Publicidad y experiencia de navegación aceptable

Si de algo podemos presumir en el siglo XXI es de haber explotado hasta la saciedad los modelos de negocio indirectos. Abstraemos el valor del dinero, e incluso el valor del valor del dinero, y operamos con abstracciones del mercado (producto como servicio frente a producto, usuarios o espectadores frente a consumidores,…).

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De entre toda esta arquitectura financiera, la que más está en boca de todos es la de la publicidad. Un modelo que ha alzado a pequeñas startups como en su día fueron Google o Facebook en los gigantes que son en la actualidad. Un sistema cuyo valor depende del conocimiento de los datos de los usuarios, y para ello, genera un ecosistema rico en servicios que se alimentan de los mismos.

El siguiente paso fue la externalización de todo ese valor. El generar una plataforma como los markets o la publicidad en webs y apps que depende de los primeros, y que otorga dinero tanto a ellos como a los que lo implantan.

Y aquí es donde empiezan los problemas.

El primero viene de la mano de la privacidad: Internet, entendiéndola como la red distribuida y abierta que es, debería ofrecer como mínimo la posibilidad de que el usuario navegara de forma anónima. No digo con esto que use Gmail, o que haga una compra en Amazon. Me refiero a navegar por el ciberespacio sin tener que ceder acceso a sus cookies y a sus metadatos. Si quiere usar servicios financiados por la publicidad, pues le tocará hacerlo. Pero sino, que al menos pueda elegir.

La estrategia seguida hasta ahora es justamente la contraria. Las compañías de servicios hacen y deshacen en un sistema sin ningún tipo de regulación. Las que son capaces de explotar al máximo los datos, acaban por cobrarse el acceso a sus servicios a precio de oro. Para el resto, queda la única posibilidad de ofrecer valor a largo plazo, esperando mediante estadísticas que el nicho donde están vaya creciendo.

Entra en juego además el clásico pez que se muerde la cola, y es que el abuso de publicidad y tácticas publicitarias de dudosa moralidad en algunas webs y apps está cada vez más forzando una situación en la que el usuario se siente atacado, lo que le lleva a optar por medidas tan extremas como bloqueadores de publicidad por defecto, que afectan tanto a estas webs como a otras que sí son sensibles a la situación, y ponen remedio con publicidad no invasiva.

Lo óptimo sería que todos se acogieran al Manifiesto de Anuncions Aceptables (ES), que impone cinco puntos para considerar un sistema publicitario afín con el interés de las dos partes (empresa que busca monetización, y usuario que consume su contenido):

  1. Los Anuncios Aceptables no son molestos.
  2. Los Anuncios Aceptables no interrumpen o distorsionan el contenido de la página que queremos leer.
  3. Los Anuncios Aceptables son transparentes como tales, nunca engañosos.
  4. Los Anuncios Aceptables son efectivos sin necesidad de ser agresivos.
  5. Los Anuncios Aceptables se adecuan al sitio que estamos visitando.

Cinco sencillos tips que permitirían por un lado monetizar el servicio, y por otro que el usuario no viera comprometido su derecho de decidir navegar sin ser rastreado. La contextualidad del anuncio bien se puede obtener del propio contenido de la página (entendemos que si un usuario está viendo una pantalla, es porque el contenido es afín con sus necesidades en ese preciso momento), y evitamos así la trazabilidad de sus datos.

Un servidor usa en todos sus navegadores bloqueadores de publicidad sensibles con el Manifiesto. No es lo más idóneo, sin duda. Esta web no tiene publicidad, y tengo claro que si el día de mañana me decidiera a incluirla, bien me buscaría la vida para que dicha publicidad cumpliera estos principios que entiendo básicos. Pero incluso en ese caso, un simple cambio en la política de privacidad del servicio que eligiera (y por supuesto, sin hacer falta mi consentimiento) podría acarrear que se mostrara publicidad invasiva en mis dominios, lo que llevaría a muchos como usted, usuarios activos de tecnología, a activar por defecto el bloqueador. Se entra fácilmente en la lista negra (que recordemos es casi cualquier servicio con publicidad), y rara vez se vuelve a la lista blanca (depende de la buena fe del usuario, que lo mismo ni se da cuenta).

La mayoría de servicios son seducidos por el CPC de banners invasivos, y me veo en la obligatoriedad de desactivarlos cuando navego por medios que creo oportuno apoyar. Es decir, pasamos de algo por defecto (sufrir una publicidad invasiva), a una acción por defecto (no sufrir casi ninguna publicidad) a otra acción en cada servicio (meter en la lista blanca cada página que creo que merece la monetización). E incluso en este último paso, que sin duda lo hace un servidor y cuatro gatos más, no permite controlar qué tipo de publicidad se debe aceptar o no. No hay blanco o negro. O todo, o nada.

Si todos aceptaran estos principios, servicios como AdBlock Plus no serían necesarios, y las webs y apps que de verdad deciden perder un porcentaje de la monetización en facilitar la interacción en sus dominios no tendrían que sufrir el forzoso uso de los bloqueadores de publicidad. Pero está claro que algunos (bien sea por desconocimiento, bien sea porque en verdad les da igual mientras ganen más) no están dispuestos a cooperar, lo que posiblemente lleve a que en un futuro no muy lejano, un sistema tan cómodo como el de la monetización por publicidad no sea válido (y hay indicios claros en el cada vez más pequeño precio por vista o click de los anuncios).