regulacion innovacion europa
  • ¿Qué me dirías que tienen en común la industria automovilística con el auge del coche eléctrico, y un sector tan estratégico como es el de la Inteligencia Artificial, con el declive económico del viejo continente?
  • ¿No te has parado a pensar por qué el papel de Europa en estas últimas décadas ha sido el de marcar los límites éticos de la tecnología, y no el de diseñarla y/o producirla?

Con la llegada de la IA Act, la nueva normativa europea en materia de Inteligencia Artificial, volvemos a estar ante una Europa capaz de «innovar» únicamente en materia regulatoria, obviando la importancia estratégica que tiene la industria.

Vamos a hablar de todo esto en profundidad en este nuevo capítulo del podcast enCLAVE DIGITAL.

¡Empecemos!

A mediados de diciembre publiqué en mi página personal un artículo exclusivo para los miembros del club «Negocios Seguros» (disclaimer: si quieres estar al día de toda la actualidad en materia de negocios digitales y tecnología, deberías ir ahora mismo a www.pabloyglesias.com/club y ver todo lo que te estás perdiendo) donde profundizaba en los aspectos más importantes de la llamada IA Act, la nueva normativa europea que pretende regular el uso de la inteligencia artificial.

En él, explicaba que, pese a ser consciente de que este tipo de regulaciones son necesarias para velar por un futuro tecnológico halagüeño para la sociedad en su conjunto, y considerar que algunos puntos de la nueva normativa son realmente interesantes, como esa catalogación de IAs dependiendo del riesgo al que potencialmente nos conducen, esta regulación no dejaba de entrañar, per sé, un riesgo mucho más cercano y palpable: Con la IA Act, Europa vuelve a alejarse, otra vez más, del potencial liderazgo tecnológico de este sector estratégico.

Regulación vs innovación

No voy a descubrir la pólvora si digo que esto ya ha ocurrido varias veces a lo largo de la historia.

Tanto que es uno de los principales motivos de que, tras la revolución industrial, Europa haya ido paulatinamente perdiendo su liderazgo tecnológico frente a nuevos actores como EEUU, Japón, Taiwán, y recientemente también frente a China.

Hace tiempo, de hecho definía el sistema geoeconómico tecnológico de esta manera:

EEUU diseña, China crea y Europa regula.

Para los dos primeros, hay negocio. El diseño de tecnología y la manufactura genera riqueza.

Para el tercero, no. O al menos, no más allá del cada vez mayor número de políticos y asesores, es decir, de cargos públicos que cobran por decir, desde la comodidad de un sueldo vitalicio, qué deben hacer los demás.

Que sí, que puede llenarnos el ego el pensar que los europeos somos, hasta cierto punto, los garantes de los derechos humanos. Una suerte de federación a lo Star Trek. Un remanso de paz y tranquilidad, con toda nuestra sociedad de bienestar, y pudiendo dedicar tiempo y recursos en pensar cómo debería el futuro de la humanidad. Que frente al resto de zonas económicas, aquí anteponemos la ética y la cuestión medioambiental a la economía.

Pero esto, como decía, conlleva sacrificios.

Muchos sacrificios.

Regulación medioambiental e industria automovilística

El mejor ejemplo de esta cultura «a la europea» lo tenemos en lo que está ocurriendo ahora mismo con la industria automovilística.

Históricamente Europa ha sido líder indiscutible del motor, sirviendo esta industria para dar trabajo a una décima parte de toda la población en países como Alemania, o en su día, Italia.

De hecho, EEUU, Japón y sobre todo China, llevan décadas intentando emular la complejidad de procesos de creación de un vehículo a motor. Todos sus fabricantes en algún momento soñaron con estar al nivel de sofisticación empresarial, tecnológica y de logística de gigantes como Volkswagen o Mercedes.

Pero ha bastado un cambio de ciclo, el mismo que estamos experimentando con el auge del coche eléctrico, para que ahora nos demos cuenta de que China nos está adelantando a marchas forzadas.

Y te voy a dar dos datos:

El primero, el ranking que publicaban en Statista (ES) hace unos meses con los fabricantes que más vehículos han venido este último año (2022, recuerda, que estos informes suelen hacerse a año fiscal vencido).

Mira:

ranking fabricante automovilisticos-2022

De los diez primeros fabricantes por número de unidades vendidas, solo encontramos tres fabricantes europeos: Volkswagen, que está segundo en el ranking, BMW, séptimo y Mercedes, octavo.

Tres frente a las cinco asiáticas (Toyota, Honda, Hyundai, Kia y Nissan) y las dos norteamericanas (Chevrolet y Ford).

Y si centramos el tiro solo en coches eléctricos, la cosa es todavía peor.

CleanTechnica (EN) publicaba recientemente un ranking de los modelos más vendidos desde enero hasta agosto del 2023.

