¿Qué me dirías que tienen en común una camarera TikToker, el hombre más rico del mundo, Elon Musk, y Satya Nadella, el CEO de Microsoft?

De los dos últimos todavía, al ser dos de los directivos más conocidos del sector tecnológico. Pero… ¿y la tercera?

No te cuadra, ¿verdad?

Pues muy fácil: Estas tres personas han sido los protagonistas de varias de las crisis reputacionales más sonadas de las últimas semanas.

Sí, tal cual y como lo oyes.

¿Quieres saber por qué?

Pues ahora mismo te lo voy a explicar.

¡Empecemos!

reputacion multicanal

Caso 1: La crisis reputacional de Open AI

Sobre esto ya hablé más en profundidad en un artículo en el blog de CyberBrainers.

Te dejo el enlace por aquí abajo.

El caso, y por resumirlo muy mucho, es que a finales del mes pasado la cúpula directiva de Open AI, la empresa detrás de herramientas de Inteligencia Artificial tan conocidas como ChatGPT, decidía unilateralmente (bueno, no hay otra forma de decidir estas cosas…) despedir a su hasta el momento CEO, Sam Altman.

A partir de entonces, y durante unos cuantos días, hemos vivido una vorágine de dimes y diretes al más puro estilo temporada de Succession:

  • El bueno de Sam reconociendo que se acaba de enterar de su despido por videoconferencia…
  • La nueva CEO, puesta a dedo por la directiva, dimite pocas horas más tarde pidiendo la reincorporación de su antiguo compañero…
  • Una carta abierta firmada por 505 de, ojo, los 700 trabajadores de la compañía, amenazando con irse de la misma si no volvía Altman al puesto…

Y es justo, en este momento, cuando entra en escena Satya Nadella.

En una escueta nota publicada en el blog de Microsoft, Nadella decía lo siguiente:

Seguimos comprometidos con nuestra asociación con OpenAI y tenemos confianza en nuestra hoja de ruta de productos. […] Esperamos conocer a Emmett Shear y al nuevo equipo de liderazgo de la OAI y trabajar con ellos. Y estamos muy emocionados de compartir la noticia de que Sam Altman y Greg Brockman, junto con sus colegas, se unirán a Microsoft para liderar un nuevo equipo de investigación avanzada de IA.

Satya Nadella, CEO de Microsoft

¿Qué pasó después?

Pues, atendiendo a la valoración de ambas compañías, un ejemplo tanto de buena como de mala gestión.

Por un lado, Microsoft, que recordemos ha invertido miles de millones de dólares en su acuerdo por implementar la IA de OpenAI en sus productos y servicios, tras una bajada de cuatro puntos en la bolsa y el anuncio que acabamos de ver, no solo dejó de bajar sino que subió 6 puntos, estando por tanto por mejor que cuando la crisis reputacional estalló.

Todo en apenas un par de días, recalco.

En el otro lado tenemos a Open Ai, que un mes antes del incidente había anunciado una nueva venta de participaciones (recordemos que OpenAI es una empresa privada, y por tanto no cotiza, al menos hasta el momento, en bolsa) lo que la situaba en un valor bursátil estimado de 86.000 millones de dólares. Es decir, con una valoración semejante a otros gigantes de la talla de Airbnb o Shopify.

¿Qué pasó tras la crisis?

Pues que han tenido que congelar la venta de participaciones (EN). De hecho, algunos analistas aseguran que la empresa podría estar ahora mismo valiendo prácticamente la mitad.

Mira.

Caso 2: Elon Musk la vuelve a liar

Elon Musk ha vuelto a las andadas.

Sí…

Este hombre no se puede quedar callado.

Recientemente, el hombre más rico del mundo respondía con un escueto «Has dicho la pura verdad», a un tweet que ponía otro usuario.

¿Y quieres saber qué decía ese otro usuario?

Pues prepárate…

«Las comunidades judías han estado impulsando el mismo tipo de odio dialéctico contra los blancos que, según afirman, quieren que la gente deje de utilizar contra ellos. No me importa que ahora las poblaciones judías occidentales lleguen a la inquietante conclusión de que esas minorías que apoyan la invasión de su país no les agradan demasiado».

Comentario de un usuario de X re-compartido por Elon Musk

Por supuesto, ha sido publicarlo y miles de usuarios se han echado a la yugular de Musk tachándolo de antisemita.

Con la guerra entre Israel y Palestina en plena ebullición, como que ha sentado un poco mal entre según qué grupo de usuarios…

Y claro, con como suele pasar en estos casos, de la crisis reputacional hacia Elon Musk… pasamos a la crisis reputacional hacia sus empresas.

En particular, contra X, la antigua Twitter, que comprada desde hace unos meses por el multimillonario.

Ha bastado para que unas cuantas asociaciones judías pidieran públicamente el apoyo de la sociedad, para que, de pronto, grandes empresas y organizaciones decidieran dejar de invertir en campañas publicitarias en X.

A saber, y hablo de memoria, Warner, Disney, Apple, IBM, la Comisión Europea y Lions Gate Entertainment, por citar las más importantes, han cesado su inversión publicitaria en la plataforma de Elon Musk.

Para colmo, estamos hablando de X, una compañía que desde la compra del magnate no va más que de mal en peor, y cuyo modelo de negocio principal, a falta de ver si consiguen despegar con ese sistema de suscripción que tienen montado, sigue siendo el publicitario.

Es decir, que de la noche a la mañana, y por un comentario desafortunado del dueño de la empresa, la compañía ha perdido a algunos de sus principales clientes. Miles de millones menos que entrarán cada año en caja.

Caso 3: La camarera de TikTok

Carmen Merina, conocida en TikTok como @rayomcqueer, llevaba semanas vanagloriándose ante su audiencia de que en el bar donde trabajaba no le importaba regalar cosas a sus clientes.

