo medio en España) por 120 horas mensuales a dos trabajadores, y uno de ellos es el doble de productivo que el otro (algo que, seamos sinceros, en entornos digitales no resulta del todo difícil de medir), realmente estoy pagándole el doble al que hace la mitad del trabajo. O la mitad al que hace el doble.

Es decir, estoy premiando al que es menos productivo, pese a que a nivel puramente de negocio, lo lógico sería hacer justo lo contrario.

¿Por qué ocurre esto?

Pues por una simple razón: Si cobramos por horas y no por objetivos, la productividad no es un elemento importante en la ecuación. Es más, se vuelve contraproducente.

  • Si cobro por horas, lo que me interesa es tardar lo máximo posible en hacer mis tareas, ya que así… o cobro más (si me pagan por hora consumida)… o trabajo menos (si me pagan por una «tarifa plana laboral», que es el modelo más habitual de contrato profesional).
  • En cambio, si cobro por objetivos, la productividad se vuelve una métrica muchísimo más importante, ya que a mi como trabajador, egoístamente hablando, me interesa hacer el trabajo lo antes posible. Mientras antes acabe, antes me darán más trabajo (es decir, cobraré más al haber cumplido más objetivos), o antes podré dedicarme a lo que me de la gana (cobraré lo mismo pero tendré más tiempo libre).

¿Ves por dónde voy?

Entran en juegos los límites y las posturas cortoplacistas

Otro tema, al que por cierto dediqué una pieza exclusiva de mecenas hace un par de semanas, y que no deja de ser un síntoma más de lo absurdo que es pretender mantener vigente el modelo laboral de la época industrial en algunas industrias en particular, como es la de la gestión de información.

Puesto que, a priori, el contrato tipo es por tarifa de horas, lo normal para el empresario o el cliente (que no digo que sea lo mejor, sino simplemente un ejemplo más de lo absurdo que es todo) es exigir más a aquellos que son más productivos.

Que si más trabajo, que si más emails, que si más proyectos. Consiguiendo así quemar al trabajador (o colaborador) más productivo.

Produces más, ergo te mando más.

Por la sencilla razón de no saber poner límites.

¿Con qué? Pues, por ejemplo, para aquellos que trabajáis en oficina, con algo tan simple como no llevarse trabajo para casa.

Si los objetivos están bien fijados, y por tanto diseñados en base a la jornada laboral por la que has contratado a esa persona, se espera que se hagan en la jornada laboral.

Si no se han hecho, o bien esa persona no es la buscas, o bien es que no han sido bien fijados.

Y en ambos casos, por cierto, la culpa es del que paga.

O, ya puestos, no cumplir esos horarios que, precisamente, son los que se marcaron por contrato, con horas extra/crunchs (otro concepto que solo tiene sentido en industrias como la nuestra en casos muy específicos, por cierto) o esa expectativa de disponibilidad absoluta que ha traído, lamentablemente, el teletrabajo forzado de la pandemia.

Ya lo decía Pareto, que el 80% del éxito se encuentra en el 20% de las tareas que se hagan. O aplicado al tema de los límites, que para que ese 80% del trabajo sirva de algo, tenemos que dedicar un 20% a otras tareas. Pequeños descansos, que por ejemplo un servidor aprovecha para hacer unas sentadillas o estirarme, o tomar aire fresco, respirar, relajarse…, viciar, jugar a apuestas online (ES)… Cada loco con su tema. Èlia, por ejemplo, tiene al lado una tablet en la que tiene de fondo documentales y series, para esos ratos en los que tiene que hacer cosas metodológicas que no requieren mucha concentración.

Desde el punto del pagador, lo suyo es controlar lo suficiente de lo que está haciendo el trabajador como para saber gestionar adecuadamente los tiempos. Un servidor, por ejemplo, suele implementar metodologías ágiles como Scrum para gestionar equipos en remoto con CyberBrainers, y en mi día a día tiro de otra metodología tan manida como es Kamban, y de un concepto tan simple como es el Inbox Cero en email, cogiendo en cada caso lo que me interesa.

Lo triste es, como le decía a un compañero mecenas al hilo de los emails de trabajo a horas intempestivas, que algunos países hayan tenido que sacar leyes que establezcan límites para evitar abusos.

¿De verdad es tan complicado trabajar, en sectores como el nuestro, por objetivos? ¿De verdad cuesta tanto entender que acaba siendo positivo tanto para la empresa/cliente, como para el trabajador/autónomo?

Me haces esto, cobras esto. Me haces esto otro, cobras esto otro.

¿Que acabas antes de lo que esperaba?

Pues bien por ti y bien por mí. Vas a tener tú más tiempo, y yo el trabajo antes. Todos felices.

Cuántos disgustos nos íbamos a ahorrar, madre mía…

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