Y estos son los datos:

venta coches electricos 23

Domina Tesla (empresa estadounidense) con dos de sus modelos, el Model Y y el Model 3, los dos coches eléctricos más vendidos en todo el mundo.

Los ocho restantes… todos, a excepción de uno (Volkswagen ID.4, 9º en el ranking), son de fabricación china.

¿Cómo es esto posible?

¿No habíamos quedado que Europa era líder indiscutible del sector del automóvil?

¿Que su sector automovilístico es, de lejos, el principal motor económico del viejo continente?

Pues sí…, pero se juntan dos hechos muy a tener en cuenta:

El primero es que construir un coche con motor eléctrico resulta mucho más sencillo que construir un coche con motor de combustión, lo que precisamente favorece a China, especializada ya desde hace tiempo en cadenas de montaje en serie de productos tecnológicos que no requieran mucha complejidad.

De pronto, todo ese know-how de la vieja Europa se queda obsoleto frente a unos dispositivos (los coches con motor eléctrico) que son, básicamente, una carrocería con una batería enorme en su interior.

A China le ha bastado coger unas cuantas fábricas de Aliexpress y decirle a sus encargados esos de «Oye tú, que a partir de ahora en vez de producir smartphones y pulseras inteligentes, vas a hacerme coches».

Dicho y hecho.

A la mañana siguiente, se paran las máquinas, se retocan cuatro de ellas para que puedan imprimir productos un poco más grandes, y a la semana siguiente ya tienes una nueva cadena de montaje para empresas como BYD o GAC.

Y el segundo… es que da casi vergüenza decirlo, pero es que la propia Europa está impulsando la venta de coches eléctricos chinos a sus propios ciudadanos.

¡Tal cual lo estás oyendo…!

Es definitivo: la Unión Europea prohíbe vender coches de combustión en 2035

Se acuerda la primera propuesta ‘Fit for 55’: la UE refuerza los objetivos de emisiones de CO2 para coches y furgonetas nuevos

European Council (EN), Octubre del 2022

Que sí, que se hace por proteger el futuro medioambiental de las nuevas generaciones.

Pero es que mientras se ponen trabas a la venta de vehículos en motor (que recordemos, es el principal motor económico de la industria europea), y por tanto trabas a la transformación de las fábricas de las empresas europeas para abrazar la producción en masa de motores eléctricos, China está sembrando a sus empresas de cuantiosas subvenciones públicas para que estas compañías puedan vender, no en igualdad de oportunidades, sino a mucho menor precio, vehículos en territorio europeo.

El principal mercado que tiene el gigante asiático… fuera de sus fronteras.

Tanto que parece que Renault y Volkswagen, los dos grandes competidores europeos, están valorando unir fuerzas para competir contra el gigante chino.

¿Cómo te quedas?

Regulación ética y desarrollos de inteligencia artificial

Llegamos así a nuestros días, con otro de esos frentes abiertos de los que hablábamos al principio del podcast.

La IA Act es la nueva normativa europea para regular el uso de inteligencias artificiales.

Entre sus medidas, la obligatoriedad de dejar claro que algo ha sido creado por inteligencia artificial, al más puro estilo etiqueta «made in AI».

Algo que, ya te digo, veo muy complicado (por ser prudente, que si no diría otra cosa) que:

  • Uno: Se pueda implementar.
  • Dos: Sirva de algo.

Y también, y esto sí me pareció interesante, categoriza cada IA dependiendo del nivel de riesgo que supone para los derechos del ciudadano, entre aquellas de bajo riesgo (chats conversacionales de ámbito generalista, por ejemplo), de riesgo alto (servicios que toman decisiones crediticias o médicas, por ejemplo) o de riesgo inaceptable (aquellas que vulneran los derechos del ciudadano, como puede ser un sistema de social scoring como el que tienen montado en China, y del cuál ya he hablado largo y tendido en su día).

Hay algunos puntos más, pero por no hacer más largo este podcast, te invito a que si el tema te interesa, valores el hacerte miembro del Club Negocios Seguros, y así, además de acceder al grupo privado de miembros en Telegram, y a las reuniones virtuales que mensualmente hacemos, recibirás cada semana dos newsletters exclusivas:

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Si te interesa, ya sabes: www.pabloyglesias.com/club.

Estar bien informado nunca había sido tan fácil :).

Volviendo al tema de la IA, el caso es que nuevamente estamos ante una Unión Europea que se posiciona como referente en cuanto a regulación… obviando el impacto que dicha regulación tendrá a la hora de que sus empresas compitan en un mercado global.

A la mente, por ejemplo, se me viene lo que ya está ocurriendo con todas las herramientas de IA enfocadas a medicina.