Mira, mira:

@rayomcqueer_ cosas q me dan igual version precariedad laboral #cosasquemedanigual ♬ sonido original – rayomcqueer

En sus vídeos, por supuesto, se desprende una crítica mordaz (y una dejadez) a las condiciones de trabajo que tenía.

Y es que hablo en pasado, porque sí.

Como suele pasar en estos casos, los vídeos llegaron a ojos de los dueños del establecimiento en Granada donde trabajaba, que decidieron despedirla presentando numerosas pruebas.

Entre ellas, incluso un vídeo donde se veía cómo la ex-trabajadora daba más de un cupón de descuento a los clientes. Algo prohibido por la empresa.

Hasta aquí todo podría haber quedado en una anécdota más de alguien que pierde el trabajo por pasarse de la raya en redes sociales.

Sin embargo, Internet es caótico, y la micro-influencer ha orquestado un ataque de review bombing (el mismo tipo de ataque al cual ya le dedicamos un capítulo de este podcast hace unas semanas) por lo que ella asegura que ha sido «un despido improcedente», que ha llevado al local a tener una valoración en Google My Business de 1,7 sobre 5.

Vamos, que les ha hundido el negocio a nivel digital.

Entiendo que la empresa ya habrá pedido la revisión de todas esas reseñas negativas fraudulentas, pero en el momento de escribir el guión de este podcast, el perfil de Google My Business (ES) sigue apareciendo con un 1,7, pese a que luego, revisando las reseñas, no hay apenas reseñas negativas.

Puede deberse, por tanto, a que Google ya está eliminando las fraudulentas pero que todavía no se ha actualizado la valoración global del negocio, o a que casi todas las reseñas iban sin texto y Google por tanto no las está mostrando.

Sea como fuere, sé de buena tinta que este tipo de ataques son fácilmente defendibles ante Google. En CyberBrainers, de hecho, y con nuestra spin-off EliminamosContenido, hemos tramitado varios de ellos, y siempre acaban dándonos la razón.

Más allá del hecho en sí, quédate con la idea de la crisis reputacional que ha hecho que esta chica perdiese su trabajo, y con la crisis reputacional, sea o no merecida, que ha experimentado el negocio.

Pero antes de continuar, permíteme que te comparta esta gráfica:

suscriptores podcast

¿Sabías que el 86,2% de los que escucháis o veis este videopodcast, no estáis suscritos al canal?

Tan solo el 13,9% restante son seguidores de enCLAVE DIGITAL.

Estos son los datos que me da Youtube, pero es que en el resto de plataformas de podcasting el porcentaje varía entre el 75% y el 90%.

Así que, si este tipo de vídeos te resultan interesantes, vete ahora mismo al perfil del podcast en la aplicación desde donde me estes escuchando y dale a seguir para no perder los nuevos programas de cada semana.

Venga, hazlo ahora mismo, que te espero.

….

¿Ya lo has hecho?

Pues venga, ¡continuemos!

Tres casos, un mismo problema

En los tres casos tenemos el mismo patrón.

Una persona, trabajadora de una compañía, publica algo en sus perfiles en redes sociales que tiene un impacto crítico tanto para su futuro profesional, como para el de la propia empresa donde trabaja… o trabajaba.

El tweet donde Sam Altman donde daba a conocer que había sido despedido de Open AI tiene, en el momento de escribir este guión, 22 millones de visualizaciones. Más que de sobra como para generarle a la compañía que ayudó a co-fundar y verdadero problema reputacional.

Exactamente el mismo, pero al contrario, que ha conseguido Satya Nadella invitando al emprendedor a irse a trabajar a Microsoft. Un simple comunicado de su CEO, y la compañía no solo deja de perder valor, sino que acaba el día con mayor valor en bolsa que antes de la crisis.

Casi al mismo tiempo, la boca de Elon Musk vuelve a suponerle a la compañía que dirige perder miles de millones de ingresos por, nuevamente, un simple re-post a otro contenido que ni siquiera había publicado él mismo, sino otro usuario.

Y a menor nivel, el caso de esta granadina que ha perdido su trabajo, y con ello, ha generado un problema reputacional a sus anteriores empleadores.

Tomándose en serio la reputación intra-empresa

Tenemos que ser conscientes de una cosa.

Algo que llevo repitiendo como si fuera un mantra todos estos últimos años en charlas, en talleres, y en formaciones:

Lo que diga cualquier trabajador de una organización puede afectar a la propia organización.

Esto aplica, sobre todo, con los perfiles directivos, pero también en esencia, y como vemos en el caso de esta PYME española, con cualquiera de aquellos que están de cara al público.

Y con esto en mente, debemos, como empresarios, ofrecer a nuestro equipo la formación y la concienciación adecuada para que:

  • En primera instancia, sean conscientes de que incluso en sus perfiles personales representan a la marca.
  • Y en segunda instancia, tengan las herramientas, las directrices, el know-how adecuado para saber qué deben publicar y qué no.

Internet, recalco, no es la barra de un bar.

En Internet todo lo que decimos o hacemos deja huella.

Mientras antes tengamos esto en cuenta, mejor para todos.

No quería terminar el podcast sin hacerte algunas preguntas:

  • ¿Habías pensando en el impacto que puede tener lo que digas en tus cuentas personales a la marca donde trabajas?
  • ¿Está tu empresa dándote las herramientas y formación adecuada para que puedas diseñar una estrategia de presencia digital que sea beneficiosa tanto para ti, como para la compañía?

Te leo en comentarios.

Sobre el videopodcast enCLAVE DIGITAL

enCLAVE DIGITAL es el videopodcast de Pablo F. Iglesias, consultor de presencia digital y reputación online.

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