Dogecoin shibainucoin memecoins

Me gustaría saber qué diablos le pasó por la cabeza a Billy Markus y Jackson Palmer cuando, en 2013, decidieron aprovechar los ratos libres que les dejaba su trabajo en IBM y Adobe Systems respectivamente, y crear dogecoin.

Aunque en la mía, viendo la formación de cada uno (Billy ingeniero, Jackson marketiniano), la cosa tuvo que ser tal que así:

–Oye Jackson, ¿has visto lo chulo que es el protocolo criptográfico no administrado que usa de base Litecoin para montar una plataforma de transferencias no reguladas?

–De qué me hablas Billy. A mí lo que me está flipando es cómo esta niña en Instagram tiene tropocientos millones de seguidores simplemente por subir vídeos haciendo el monger.

–¡Ostia! –así, con voz de vasco de Silicon Valley–, pues anda que no molaría tener una criptodivisa en el mercado que fuera un maldito meme, ¿verdad?

–¡No hay huevos!

Dicho y hecho. Unos días meses más tarde, el grupo sacaba Dogecoin, una nueva criptodivisa que realmente no tenía nada de especial.

  • ¿La tecnología? Un calco de Litecoin, y de los centenares de copias de esta última.
  • ¿La base económica? Ninguna. Ni estamos ante una moneda FIAT, ni mucho menos ante un ecosistema económico que sustente su precio, cuya única premisa es que era muy pero que muy bajo (mucho menor a 1 céntimo de dólar).
  • ¿Entonces?

Pues tenía algo que hasta el momento ninguna, al menos conocida, ofrecía.

Un maldito meme.

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La base económica de los memecoins

Asi nacieron, o al menos se dieron a conocer entre el populacho, los memecoins, criptodivisas cuyo único activo diferenciador es el propio diseño de su logo y la capacidad de atracción que de ello se desprenda.

  • En el caso de Dogecoin, la cara del perro japonés Doge, que se había vuelto por aquel entonces un meme de Internet.
  • En el caso de Shiba Inu, la llamada «Dogecoin killer», otro perro, esta vez de la raza Shiba Inu, también japonés.

Hablamos de monedas que basan su valor en la capacidad memética que tengan. Es decir, en que se viralicen por el simple hecho de trolear, de formar parte de un movimiento colectivista específico.

Aquí no hablamos por tanto de economía, ni tan siquiera de tecnología innovadora.

Son, como definían sus creadores, «una moneda del pueblo».

Sobre esto último nos centraremos más tarde, pero quería aprovechar para contarte mi experiencia reciente con estas monedas.

Metí hace como un par de meses 30 euros, y en el momento de escribir este artículo (hace una semana si lo lees el día que lo publique), tengo algo más de 300 euros al cambio.

Un beneficio del 600% en cosa de mes y medio, que se queda corto si tenemos en cuenta que, en el caso de que esto lo hubiera hecho a finales del año pasado, esos 30 euros serían ahora mismo alrededor de 570.000 euros.

ACTUALIZACIÓN: O al menos esto debería ser así sino fuera porque justo este miércoles el mercado crypto ha bajado drásticamente tras el anuncio (nuevamente) de que China banea las criptos. Ahora mismo el beneficio que tengo es del 300%, que sigue siendo una pasada, pero lejos ya de lo que hace tan solo unos días tenía.

Poca broma, como puedes ver.

Claro está que, como no hay más base que el propio meme que es comprar una moneda tan «de coña» como esta, lo mismo mañana me levanto y tengo 0 euros.

Si ya de por sí, y como no me cansaré de repetir, invertir en monedas no es invertir, sino especular, imagínate lo que es meter dinero en una moneda cuyo único valor diferencial es la capacidad de atención que atraiga.

Fíjate que otras monedas como el Bitcoin o el Ethereum, dentro de que no dejan de ser cryptos, y por tanto están sujetas a unas dinámicas de riesgo altísimas (el mejor ejemplo, la caída de esta semana), las puedo ver como un recurso de inversión-especulación largoplacista.

Un servidor, de hecho, no ha sacado ni un centavo de lo que tenía, y de hecho he metido algo más ya que es de esperar que ahora que están tan bajas la cosa no vaya más que a subir.

Pero es que ni de coña podría recomendarle a alguien meter dinero en estas memecoins si no es para especular en corto o medio plazo.

Que me niego a pensar en ellas como un sistema de reserva de valor, de apalancamiento.

Memecoins: ¿Monedas del pueblo o negocio piramidal?

Pero vamos al tema que de verdad me interesa.

Como decía, dogecoin se vende como «la moneda del pueblo».

Y más allá del meme que en sí es esto, es cierto que hay una parte de verdad en su discurso.

