facebook publicidad politica

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Así de tajante es un servidor, qué quieres que te diga.

A la vista de que una herramienta publicitaria tan potente como la que ofrecen plataformas como Facebook o Google puede ser utilizada como arma para alienar a la sociedad y generar un crisma de tal envergadura que favorezca a los partidos extremistas, la única alternativa que veo es que directamente se prohíba.

Para todos, sin distinción.

Si tiene que ver, aunque sea de soslayo, con temas políticos, anuncio prohibido.

Punto.

Por supuesto, esto entra en conflicto precisamente con las grandes compañías que viven de la publicidad, Facebook a la cabeza.

Ya en su día comentamos cómo el mejor cliente de Facebook a nivel mundial era, paradójicamente, el partido republicano pro-Trump de EEUU. Y en el caso español la cosa no se queda muy atrás. Podemos era en su día (2018) de lejos el que más invertía en publicidad en la plataforma de todos los partidos politicos.

¿Qué problema hay con ello?

Pues que hay una línea muy fina entre hacer publicidad de campaña, y hacer propaganda política. La primera es hasta positiva (lo suyo es que todos estuviéramos bien informados de lo que ofrecen cada una de las opciones). Lo segundo, se mire por donde se mire, es nocivo para la sociedad.

Es un tema del que ya hablamos en profundidad en el análisis de aquella serie de documentales sobre Cambridge Analytica.

La política de nuestra era se basa, principalmente, en buscar las tretas para convencer a los indecisos.

Y bajo esta premisa, se divide la sociedad en tres grupos:

  • Los simpatizantes: Es decir, aquellos que abogan por nuestro partido. Con estos no tiene sentido invertir en campaña, ya que ya los tenemos pillados.
  • Los contrarios: Es decir, aquellos que tienen claro que quieren votar a otro partido. Y por tanto, ni mirarlos. Es más, en todo caso se hace campaña para señalarlos con el dedo (¡rojos comunistas!, ¡fachas!), lo que de seguro generará aún más rechazo entre ellos, ya que no hay nada mejor que tener bien claro (para esos indecisos) quién es tu enemigo (disclaimer: el que interese para la campaña del político de turno, ya sabes).
  • Los indecisos: Aquí está la guinda del pastel. Aquellos que no tienen un partido claro, o no se sienten del todo representados por ninguno. Aquí es donde hay que hacer inversión para engañarlos traerlos a filas.

Y entonces se diseñan las campañas, que girarán, según el presupuesto, entre dos o más factores clave que tiene este grupo heterogéneo de personas en común:

  • ¿Que no tienen trabajo o cuentan con trabajo inestable? Pues buscamos un enemigo común (la oposición quiere abrir fronteras y dejar a entrar a millones de inmigrantes que cobran ayudas y te quitan tu trabajo).
  • ¿Que están preocupados por el acceso a una vivienda digna? El problema es de todos esos miles de okupas que se dedican sistemáticamente a vivir del cuento usurpando casas cuando sus dueños van a comprar el pan, y no los pobres bancos que se las ven y se las desean para quitarle las casas a los deudores.
  • ¿Que hay una crisis mundial que está jodiendo la economía? Esto si nosotros estuviéramos en el poder ni os hubiérais enterado. Porque claramente se podía haber gestionado mejor. Que yo tengo la receta perfecta, pero oye, como no gobierno, pues no la digo…

¿Ves por dónde va el tema?

Da igual que hablemos de demócratas que de republicanos, de izquierda o derecha. Todos, absolutamente, diseñan una serie de campañas para seguir calentando la silla y con suerte cobrar una paga vitalicia.

La política de nuestra era está gestionada, como decían en un artículo magistral de hace tiempo en ElMundo (ES), por una sociedad del sandwich mixto: de la mediocridad.

A todos los niveles: Política, empresa, funcionariado…

Los que de verdad valen no se meten en política, ya que para llegar a ser alguien debes ser del montón, y aceptar que hay cosas más importantes que gestionar un país (mantener y defender absurdamente «la voz» del partido, por ejemplo).