Si una IA gestiona de una u otra manera datos médicos, u ofrece algún tipo de soporte a la toma de decisión en criterios de salud, entraría dentro de esa categoría de riesgo alto, y por tanto, además de cumplir la normativa enfocada a aquellas IAs de riesgo bajo, tendrá que cumplir una serie de requisitos extra.

Me parafraseo, que así hago trabajar un poco a la IA y yo puedo beber y descansar un poco la voz la voz :D:

Este tipo de herramientas deberán cumplir una serie de requisitos, como es el registro de actividades, contar con una documentación detallada, informar claramente al usuario de los datos que está utilizando para el funcionamiento de la herramienta, contar con una supervisión humana, y cumplir unos mínimos de ciberseguridad e integridad tanto de los datos como del propio sistema.

Y fíjate que esto solo afecta al uso de la IA, no a cómo ha recabado esos datos.

Para este otro punto, ya tenemos la regulación europea en materia de explotación de datos personales. La RGPD en el ámbito general, y la DMA y DSA a las cuales dediqué sendos programas en el podcast hace ya unas semanas.

Échales si quieres un vistazo más tarde.

Pues bien, hoy en día, en Europa, para desarrollar y entrenar una IA que gestione datos de salud, lo más normal es que acabes comprando los datos a entidades de fuera de Europa. Generalmente, a países como China, donde como ya sabes, la regulación en materia de explotación de datos personales… como que no está ni se la espera.

Así pues, fíjate que estamos hablando de que hoy en día, en territorio europeo, se están haciendo estudios médicos con datos de pacientes de origen asiático.

Y no es por ser racista ni xenófobo ni nada por el estilo, pero es que la raza importa, y mucho, en cualquier estudio médico.

Sin ir más lejos, hace un par de semanas hubo una crisis reputacional más que considerable en España con el nolotil, uno de los medicamentos más utilizados en el país.

¿La razón?

Pues que varios pacientes habían contraído una enfermedad muy jodida por el consumo de este medicamento.

Hasta el punto de que había organismos pidiendo la prohibición de la venta de nolotil en toda España.

Eso sí, a poco que tiraras del hilo te dabas cuenta de que esas personas que habían, lamentablemente, fallecido por el consumo del metamizol, el principio activo del nolotil… eran todos turistas y residentes británicos e irlandeses, ya que al parecer, y pese que hablamos de personas que son casi igual que nosotros a nivel de raza (joder, son europeos también y los tenemos aquí al lado), por alguna cuestión genética son muchísimo más vulnerables a este tipo de efectos secundarios tan terribles:

Los estudios muestran una gran variación en la incidencia de agranulocitosis como efecto adverso del fármaco: desde un caso de cada 2.000 usuarios en Británicos e Irlandeses, a menos de 1,1 casos cada millón en ciudadanos del continente, ‘asociado con las características genéticas de ciertas poblaciones’

Artículo en ElDiario

Las empresas europeas no son competitivas en un mercado global

Pues ahora imagínate que entrenamos las nuevas IAs médicas con datos ni tan siquiera de europeos, sino de asiáticos o africanos, por ser estas zonas donde la compra de datos médicos no tiene regulación alguna.

Eso, o la alternativa, que es pretender entrenar inteligencias artificiales con datos de poco más de un centenar de pacientes, los que potencialmente podrás obtener previo consentimiento de los mismos y cumpliendo metodológicamente la regulación europea. Es decir, con un dataset a todas luces insuficiente para el entreno de cualquier IA.

Todo porque la regulación, que recalco, busca crear un escenario lo más justo y ético posible, pone con ello impedimentos a que una empresa europea compita en igualdad de oportunidades con una empresa estadounidense o china.

Más si cabe cuando, tarde o temprano, y como ya está ocurriendo con OpenAI, o con Google Bard, o con la IA que quieras, la multinacional extranjera de turno irrumpirá en el mercado europeo sin problemas habiendo crecido y alimentado su IA con datos obtenidos sin ninguna limitación, y acogiéndose a alguna suerte de acuerdo bilateral que le permitirá cumplir, con una política más laxa, la IA Act y la regulación que le toque.

Mira si no a Meta, dueños de servicios que CLARAMENTE vulneran la RGPD europea como es el caso de Facebook o Instagram, y que lleva operando en Europa desde siempre.

Dicho esto, turno para ti:

  • ¿Qué medidas propondrías para evitar los problemas de competitividad europea debidos a la regulación… sin sacrificar los beneficios de la misma para todos los ciudadanos?
  • ¿Existe, de hecho, algún punto medio en el que podamos beneficiarnos de ello… sin causar un daño irreparable a la industria y la economía del viejo continente?

Te leo en comentarios.

Sobre el videopodcast enCLAVE DIGITAL

enCLAVE DIGITAL es el videopodcast de Pablo F. Iglesias, consultor de presencia digital y reputación online.

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