  • Cuando nosotros invertimos en bolsa (por ejemplo, en acciones de Apple), lo hacemos con la esperanza de que si la acción sube, nosotros ganamos. Pero esa acción sube, principalmente, porque detrás hay una serie de bienes (en este caso, productos físicos y tecnológicos unidos a una estrategia corporativa) que dan sentido a los vaivenes en bolsa que puedan sufrir las acciones de Apple. Es decir, que estamos jugando a que acertamos cuando presuponemos que el negocio de Apple va a ir mejor, lo que hace que, gracias a esas acciones, Apple lo tenga más fácil para que así sea.
  • Cuando invertimos-especulamos en Bitcoin, lo hacemos con la esperanza que tenemos depositada en su algoritmo de crecimiento. En las reglas matemáticas que rigen, artificialmente, la evolución fiscal del criptoactivo. Y en efecto, al comprar bitcoin, también estamos inyectando mayor liquidez al propio sistema blockchain que lo rige, lo que ayuda a que esto, hasta cierto punto, se cumpla.
  • Con los memecoins lo único que hace crecer el valor de la moneda es el impacto social que esta tenga. La tecnología es lo de menos, como también lo es potenciales activos relacionados (que no existen, ya te lo digo).

Es por eso que hay un cierto grado de verdad cuando dicen que es la moneda del pueblo, ya que es el pueblo, con sus movimientos en dicha moneda, quien decide la evolución de la misma.

  • Si hay mucho interés en ella: crecerá, ergo quienes tenemos monedas, veremos incrementado nuestro patrimonio.
  • Si el pueblo dejamos de comprarla: caerá, ergo muchos venderemos y por tanto cada vez tendrá menor valor.

El problema es que a esto, en mi casa, lo llamamos un negocio piramidal. No sé si Ponzi, pero al menos hereda parte de las mecánicas que hacen de este tipo de negocios un potencial fraude. O, como mínimo, un negocio de muy alto riesgo (si entras en la cresta de la ola y sales a tiempo, ganas, sino te jodes).

Hablo del hecho de que, sabedores que el impacto social es crítico para el devenir de estas monedas, muchos compradores pasan además a ser prescriptores, incentivando al resto de sus conocidos o por contenidos en Internet a que inviertan-especulen en esa moneda.

La premisa es clara:

Mientras más seamos, más precio tendrá, ergo más ricos seremos todos.

Ahí el bueno de Elon Musk es un gran ejemplo. No se ha cortado ni un ápice en lanzar a los cuatro vientos desde su cuenta de Twitter que invierte en dogecoin. Lo que ha catapultado a esta y otras memecoins al brutal crecimiento de este último año, que en el caso de dogecoin ha sido del 19.000%, y de Shiba Inu, del 21.000% (antes del colapso de esta semana, me refiero).

Claro que esto ya ha pasado a la historia. En el momento de escribir este artículo ambas están en crecimiento, pero tras el bajón terrible que sufrieron en días pasados, y por tanto más bajas que el ATH que llegaron a tener (a menos de la mitad en algunos casos).

Y no me cansaré de repetir que estos dos casos son una aguja en un pajar de miles de memecoins que nacen y mueren sin más pena que gloria, haciendo perder dinero a todos los que han apostado por ellas.

¿Algún ejemplo? Dos rápidos que se me vienen a la mente:

  • Reddcoin (RDD), la crypto que John Mcafee promocionó hasta la saciedad, valía cuando escribí este artículo un 76% menos que su máximo histórico. Ni me he atrevido a mirarla hoy.
  • TittieCoin, un 92,4% menos.

Ten en cuenta todo esto a la hora de invertir-especular en criptomonedas. Y más aún si son memecoins.

Como me decía hace unos días un compañero hablando de este mismo tema:

Mira Pablo, mis padres gastan de media 200-300 euros al año en Lotería de Navidad y Euromillones.

Yo me estoy planteando muy seriamente hacer lo mismo pero en criptodivisas. Dinero que seguramente pierda, pero al menos me permite «jugar» un rato, y si suena la flauta, pues oye, bienvenido sea.

Y no le puedo quitar la razón.

  • Siempre y cuando sea dinero totalmente prescindible (nada de hipotecarnos o dejar de comprar el arroz para comer durante la semana).
  • Siempre y cuando seamos conscientes de dónde nos metemos (especulación pura y dura, que a toro pasado todos somos expertos, y que en esto no hay gurú que valga; quien te diga lo contrario TE ESTÁ MINTIENDO).

Adelante con meter unos euros-dólares en esto.

Como quien los gasta en la tragaperras.

Como quien los gasta en la quiniela de la semana.

A sabiendas que igual que puede que salgas ganando algo, también puedes perder mucho.

Y si no que se lo digan a quienes el lunes o el martes compraron…

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