Con todo esto en mente, pues pasa lo que pasa.

La publicidad, que podría ser una vía de acceso a la ciudadanía perfecta para sacar a relucir lo mejor de nuestra propuesta sin el miedo a segundas opiniones, se corrompe, y lo que obtenemos es una suerte de propaganda que ensalza los errores de la oposición y busca caldear el ambiente.

Ya no se trata de convencer con nuestra propuesta, sino de evitar que los indecisos apuesten por la de nuestra oposición, mintiendo y sacando las cosas de contexto.

Miro esas asambleas en países como Brasil en la que los congresistas están todos de pie gritándose e incluso llegando a las manos, y luego echas un ojo a lo que tenemos por aquí o por EEUU, y las diferencias cada vez son menores. Gente preparando el discursito jactancioso de turno, intentando aparentar ser el más malo de la clase, para acaparar titulares con frases vacías pero mediáticas.

Puro teatro.

Y entra en juego otro factor: Las plataformas publicitarias están regidas por empresas cuyo único objetivo es ganar dinero. La ética a nivel corporación no existe.

Así que tienes por un lado a anunciantes cuyo objetivo es conseguir votos cueste lo que cueste, y por otro a unas plataformas que hacen la vista gorda escudándose en la manida «neutralidad algorítmica» para seguir aumentando las arcas.

Entrar hoy en día en Facebook es visitar un hervidero de actualizaciones de esa sociedad del sandwich mixto que se quedan, por pura ignorancia, con la monserga de uno u otro partido.

¿Son estas el tipo de redes sociales que queremos tener? ¿Tiene sentido visitar día sí, día también, un servicio que está diseñado para mostrarnos contenido que nos hace sentir mal?

Twitter prohibió hace ya cosa de un año (EN) la publicidad política. ¡Y hablamos de Twitter! Probablemente la red social generalista más abierta de todas.

El último movimiento lo ha tomado Facebook, que tras asegurar a diestro y siniestro que quién eran ellos para prohibir contenido publicitario, aunque este dijese cosas que objetivamente eran mentira (no es coña, son declaraciones de Zuckerberg (EN)), ahora se ve obligada a prohibir la publicidad política.

Alexandria Ocasio Cortez: «¿Eliminaréis mentiras, sí o no?».

Mark Zuckerberg: «En democracia, creo que la gente debería ver por sí misma lo que los políticos que podrían votar o no dicen».

Lees esta noticia (EN) y oye, das palmas hasta con las orejas. Pero luego te enteras de que la medida puede ser temporal (en ningún momento han dicho que esto sea permanente), y que entra en vigor el 3 de noviembre.

¿Que qué pasa el 3 de noviembre? Pues que ese día se celebran las elecciones norteamericanas.

¡Tócate los cojones, Manoli!

Prohíben la publicidad política justo el día que terminan las campañas políticas. ¡Ole sus santos huevos, Señor Zuckerberg!

Al menos, eso sí, parece que van a tomar medidas con algunas campañas conspiracionistas, como la de QAnon y la de las antivacunas. Pero bueno, que seguirán permitiendo anuncios que aboguen en contra (y a favor) de su legislación (ES).

Ya no permitimos anuncios con engaños de vacunas que han sido identificados públicamente por las principales organizaciones de salud mundial, como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos (CDC)

Si un anuncio explícitamente desalienta a alguien de obtener una vacuna, lo rechazaremos.

Una de cal, y otra de arena.

Que, de nuevo, $$$ > ética.

Con lo sencillo que sería, como dije, directamente prohibir todo lo que tenga aunque sea indirectamente vinculación política.

No solucionaría todos nuestros males, pero de seguro mejoraría un poco más el mundo que nos rodea.

El del sandwich mixto, me refiero.

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Articulo exclusivo PabloYglesias