ortografia si no

Este es una de las newsletters antiguas que se enviaron de forma exclusiva a los miembros del Club Negocios Seguros, y que se liberan públicamente un mes más tarde.

El Club Negocios Seguros está actualmente, y de forma temporal, cerrado, por lo que no se admiten nuevos miembros

*******

Negocios Seguros

Las 7 de la Semana
Newsletter de negocios digitales, tecnología y seguridad

Imagínate recibir de manera totalmente gratuita este tipo de historias directamente en tu correo.

Te envío cada lunes a las 7am un email con toda la actualidad sobre tecnología, seguridad y negocios digitales.


Newsletter 912

*********

Al menos, a quien «escrive» este artículo, mucho.

De hecho, no sabes lo mucho que me jode cuando alguno de vosotros me corrige.

Y no por la corrección, que os lo agradezco infinito, sino por el error en sí.

Por no haber sabido reconocerlo mientras escribía.

La gota que colmó el vaso

Recientemente este tema salía a la palestra tras la decisión del Ministerio de Educación de penalizar con un 10% (ES) en los exámenes de la Selectividad/PAU/EBAU/como diablos la quieran llamar ahora los errores de ortografía cometidos.

Que claro, ha sido hacerlo público, y llegar un maremágnum de críticas.

Tanto a favor, como en contra.

Y un servidor ya no sabe para dónde mirar.

Ortografía sí

Según Carlota de Benito, profesora de Lingüística iberorrománica en la Universidad de Zúrich:

«La ortografía no la hacen los escribientes al escribir, sino que es un código que busca representar la lengua en un espacio (el papel, la pantalla) en el que se ve privada de una de sus características más  importantes: la voz».

Y bajo este prisma, la ortografía se entiende como un «lenguaje» (en su más amplio espectro) formado a su vez por cuatro análisis técnicos:

  • El fonológico, que asigna cada sonido a una letra;
  • El prosódico, que decide si hay que tildar o no una palabra;
  • El morfológico, que explica dónde empiezan (y dónde acaban) las palabras;
  • El sintáctico, que, entre otros menesteres, designa dónde hay que poner los signos de puntuación.

Es decir, que con esto en mente, debemos entender la ortografía como un ente en sí, y no como la mera traslación del lenguaje hablado a un soporte digital/analógico.

Que podemos hablar de una u otra manera (recuerda que no hay una forma mala de hablar, a no ser que dicha forma no permita al receptor entender el significado del habla), pero sí podemos escribir bien o mal, en tanto en cuanto la ortografía marca un conjunto de reglas fijas que definen lo que está bien escrito de lo que no.

De ahí viene el papel normativo fuerte de la ortografía, alejado de la lengua, mucho más flexible y, por tanto, subjetiva.

Ortografía no

Y sin embargo, el objetivo último de la lengua escrita debería ser… la comunicación.

Una comunicación en la que, seamos sinceros, pese a que he escrito mal (y a posta, que conste) el título de esta entrada, todos los que lo habéis leído habéis entendido sin ningún problema la frase y su significado.

Que pese a que ese «Qué» no llevaba tilde para diferenciarlo del «que» conjunción, y ese «escribir» tiene una «v» en vez de una «b», pues oye, se entiende perfectamente.

Como mucho te sangran un poco los ojos, pero el contenido, que es lo que importa, lo has captado (tú y yo) sin ningún problema.

La propia RAE reconoce que una cosa es el código, y otra su función.

Igual que pasa con las matemáticas y la física, algo puede funcionar a nivel de código (matemáticas) pero no poder ser representado en la vida real (física).

Y con la ortografía y la lengua pasa lo mismo. El código es el que es, nos guste más o nos guste menos. Pero la lengua admite muchísima más flexibilidad, y creo que a estas alturas todos hemos aceptado que la lengua la hacen los que hablan, no cuatro dinosaurios en una sala.

Que debería «putoencantarnos» el hecho de que ahora pueda tirar las «almóndigas» por toda la mesa y limpiarla con la «toballa». Pese a que el «puto» hasta hace cuatro días no era considerado un superlativo, y los otros dos hayan sido ya reconocidos por la RAE como vulgarismos (pero reconocidos, a fin de cuentas).

Realidad de mercado

El tema, sin embargo, se complica cuando entran en juego cuestiones limitantes como la anteriormente mencionada.

Que te bajen hasta un punto en el examen por cometer faltas de ortografía tiene todo el sentido del mundo en un examen de ortografía.

Pero… ¿y en uno de matemáticas?

¿O de física?

¿O de historia?

Estamos dotando entonces a la ortografía como un código incuestionable y, sobre todo, limitante a la hora de acceder o no a unos estudios específicos, y ya puestos, a una carrera profesional.

Una que puede no tener nada que ver con la ortografía. Al menos, más allá de la importancia que podamos darle al código del lenguaje.

Que, recalco: no sé si posicionarme a favor o en contra.

  • Años de adoctrinamiento en el aula me han conferido una especie de fe ciega a la norma. Una que me salto de vez en cuando porque a base de escribir tanto raro será que no cometa algún gazapo, pero que si de por mi dependiese, cumpliría a rajatabla en todo y cada uno de los escritos que realizo.
  • Y por otro lado, esa cada vez mayor sintonía con la escuela austríaca de economía me hace pensar que debe ser el mercado quien decida (oferta y demanda), y no unos convencionalismos que no aportan más que ruido (complejidad) al libre mercado del habla.

Que no hace falta ser muy listo para darse cuenta de que el mercado lo tiene claro.

  • Ahí tienes a esos eruditos de la lengua, auténticos genios en eso de juntar palabras, que han muerto más pobres que nadie. O que, como mucho, aspiran a tener una nómina más bien modesta como catedráticos en tal o cual universidad.
  • Y ahí tienes al bueno de Lladós, el influencer de moda (fucking burpees!), cometiendo (casi que parece hasta queriendo) todas las faltas de ortografía posibles en cada una de sus publicaciones, jactándose incluso de ello, y viviendo alegremente en su mansión de Miami, con sus lambos, sus relojes, y sus novias de plástico.

Que parece que, en el Mundo Real (el que hay más allá del inflado ego de los académicos, me refiero), el que cometas más o menos faltas de ortografía pues como que no importa mucho. Al menos, eso sí, si no estás metido dentro del perverso y cerrado sector educativo.

Algo que parece que los jóvenes tienen cada vez más claro.

De hecho, es algo de lo que un servidor, como buen cascarrabias, recientemente se quejaba en una entrevista (aún no la han publicado, perdona, pero cuando la pueda publicar estará por aquí) que me hicieron en La Vanguardia sobre las diferencias generacionales en el mundo empresarial.

El razonamiento lógico de la ortografía pierde fuelle frente a una sociedad que parece más interesada en el contenido, y no tanto en el contenedor.

Y un servidor se encuentra ahora en tierra de nadie, sin saber muy bien hacia qué lado decantarse.

CTA news PY

Imagínate recibir en tu correo semanalmente historias como esta

El CLub Negocios Seguros está actualmente cerrado, pero puedes suscrirte ahora GRATIS a «Las 7 de la Semana», la newsletter sobre Nuevas Tecnologías y Seguridad de la Información. Cada lunes a las 7AM horario español un resumen con todo lo importante de estos últimos días, y recibe, de paso, acceso a mi último eBook, de más de 40 páginas, con herramientas de ofuscación en criptomonedas que usa la industria del blanqueo de capitales (y que deberías conocer para evitar caer en fraudes y ciberataques).