Los riesgos de la intermediación y la censura publicitaria de AdBlock

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Llevo un fin de semana de perros. Junto a un catarro que me trae por la calle de la amargura, se ha juntado la brillante idea de realizar cambios en el servidor y proveedor de dominio que tenía hasta ahora en esta humilde morada, con el fin de mejorar algunos aspectos que empiezan a quedarse cojos, habida cuenta de lo mucho que hemos crecido.

¿El resultado? La página ha estado prácticamente caída todo el fin de semana, con un servidor por detrás estrujando el cerebro e intentando encontrar las razones, que parecen ser varias y de difícil solución. Vuelvo por tanto a la configuración de antes de los cambios, a sabiendas que parte de los subdominios han quedado inactivos hasta que le saque más tiempo para encontrar una estrategia más acertada que me ayude a afrontar el problema.

Tanto que seguramente vuelva a estar caída en algún momento de esta próxima semana, correo incluido, por lo que le pediría paciencia. Si algún día soluciono el entuerto, el cambio le aseguro que será para mejor :).

De esos fines de semana que merecen ser olvidados. Tanto que casi se me pasa una noticia, acaecida este sábado, y que me parece terriblemente interesante para tratarla por estos lares.

A saber: AdBlock decidió en este día, considerado Día Mundial contra la Censura en Internet (EN), modificar algunos de los banners publicitarios que supuestamente evita que consumamos por otros en favor de la libertad, y en contra de la censura.

Y es que el asunto da para hablar largo y tendido, por lo irónico del movimiento.

¿En juego? El derecho al consumo informativo

Las razones que han llevado a la empresa que está detrás del bloqueador a ejecutar tan dictatorial campaña son, según podemos leer en su página (ES), y resumiendo, dos:

Son precisamente esas matizaciones las que me animan a escribir estas palabras. Que bien sabe usted que creo que el futuro de este canal no debería pasar por el camino que ha tomado la industria publicitaria. Como tampoco me gustaría vivir en un entorno en el que AdBlock (y el resto de bloqueadores) se auto-proclaman garantes de nuestra “libertad de consumo”.

La cadena de distribución publicitaria tiene varias víctimas

A un servidor, como usuario, le interesa consumir la mínima publicidad posible, entendiendo por publicidad lo que lamentablemente han acabado por forzarnos a entender: 

Esas piezas promocionales absurdas que, generalmente, cortan el contenido, cuando no directamente lo bloquean, sin aportan valor alguno.

No queremos consumirla por privacidad, por seguridad, por usabilidad y hasta por el bien de nuestra cartera (más gasto de ancho de banda, ergo posiblemente facturas mayores).

Esta página ofrece publicidad, y todavía no hubo nadie que se me haya quejado. Todo lo contrario. La publicidad que hago en esta web viene siempre apoyada en una elaboración de contenido a medida QUE APORTA VALOR, que escribo personalmente y que realizo siempre y cuando se cumplan algunos criterios que considero innegociables.

Porque no hay que olvidar que al otro lado de toda esa cadena se encuentra el administrador del medio. Ese mismo que ofrece, generalmente de forma gratuita, la información que todos nosotros consumimos. Y alguien que seguramente espera vivir de ello.

¿Queremos pagar por consumir contenido? Parece que aún nos cuesta. Incluso aunque lo propongamos como donación a cambio de beneficios que solo suman.

Pues que sean otros quien paguen.

Que sí, a las pruebas me remito cuando digo que si bien entiendo que la publicidad sea necesaria a día de hoy para mantener un negocio de esto de escribir/hablar por internet, se puede buscar también un equilibrio para que ello no reste en la mayoría de pilares que comentaba hace un rato. De privacidad no hablamos (en el momento en que metes una pieza publicitaria de ese tipo (no artículos patrocinados), metes de paso un script de seguimiento de usuarios), pero la seguridad, la usabilidad y el consumo de datos pueden ser hasta cierto punto controlables por el medio, cuyo trabajo es configurar la plataforma adecuadamente para evitar publicidad generalmente asociada a adware, cuando no timos, y el número de banners y la intrusividad de éstos que demuestran frente al visitante.

Inclusive, controlar que éstos se visualicen solo para aquellos que llegan desde un buscador (paracaidistas que suelen buscar la respuesta a una pregunta y rara vez vuelven a visitarte), evitando molestar precisamente a esos otros que han demostrado su interés por el contenido que generas y que por ello, te consultan asiduamente.

Dicho esto, el papel que están tomando estos bloqueadores de publicidad como garantes de nuestros intereses empieza a parecerme peligroso.

No necesito que nadie levante un dedo en mi nombre. Lo que espero de un bloqueador de publicidad es que precisamente me bloquee el contenido que de verdad es invasivo, forzando a los medios que consumo a que apuesten por estos formatos no invasivos, dejando de molestar con intersticiales y vídeos que se reproducen automáticamente, y obligando a la cadena publicitaria a dejar de ofrecer estos formatos. Que una cuarta parte de los usuarios hayan apostado por estas herramientas (EN) debería decirles, como mínimo, algo…

En caso contrario, ocurre lo que ha ocurrido este día 12. Que un servicio cuya única función es bloquear publicidad ha decidido mostrar publicidad a sus usuarios.

Con toda la buena intención del mundo (de hecho, secundo el objetivo de la campaña). Pero abre una excepción, y el día de mañana quizás también toque abrir una más por otra campaña semejante, o quien sabe, por publicitar un anuncio por el que le han ofrecido “una suma que difícilmente pueden dejar pasar”.

O quizás vender el historial de tráfico de sus usuarios a terceras partes, como hizo recientemente un popular antivirus “gratuito”.

Ergo, pasamos de bloquear publicidad a decidir arbitrariamente qué publicidad mostrar y cuál no. No basándose en criterios considerados estándares de la industria (ES), sino según interés del propio servicio.

Un nuevo garante, un nuevo intermediario de esa ya hiper-dilatada cadena publicitaria.

Tan malo es un extremo como el otro. Y hay límites que no se deben pasar. Éste, de hecho, es uno de ellos.