Regulación tecnológica europea vs competencia en el mercado mundial

europa como referente

Estos días, a raíz del artículo en el que exponía la difícil situación en la que se encontraba Europa para competir en el mercado tecnológico, se creó un intenso debate (principalmente vía Google+ y Facebook) sobre lo absurdo de una regulación tan restrictiva como a la que estamos acostumbrados por estos lares.

Y el tema es tan complejo de abarcar que me pareció interesante analizarlo y ponerlo en el contexto que actualmente estamos viviendo.

Para empezar, decir que hay varios frentes abiertos:

  • Por un lado, el ya enlazado al principio del artículo, con la compra de Alcatel por parte de Nokia después de su destartalamiento (forzado o no) por parte de Microsoft.
  • Por otro lado, la polémica denuncia de Europa a Google por posición dominante (EN), de la que hablaremos largo y tendido a lo largo del post.
  • Y por otro, la división de Twitter en dos (EN): una de ellas gestionada desde su sede central en EEUU para estadounidenses, y otra gestionada desde Irlanda para el resto del mundo, que utilizaré como ejemplificación de una política basada en el derecho angolsajón en territorio europeo que funciona.

Europa perdiendo su posición en el mercado

Empezamos por tanto con la compra de Alcatel por parte de Nokia, transformándose esta en una compañía casi puramente de infraestructura. Este movimiento sigue el espectro del que en su día llevó a cabo Ericsson, y sobre todo, IBM, desapareciendo de la vida del usuario tanto en las capas finales (servicios, mayormente) como en las iniciales (dispositivos).

Un movimiento que bajo mi humilde opinión viene secundado por dos factores clave:

  1. El paulatino control del sector servicios por parte de EEUU y de la mano de obra, y por tanto, fabricación, por parte de Asia: Algo a lo que hemos llegado por nuestra codicia (acuerdos muy rentables que han acabado por salirnos rana).
  2. Una política favorable a los intereses del usuario (privacidad y seguridad, principalmente) que juega en contra de estas nuevas corporaciones creadas a partir de la tecnología: Si aquí van a tratarme tan mal y poner en tela de juicio todo lo que hago, lo mismo me interesa irme a otro lado.

El mejor ejemplo lo teníamos con el caso de Google News en España, que tuvo que cerrar en su día debido a una ley creada ex profeso para beneficios de un lobby (el de los medios masivos) que para colmo era minoritario (menos de una veintena de medios inscritos frente a los miles que no tienen participación ni voto en él).

O Uber con la intermediación del sector del taxi, que encontró tales barreras que tuvo nuevamente que salirse. O Netflix con la presión por parte del lobby audiovisual (dirigido por dos o tres corporaciones, dicho sea de paso).

Y todo viene dado por un Sistema Europeo de Derechos basado en código cerrado, es decir, que todo aquello que no esté recogido en el código (aquello que se salga de la norma) por defecto es ilegal. Si nos vamos al derecho anglosajón, encontraremos justamente lo contrario: Por defecto todo aquello que no esté recogido en el código es aceptado hasta que se legisla (para bien o para mal).

Como puede comprender, es imposible que algo que nace de la innovación esté ya regulado, y por tanto, cualquier disrupción en materia de nuevas tecnologías encuentra a priori una hostilidad legal inusual en Europa que empuja a las mentes brillantes (aquellas que se salen del sistema), a las compañías y a los fondos de inversión a alejarse de la zona euro.

La ventaja de un código legal cerrado

Por supuesto, no todo ocurre así por la incompetencia de una jurisprudencia anclada en siglos pasados. El derecho europeo, al ser tan estático, protege habitualmente a los ciudadanos y usuarios de abusos que acompañan una feroz innovación no regulada.

En la época que nos compete, la privacidad y la seguridad es un ejemplo de cómo este derecho ha evitado que el poder de las corporaciones siga aumentando hasta límites insospechados.

¿El último frente en guerra? El caso de Google contra Europa. La primera, quedando demostrado que utilizó su posición dominante como ventana de internet ya no solo para favorecer sus servicios frente a los de la competencia sino también para realizar técnicas de web scraping (extraer información de páginas de terceros para nuestro beneficiopara luego canibalizarlos.

La segunda, exigiendo hasta un 10% de los beneficios anuales de Mountain View en caso de demostrarse que en verdad ha sido un lastre para el surgimiento de nuevas propuestas y sobre todo, para la evolución tecnológica.

Porque hay que dejar claro esto. A Google no se le denuncia por posición dominante. Si han llegado hasta allí es precisamente porque lo han hecho muy bien.

Se le denuncia por abuso de esa posición, frenando con su estrategia agresiva de scraping el surgimiento de alternativas y la ruptura del libre comercio.

Hablamos de un parasitismo por dependencia: las empresas necesitan a Google y Google aprovecha su posición dominante para controlar ese mercado a su antojo. Hoy tienes un servicio de previsión meterológica, mañana Google saca una Card en el propio buscador mostrándote el tiempo con la misma tecnología scrapeada de tu servicio y ya no vuelves a recibir visitas. Vete buscándote otro mercado al que atacar, ya que ese ya está de facto muerto.

Queda además una duda en el aire, que Enrique (ES) trasladaba muy acertadamente: ¿Sirve en efecto este tipo de persecución legal a una compañía a sabiendas que el propio equilibrio tecnológico tiende a poner a cada uno en su sitio? La caída de Microsoft no vino dada por el fallo a favor de Europa por posición dominante, sino por el surgimiento de otras empresas que supieron mover mejor sus fichas.

Y hay indicios que apuntan a que esto podría estar ya sucediendo con una Google incapaz de competir en publicidad (su business core) y en plataforma de vídeos con Facebook (hablaré mañana de esto en el blog de SocialBrains). Mientras la primera ve mermados sus beneficios (aunque sean muy superiores aún a los de Facebook), la segunda se levanta porcentajes de dos dígitos anuales, y cuenta con la ventaja de la viralidad social que están empujando a cada vez más empresas a apostar por su plataforma de publicidad en vídeo (EN) frente al hasta ahora rey de lo audiovisual, Youtube.

Es hora de aprovechar la oportunidad de un EEUU obcecado en el espionaje masivo

Una de cal, y otra de arena. Ese mismo código cerrado que vuelve a Europa nociva contra aquellos cuyo negocio es la innovación, equilibra el peso de poder de las grandes corporaciones ahí justo donde los organismos regulatorios americanos no quieren meter la manita.

Esa misma legislación que obliga a una empresa americana a ceder acceso a los datos de los usuarios tan pronto el gobierno los pida está empujando a empresas como Twitter y Facebook a dividirse en dos, y colocar su sede mundial (la sede desde la que gestionarán la operativa de la empresa para todos aquellos usuarios de fuera de EEUU) en territorio europeo, habitualmente irlandés, por eso de todos los beneficios fiscales que hasta hace poco tenían (EN) (y siguen teniendo, si los comparamos con los de la mayoría de países).

Como ve, un panorama tan complejo como interesante.

Una oportunidad. Una llamada a la acción que Europa debería estudiar en profundidad. Si desde siempre hemos protegido los derechos de los usuarios, ahora tenemos la vía de negociación en bandeja para atraer a todos aquellos resarcidos con la política de espionaje masivo estadounidense.

Recuperar esas mentes que se nos fueron al otro lado del charco. Abrirnos a un mercado que se nos está escapando. Y para colmo, hacerlo con el foco puesto en el ciudadano, que debería seguir siendo nuestro mantra.