Crear el producto antes que la función

La imagen que acompaña el texto es una de las muchas creatividades de Second Livestock (EN), un proyecto de Austin Stewart a modo de estudio conductual.

second livestock

En teoría Second Livestock propone un sistema de realidad aumentada para las gallinas (si, ha oído bien), que permitiría, entre otras cosas, generar una suerte de realidad virtual que permitiera a estas pensar que se encuentran en el campo en vez de en una nave de producción.

En la práctica, es una llamada al sentido común en una situación que por el momento se nos va de la mano: La de crear productos antes de definir si en verdad aportan algo a la sociedad.

El proyecto tiene como punto de mira claro iniciativas como la de Oculus Rift, de la cual ya hablamos profundamente, y que surgió como un gadget con muchas posibilidades, pero sin una función en especial.

Desde el punto de vista de la industrialización, vivimos una situación sin precedentes. Nunca antes un sistema fuertemente metodológico como es el de la tecnología definió el producto antes que los requisitos. El “crear algo y ya encontraremos su valor más adelante” heredado de la filosofía de negocio startup, con empresas de reciente creación cuyo valor en el mercado se cuenta en millones y que nunca han llegado a ser rentables por sí solas.

¿Es correcta esta postura? ¿Acaba por volverse más productivo un entorno en el que las herramientas ya existan y solo falte por definir los usos que se les den?

Son preguntas a las que al menos un servidor no encuentra respuesta sencilla. Sí pero no. No pero sí.

Bien es verdad que la comunidad (entendiendo como comunidad a todos esos stakeholders que se generan alrededor de una industria) acaba por “hackear” cualquier producto. No resulta raro encontrar objetos en nuestra casa que cumplen ahora funciones para las que posiblemente no fueron diseñados (¿qué me dice de esa hoja de papel enroscada que ayuda a estabilizar alguna mesita, o la caja de cerillas utilizada para apagar los olores del baño?). Es algo habitual. Adaptar el medio a nuestros intereses, redescubirendo la materia que tenemos ante nosotros.

Pero por otro lado, el sino de la industria es crear herramientas que faciliten alguna labor. Esas herramientas nacen (al menos históricamente) por algún por qué, y luego el propio mercado puede que encuentre otros.

Definir el cómo antes que el qué conlleva un nivel de riesgo muy elevado, ya que externalizas uno de los pilares necesarios para la identidad del producto, y de no hallarse, habrás gastado una gran cantidad de recursos en vano.

Y sin embargo, viramos hacia un mercado que favorece esta postura frente a la tradicional. Que tiene un índice de caos elevado, y que se apoya como nunca en terceras partes, que a fin de cuentas son las que de verdad aportan valor.