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Negocios Seguros

sugarcoat

Seguridad y protección del usuario.

Ya hemos hablado en muchas ocasiones de la eterna pugna entre la necesidad, lícita, de que los administradores de servicios online moneticen su trabajo (a fin de cuentas, a todos nos gusta comer tres o cuatro veces al día), y el impacto que esto puede llegar a tener de cara al usuario, y sobre todo cuando se apuesta por sistemas basados en la publicidad programática.

Es más, fíjate si el tema es interesante que precisamente estos días la Comisión de Mercado Interior y Protección del Consumidor (IMCO) de la Unión Europea está preparando un sistema de restricciones bastante duras al funcionamiento base de la publicidad en Internet (EN), muy al hilo de lo que supuso, en su día, el reglamento RGPD con la gestión de datos personales en formularios o en la política de cookies.

Pero no quería hablarte de esto (más que nada porque por ahora solo hay una votación a favor de preparar dicha regulación), sino de cómo llevamos años demostrando por las acciones de los usuarios, que este sistema de monetización es injusto.

Y no, no me voy a meter en si deberíamos pagar por acceso a la información (como, en parte, estás haciendo tú ahora al recibir este contenido), o si deberíamos apostar por sistemas mixtos.

La cuestión es que si un sistema, como puede ser el publicitario, fuerza al usuario a utilizar herramientas que bloquean dicho sistema, y estas pasan de ser algo anecdótico (usadas por los conspiranoicos y cuatro gatos más) a estar presentes en un porcentaje significativo de usuarios (por ejemplo, todos los usuarios de Safari, Firefox y Brave, entre otros navegadores), es que algo no está funcionando correctamente.

Hablo, por supuesto, de los bloqueadores de publicidad, que por regla general, bloquean (valga la redundancia) la publicidad a lo bruto: Ahí donde se carga un script, se le bloquea.

¿El problema? Pues que muchas veces esos scripts no son de publicidad… sino de funcionalidad.

El mejor ejemplo lo tenemos en páginas que tienen activada de forma forzosa la política de cookies, y que hasta que no las aceptas, directamente pierden parte de su función. No son completamente navegables.

Esto, por razones obvias, es un problema de difícil solución, más que nada porque no hay ninguna estandarización más allá de las cuatro grandes plataformas esperables (identificar scripts de redes sociales generalistas, de Google Adwords…).

Es decir, que la mayoría de bloqueadores de publicidad, o por defecto bloquean todo script potencialmente invasor (jodiendo probablemente la funcionalidad de una web), o solo lo hacen con los scripts publicitarios más conocidos, por lo que las webs y servicios que apuesten por plataformas menos conocidas (y seguramente más dañinas para nuestra privacidad) bypasearán los controles.

Esto era así, con pequeños acercamientos menos brutos, como el que usaba uBlock Origin, capaz de identificar hasta 27 scripts diferentes, hasta que el otro día, los desarrolladores de Brave Browser (el navegador que un servidor utiliza por defecto) junto con investigadores de la Universidad de San Diego presentaron SugarCoat (EN), un bloqueador de publicidad que reemplaza, no bloquea, los scripts publicitarios.

Esto es, se encarga de dar información inexacta (creada pseudoaleatoriamente) a dichos scripts, de forma que realmente se consigue minimizar la exposición de datos identificativos… sin que ello afecte a la funcionalidad del servicio.

El funcionamiento interno de SugarCoat se explica en un paper académico recientemente publicado por su equipo de desarrolladores, titulado ‘SugarCoat: Programmatically Generating Privacy-Preserving, Web-Compatible Resource Replacements for Content Blocking’ (aquí el PDF (EN)).

¿Lo interesante del tema? Pues que este sistema, integrado en el navegador Brave y ofrecido como software libre, asegura identificar hasta 6.000 scripts diferentes. Y la idea es seguir metiendo nuevos conforme la comunidad que se generará a su alrededor vaya haciendo sus aportaciones.

Un ejemplo más de desinformación digital al alcance del usuario. Y un aviso nuevamente a esa industria que un buen día decidió que la publicidad hipersegmentada era el camino a seguir…

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